La vida no le fue fácil nunca. Pero en su mucha extensión, le fue brindando alegrías. María Fista Izaguirre supo recoger esas florcitas pequeñas que crecen en la orilla del camino, para adornarlo, y así llegar a cumplir 100 años y sentirse feliz y en paz, sabiendo que cumplió con creces en su paso por la vida, al sacar adelante una familia de 12 hijos a puro trabajo honesto, del duro y sin pausa.
Hijos, nietos y bisnietos la ayudaron este pasado fin de semana a soplar el centenar de velitas en su casa, en el querido San José -es hincha de "aquel Atlético" Argentino-, de Guaymallén, donde todo el mundo sólo tiene palabras de cariño para con ella.
Aprendió a amar al Boli de cuando fue a vivir a una casita que estaba detrás del club. Allí sus hijos jugaron al fútbol, y ella, de tanto lavar a mano las camisetas albicelestes de todo el plantel, dejó que su corazón se tiñera con esos colores patrios, que le representaban a sus vecinos y el barrio; su hogar.
"Mi mamá quedó viuda muy joven. Mi papá falleció a los 49 años y ella no se rindió, estaba acostumbrada a trabajar desde niña, y además de cuidarnos, lavaba "para afuera" (a vecinos) y con la ayuda de mis hermanos más grandes supimos salir adelante. Hasta lavaba las camisetas del club Argentino, todo a mano, como era antes", cuenta Marisa, una de las hijas de María.
"Mi mamá nos dio todo su cariño y esfuerzo. Los domingos era una fiesta para nosotros. Después de trabajar lavando y haciendo limpieza a distintas familias, se ponía a amasar, caldeaba el horno y nos regalaba el pan y las tortitas más ricas del mundo" "Mi mamá nos dio todo su cariño y esfuerzo. Los domingos era una fiesta para nosotros. Después de trabajar lavando y haciendo limpieza a distintas familias, se ponía a amasar, caldeaba el horno y nos regalaba el pan y las tortitas más ricas del mundo"
Marisa Salcedo, hija de María
Una vida, una historia
María Fista Izaguirre nació en San Luis el 6 de abril de 1919. Junto a sus padres, Sixto Izaguirre y Bombela Pereyra recorrieron casi toda la geografía de la vecina provincia. Sin embargo sus recuerdos son del campo, en San Martín, allá al norte, cerca del límite con Córdoba.
Luego llegó el desarraigo, ya que a los 14 años se encontró siendo una "criada" en una casa de familia acomodada en Buenos Aires. Un accidente le cambió la vida para siempre. Se cayó de un caballo y debió ser internada con fractura de costillas. En el hospital conoció a un joven conscripto que hacía el servicio militar en la armada. Ahí le llegó el amor.
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Carlos, su hijo mayor y mano derecha, le regaló a María una camiseta de San Lorenzo.
Tras un cortísimo noviazgo, Carlos Evangelista Salcedo "la robó", se vinieron a Mendoza y allí comenzó la gran aventura de ser mamá, esposa y vecina venerada. Todo San José recuerda la canchita de "los Salcedo" y la figura maternal que se deslomaba trabajando en la casita cercana.
Doce hijos tuvo el matrimonio Salcedo-Izaguirre: Carlos, Nelly, Juan, Mirta, Ricardo, Catalina, Julio, Roberto, Marisa, Mario, Américo y Mónica.
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María posa aquí con dos de sus hijas.
Cuando partió su esposo, además de tristeza dejó deudas. Así tuvieron que dejar la casa de calle Rafael Obligado. Junto a sus hijos mayores -Carlos pasó a ser su mano derecha- empezaron desde cero "hasta los adobes tuvieron que hacer", para así tener un nuevo hogar, en calle Gomensoro, recuerda Marisa.
Pero el amor que sembraron no fue en terreno baldío. Los vecinos y patrones de los hijos mayores de María colaboraron con dinero, y así pudieron comprar un terreno en calle Gomensoro y Felix Suárez y allí levantaron la casita, donde aún vive la sanluiseña centenaria, viendo crecer a sus herederos y recibiendo de vuelta todo el cariño que dio a manos llenas, apenas por 100 años.