En el mundo existen cientos de mitos dando vueltas que todos repetimos desde hace años. Algunos son verdaderos y otros no tanto, o directamente son mentiras. En este caso, abordaremos una “verdad” que se ha sostenido desde hace siglos sobre la relación entre el azúcar y las conductas de los niños.
¿Mito o verdad? "El azúcar vuelve hiperactivos a los niños"
Se trata de uno de los grandes mitos sobre las infancias, pero que ahora la ciencia le dio una respuesta concreta

El mito sobre el azúcar y los niños.
El hecho de que el azúcar vuelve hiperactivos a los niños y los altera en sus conductas ha sido aceptado desde hace muchos años. En distintas películas y obras de la cultura popular se ha representado que un niño tras consumir alguna golosina comienza a querer correr y jugar bruscamente. Pero, ¿es tan así?
¿El azúcar vuelve hiperactivos a los niños?
La idea de que el azúcar causa hiperactividad comenzó a popularizarse en la década del ‘70, cuando un médico propuso una dieta sin azúcar ni aditivos para tratar trastornos como el déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
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Aunque su hipótesis generó interés, los estudios posteriores no encontraron una relación causal clara entre el consumo de azúcar y el comportamiento hiperactivo.
¿Pero entonces por qué persiste este mito? La respuesta está en una combinación de factores psicológicos y contextuales. Primero, el sesgo de expectativa juega un papel crucial. Los padres que creen que el azúcar vuelve hiperactivo a sus hijos tienden a percibir un comportamiento más disruptivo después de que consumen dulces, aunque los niños no muestren cambios objetivos.
El contexto también influye. Los niños suelen consumir azúcar en situaciones de alta estimulación, como fiestas de cumpleaños, ferias o celebraciones, donde hay juegos, música y emoción general. Estas circunstancias, y no el azúcar, son las que fomentan comportamientos más enérgicos.
Y si bien es mentira el mito de que el azúcar causa hiperactividad, su consumo excesivo está relacionado con otros problemas de salud, como obesidad, diabetes tipo 2 y caries dentales. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar los azúcares añadidos a menos del 10% de la ingesta calórica diaria.