El rosario es el elemento más importante para rezar las oraciones de la religión católica. A través de este objeto que muchas veces se usa de pulsera o alrededor del cuello, el procedimiento para orar se hace más sencillo y permite comprender mejor el sentido de la oración.
A lo largo de los misterios del rosario se recuerdan los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús.
Según lo establecido por la Iglesia, cada misterio del rosario corresponde a distintos días de la semana. En el caso de los misterios gozosos, se rezan los lunes y sábados; los misterios gloriosos, los miércoles y domingos y los luminosos los jueves. Finalmente, los misterios dolorosos se meditan los martes y viernes. Estos misterios recuerdan los momentos de mayor dolor de la vida de Jesús con el fin de revivir su muerte, comprender su sacrificio y entrar junto con María en la inmensidad del amor de Dios al hombre.
Es muy sencillo y fortalecedor rezar los misterios dolorosos a través del siguiente paso a paso:
Paso a paso: cómo rezar los misterios dolorosos
Los misterios dolorosos se rezan los martes y viernes e invitan a recordar los momentos más difíciles de la vida de Jesús. A la hora de meditar estos misterios es fundamental hacerlo con calma y reflexionar acerca de la importancia que tuvo la pasión de Cristo como reflejo de un inmenso amor por la humanidad.
Para comenzar a rezar los misterios, se inicia con un conjunto de pasos introductorios:
- Pensar una intención (pedir por alguien o algo especial), ya sea en voz alta o en silencio.
- Hacer la señal de la cruz y un acto de contrición ("Pésame")
- Rezar el Padre Nuestro.
- Rezar 3 Avemarías y un Gloria al Padre.
Luego, se da inicio anunciando el primer misterio doloroso: El bautismo de Jesús. Esta primera decena se reza en honor al bautismo de Jesús en el Jordán. A través de ella, se hace referencia a la fidelidad a las promesas del bautismo.
- Leer: "Entonces fue Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos:
«Siéntense aquí, mientras voy allá a orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen conmigo.» Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» fue entonces donde estaban los discípulos y los encontró dormidos; y dijo a Pedro: «¿No pudieron siquiera velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
- Rezar el Padre Nuestro, 10 Ave María y un Gloria al Padre.
- Rezar un "Oh Jesús mio": Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
- Terminar la decena con la frase: "Gracias a la agonía de Jesús, desciendan sobre mi alma y háganla verdaderamente contrita y fiel a la voluntad de Dios.”
El segundo misterio doloroso se trata de La flagelación. Este misterio invita a repensar todo aquello que nos lleva a pecar, los vicios que hacen alejarse de Dios y traicionar la propia naturaleza.
- Leer: "Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado." (Marcos. 15:15)
- Rezar el Padre Nuestro, 10 Ave María y un Gloria al Padre.
- Rezar un "Oh Jesús mio": Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
- Terminar con: "Gracias de la flagelación de Jesús, desciendan sobre mi alma y háganla verdaderamente mortificada.”
El tercer misterio doloroso es La coronación de espinas. A través de este misterio se pide por la humildad y el perdón de los pecados nacidos del orgullo.
- Leer: "Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo." (Juan 19:2)
- Rezar el Padre Nuestro, 10 Ave María y un Gloria al Padre.
- Rezar un "Oh Jesús mio": Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
- Terminar con: "Gracias del misterio de la coronación de espinas de Jesús, desciendan sobre mi alma y háganla verdaderamente contraria al mundo.”
Luego sigue el cuarto misterio doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas: el camino del Calvario. Este misterio invita a fortalecer la paciencia: Jesús sufre enormemente y aún así pasa su prueba. Es así como podemos, en la profundidad de los desafíos y sufrimientos, encontrar a Jesús, quien ayuda a cargar la cruz.
- Leer: "Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota»." (Juan 19:17)
- Rezar el Padre Nuestro, 10 Ave María y un Gloria al Padre.
- Rezar un "Oh Jesús mio": Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
- Terminar con: "Gracias al misterio de la carga de la cruz, desciendan sobre mi alma y la háganla verdaderamente paciente.”
El último es el quinto misterio doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús. Este último misterio invita a recordar la muerte de Jesús, sabiendo que la cruz ya no es símbolo de condenación sino de alegría y salvación. Jesús muere pero clavado en la cruz por el hombre, pero será salvado.
- Leer: "Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en voz alta: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu." (Mateo. 27:46,50)
- Rezar el Padre Nuestro, 10 Ave María y un Gloria al Padre.
- Rezar un "Oh Jesús mio": Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
- Terminar con: "Gracias al misterio de la muerte y la pasión de Jesucristo, desciendan sobre mi alma y háganla verdaderamente santa".
Los misterios dolorosos están por terminar. Para finalizar:
- Rezar las Letanías de la Vírgen:
"Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!"
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Hacer la jaculatoria final:
Ave María Purísima. Sin pecado concebida.
- Hacer la señal de la cruz.







