La historia de Máximo, un joven mendocino de 20 años con discapacidad, tuvo un final feliz. Es que su mamá, Cristina Castro, consiguió algo que parecía imposible hace apenas unas semanas: reunir los $8 millones que necesitaba su familia para no perder una casa adaptada adjudicada por el IPV.
Máximo, un mendocino con discapacidad, tendrá su casa adaptada del IPV gracias a la solidaridad
La difusión en Diario UNO y Canal 7 impulsó una campaña por parte de su madre y se pudo reunir los $8 millones que solicitaba el IPV para poder ocuparla

Máximo Herrera junto a sus hermanos. El joven logró, a través de la solidaridad de la gente, obtener el dinero para acceder a la casa del IPV.
La campaña solidaria creció después de que el caso se conociera a través de una nota publicada en Diario UNO y de la difusión realizada también por Canal 7. A partir de allí comenzaron a llegar aportes de distintos puntos de Mendoza y del país.
La ayuda colectiva permitió alcanzar la suma necesaria y abrió una nueva etapa para Máximo y su madre.
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Una casa pensada para una nueva vida
Actualmente, Máximo vive junto a su mamá en Bermejo y recibe terapias a domicilio por su discapacidad. Debido a las secuelas neurológicas graves que le dejó el accidente sufrido cuando apenas tenía un año y medio, nunca logró adaptarse completamente a escuelas u otras instituciones. Su rutina cotidiana requiere cuidados permanentes y espacios adecuados para movilizarse.
Por eso, la posibilidad de acceder a una casa adaptada representaba mucho más que tener techo propio. La casa adjudicada por el IPV está preparada para responder a las necesidades de una persona con discapacidad motriz severa y permitirá mejorar tanto la calidad de vida de Máximo como las condiciones en las que Cristina lo asiste todos los días.
El problema era el tiempo. La familia debía reunir $8 millones en apenas un mes para completar el trámite y conservar la vivienda del IPV. Cristina, acompañada por familiares y personas cercanas, inició entonces una campaña solidaria que empezó a difundirse de manera masiva después de que la historia apareciera en los medios.
“Estoy muy emocionada por toda la ayuda que recibimos”, contó Cristina durante una entrevista televisiva. También explicó que las colaboraciones llegaron desde distintos lugares del país y agradeció “cada granito de arena” que permitió alcanzar la meta.
Cuando la difusión también cambia una historia
En tiempos en los que suele discutirse el rol de los medios, el caso de Máximo mostró otra cara posible: la de servir como puente entre una necesidad concreta y una sociedad dispuesta a ayudar.
La repercusión de la historia generó una cadena de solidaridad inesperada. Personas que no conocían a la familia decidieron colaborar económicamente para que Máximo pudiera acceder a un hogar con mejores condiciones para sus tratamientos y cuidados diarios.
Cristina ya conoció la vivienda del IPV ubicada en Maipú y asegura que imagina allí una vida distinta para su hijo. “Me encantó la casa. Él va a estar mucho mejor ahí y yo lo voy a poder atender mejor”, expresó.
Ahora, con el dinero reunido y el plazo del IPV cada vez más cerca, se cierra para el joven mendocino una etapa atravesada por la incertidumbre y comienza una vida confortable, en una casa pensaba para contener sus necesidades.