El concierto de Amnesty en Mendoza

A 34 años del clamor ¡Derechos Humanos Ya! desde el estadio de Mendoza para el mundo

En 1988, el estadio del Mundial fue epicentro del concierto de Amnesty Internacional en favor de los Derechos Humanos y contra las dictaduras militares. Evocaciones de un viernes luminoso, histórico e irrepetible con la música de Markama, Los Prisioneros y Sting y la lucha intacta de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo

El 14 de octubre de 1988 era viernes y Mendoza amaneció con un sol espléndido. Gobernaba el Pilo Bordón y en dos semanas se cumplirían 5 años de las elecciones presidenciales que marcaron el retorno de la democracia argentina y catapultaron a Raúl Alfonsín a la Casa Rosada. Eran tiempos de jovencísima democracia -poco antes de ese día amenazada por el carapintada Aldo Rico-.

Del otro lado de la cordillera de los Andes, Chile seguía bajo la dictadura pinochetista. Entonces, aquel día, el estadio mundialista de Mendoza se convirtió en epicentro de un reclamo universal: ¡Derechos Humanos, Ya! con el concierto inolvidable de Amnistía Internacional que protagonizaron artistas de altísimo nivel local, regional y mundial.

Al escenario que daba la espalda a la platea subieron nuestros Markama, los chilenos de Inti-Illimani y Los Prisioneros y los afamados Sting, Peter Gabriel y El jefe Bruce Springsteen. Y las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo, por supuesto con sus pañuelos blancos y su lucha inapagable y eterna.

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El cierre del concierto de Amnesty en el estadio mundialista.

El cierre del concierto de Amnesty en el estadio mundialista.

Al escenario por los Derechos Humanos

La velada, a la que asistieron chilenos en gran cantidad, comenzó en horas de la siesta. Y fue el turno del senegalés Youssou N'Dour y de la cantante norteamericana Tracy Chapman con su Fast Car; ambos intérpretes casi desconocidos para el auditorio.

Muchos estuvieron ahí hace 38 años y lo recuerdan a viva voz. Javier Dellamaggiore, voz icónica de radio Nihuil, evocó que ese día fue al concierto con colegas y amigos, como el recordado Alejandro Coqui Parigi, y entrevistó al gobernador, transmitió para la emisora gracias a los enormes oficios de Raúl Cubells y con el apoyo de Milka Durán en los estudios de Echeverría 144 de la Cuarta Sección de Ciudad.

"Lo de Bruce Springsteen sobre el escenario fue espectacular", evocó el conductor de Hora Libre que, además, dedicó buena parte de su programa Simplemente Ayer, en FM Ayer 98.1, a difundir pasajes del concierto por los ¡Derechos Humanos Ya!

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Lamenta profundamente Dellamaggiore haber perdido, años mediante, aquella credencial membretada que le franqueó el acceso al estadio, pero lo que guarda la memoria hasta hoy está intacto.

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La entrada número 05571

Jaime Correas, periodista, escritor, ex director de Diario UNO y ex titular de la DGE, todavía conserva entre sus pertenencias la entrada color verde y número 05571 que mostró en los controles de acceso.

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"Estaba por cumplir 27. Fuimos juntos con la Adriana, que vestía una jardinera de jean celeste. Estábamos de novios y a punto de casarnos. Fue una tarde luminosa. Tenía la sensación de un momento histórico, de participar de algo excepcional para Mendoza y me acuerdo de recorrer el campo de juego por el pasto" "Estaba por cumplir 27. Fuimos juntos con la Adriana, que vestía una jardinera de jean celeste. Estábamos de novios y a punto de casarnos. Fue una tarde luminosa. Tenía la sensación de un momento histórico, de participar de algo excepcional para Mendoza y me acuerdo de recorrer el campo de juego por el pasto"

El público disfrutó del concierto desde el campo de juego. Y todo estaba ahí: al alcance de la mano y las emociones a flor de piel. Y de artistas que nos cantaban en inglés desde las primeras radios FM y desde los discos y los casets.

Eran épocas de las revistas Pelo y Toco y Canto. Y del Austral como moneda nacional y la entrada costó 75 y 90 australes según se la comprara antes del 1 de octubre o después del 3 de octubre de 1988.

Bill Graham era el director del tour que incluiría conciertos en Buenos Aires -con la presencia de Charly García, entre otras figuras- y la producción estuvo a cargo del emblemático Daniel Grinbank -el ADN del rock nacional le debe mucho a su trabajo- y de Carlos Gómez.

Carlos Chávez, que en 1988 era motorista de la Policía de Mendoza y circulaba en una de las motos blancas BMW, integró el equipo que custodió a los músicos desde el viejo aeropuerto de Mendoza -funcionaba en el predio de la IV Brigada- hasta el estadio mundialista.

"Yo era oficial subinspector y motorista. Ni los músicos ni los organizadores querian ver gente armada, así que debimos guardar las armas debajo del asiento de la BMW. Llegué y estuve en el escenario. Fue uno de los grandes momentos de mi carrera. Inolvidable" "Yo era oficial subinspector y motorista. Ni los músicos ni los organizadores querian ver gente armada, así que debimos guardar las armas debajo del asiento de la BMW. Llegué y estuve en el escenario. Fue uno de los grandes momentos de mi carrera. Inolvidable"

En primera persona

Permítame, amigo lector, contar en primera persona aquella experiencia.

Yo tenía 16 años y, lejos de ser un espectador más, aquel luminoso 14 de octubre de 1988 fui al estadio mundialista a trabajar. Entré al predio a las 10 tras presentar mi cédula de identidad y mi acreditación ante los organizadores y la Policía. Aun no era periodista -aunque ya quería serlo-.

Coca-Cola era la bebida oficial del show y gracias a la gestión de Juan, mi papá, fui uno de los tantos coca-coleros que vendimos cientos de vasitos descartables que despachamos al público llenándolos desde unas mochilas de astronauta cargadas de jarabe, magueritas y tubos de gas.

Yo no había votado en las elecciones de 1983 pero sabía perfectamente del genocidio de la dictadura y sus gravísimas consecuencias; yo sabía de los desaparecidos y del dolor nacional.

También había tenido miedo con los alzamientos carapintadas -"La casa está en orden"- y algo había comprendido en 1985 acerca del Juicio a las Juntas Militares -tema tan hoy en boga a mis 51-.

Todos sabíamos que el concierto se hacía en Mendoza para exigirle a Pinochet que dejara Chile de inmediato. Y para reafirmar nuestra jovencísima democracia. Y los Derechos Humanos de todo el continente.

No recuerdo si antes había estado en un recital pero sí tengo la certeza de que como en ese concierto, tan grandioso desde lo artístico, lo político y lo humanitario, nunca más viví algo semejante. Nunca más.

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