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Aniversario Diario UNO

Mística y futuro

Editado por Gustavo De Marinis
demarinis.gustavo@diariouno.com.ar

Estamos cumpliendo 26 años, los primeros 26 años, primeros de muchos 26 más. No es caprichoso este concepto. Hablamos de “muchos más” porque el futuro siempre nos espera y hacia él apuntamos desde el mismo día en que nacimos, el 27 de junio de 1993.  Futuro que va de la mano con la mística. Sí, la mística, esa característica tan propia de todos quienes hacemos, hicieron y harán Diario UNO.

Casi como la ley de la vida este diario fue creciendo, dio sus primeros pasos a los tumbos y se abrió camino en tiempos difíciles cuando nadie esperaba que el centenario Los Andes tuviese competencia al punto de que los canillitas no lo querían vender. “Eh córrase un poquito, hay un diario nuevo en la ciudad”, decía una pegajosa publicidad que reflejaba la dura puja por  instalarse y ganarse un lugar.

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El UNO comenzó a crecer,  fue el primero del país en tener un suplemento deportivo diario y así superó etapas, como en la ley de la vida.  Fue cumpliendo años, se hizo mayor de edad, se cambió de casa y se mudó de la casa materna en calle Pedro Molina al moderno complejo que comparte en Las Heras con sus hermanos del Grupo América.

Fue creciendo y evolucionando, conforme a la necesidad de los nuevos tiempos, de la tecnología, de los requerimientos del público. Se sumó rápidamente a la era digital y en los últimos meses  se jugó enteramente por este formato que hoy, sin dudas, es la principal plataforma de información en el mundo.

Ha pasado un poco más de un cuarto de siglo. Aprendimos términos y conceptos nuevos. Vimos cómo el lector o el público empezó a elegir nuevas y modernas formas de anoticiarse, y de leer el diario impreso se fue inclinando por informarse a través del celular o la computadora con notas provistas de más elementos que los que ofrecía el papel. Hoy casi todas las informaciones son complementadas por videos, mensajes de redes sociales, enlaces con notas relacionadas y cuanto más permite la tecnología.

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Los que están desde el ’93, los que llegaron un poco después, los que se fueron sumando, los nuevos… todos -aquellos viejos que llevan 26 años y la juventud que se fue insertando- crecieron y aprendieron juntos, pero no fue  un aprendizaje sólo profesional, fue también humano, muy humano. Ese factor humano, precisamente, fue lo que conformó la mística que nació con el mismo diario, se prolongó y se mantiene inalterable. Ese factor humano fue el que conformó una gran familia y dentro de esa familia virtual muchas familias reales, con altos valores como el compromiso, el compañerismo y la solidaridad.

Esa mística no hubiese sido posible sin maestros, maestros como periodistas y como personas. Fueron muchos y muchas quienes dejaron su sello y entre tantos elegimos recordar a los que ya no están físicamente entre nosotros.

El primer director, Alejandro Gómez, un bonachón conocedor de todos los secretos del periodismo; el Coqui Barroso, referente de la fotografía mendocina y fotografiador de mil historias; el Coco Carmelo Sgroi, porteño de gran sapiencia periodística y  animador indispensable -con su acordeón- de los asados, y la queridísima Catherina Gibilaro, quien no quiso dejar de trabajar cuando podía jubilarse y, por el contrario, siguió transmitiendo a cada periodista que llegaba que las mejores y más completas notas se logran en el terreno, nunca  en la oficina, antes en el diario papel y ahora en el digital… los cuatro supieron transmitir en el Diario UNO lo que hoy se replica a cada instante, se convierte en mística y apunta siempre al futuro.

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