"Hemos sufrido una injusticia muy grande", dice Roberto Bocanegra, un "civil en situación militar", como se define él mismo, durante la guerra de Malvinas. Conscripto de la clase ´62, infante de Marina, él y otros como él cumplieron funciones de apoyo y vigilancia en territorio continental, pero no fueron a las islas. A algunos eso les significó no recibir ningún tipo de reconocimiento "porque la Armada se ha negado sistemáticamente a dar los informes correspondientes".

Bocanegra, mendocino y ex ferroviario, dice: "Malvinas encierra una gran injusticia para muchos de mis camaradas. Es lamentable y doloroso aceptar que la fuerza en la que prestamos servicios nos ignore de esta manera. Es una enorme dolor y una gran sensación de impotencia".

bocanegra 2.jpg

El hombre repasa su historia. Cuenta que fue reclutado en julio de 1981. Que después de tres meses instrucción le dieron destino en el Batallón 3 de Infantería de Marina, en La Plata. "Todo fue normal, hasta el 2 de abril", dice, y reconoce que "no sabíamos nada de todo esto y nos enteramos por los medios".

Bocanegra, que bien merecería podría ser sommelier con ese apellido pero que resultó maquinista de locomotoras, recuerda que "la noche del 1º de abril llegué al Batallón. Me había tocado franco, pero me convenía dormir ahí para no tener que despertarme tan temprano al día siguiente. Entonces, uno de los milicos que estaba de imaginaria me dijo, ´me parece que van a tomar Malvinas´y yo le contesté: ´estás en pedo vos`. Y no estaba en pedo. Al otro día nos informaron y el 7 de abril nos acuartelaron".

Después los pertrecharon. "Nos dieron ropa de zona sur, armamento (4 cargadores mas el FAL), bayoneta, colchoneta, bolsa de dormir, carpa de campaña...".

El 9 de abril de 1982, a las 20, "salimos rumbo a la base aérea El Palomar. Allí nos suben a un Boieng 727, sin asientos 727, que partía con destino a Malvinas. Pero, en el camino algo cambió y aterrizamos en Río Grande, Tierra del Fuego".

Dice que estuvieron 5 días allí, "sin saber exactamente donde nos encontrábamos". Después, a un grupo, "nos desplegaron a la frontera con Chile, a la estancia María Betty, porque decían que en la estancia Los Flamencos había 2000 chilenos haciendo movimientos y había que custodiar la frontera". El resto del batallón, cerca de la mitad, el 19 de abril fueron desplegados a Malvinas.

"Habían dicho que todo el batallón iría, pero el traslado a las islas se fue demorando", dice Bocanegra, y agrega: "hacia fin de mes los chileros retiraron las tropas y quedamos afectados para pasar a Malvinas en cualquier momento. Pero después empezó el bombardeo y se hiso imposible. La mitad del batallón quedó en las islas y la otra en Tierra del Fuego".

Después, todo es parte de la historia. La guerra terminó y "fuimos los últimos en volver, de noche, ocultos, ignorados. A los tres meses nos dieron la baja. Yo, lo único que quería era volver a mi casa, a Mendoza, y hasta rechacé una invitación de mi primo de quedarme a comer un asado el día que salí del batallón. Esa misma tarde me subí al tren y me vine. Necesitaba ver a mi familia".

Esa urgencia por el regreso hizo que Bocanegra no trajera "el certificado que nos daba el Batallón 3 en ese momento. Tiempo después lo gestionó mi primo, pero ya no era exactamente igual al que le habían dado a mis compañeros".

Ese mínimo detalle iba a tener un resultado nefasto para un reducido grupo de ex conscriptos. "Nosotros hicimos juicio para que se nos reconociera. El Ministerio de Defensa le pidió a la Armada que informara cual había sido nuestra actividad durante la guerra, pero la Armada no dio ningún tipo de información. Nunca respondió. Ni antes ni ahora. No le responde a nadie, ni al Ministerio de Defensa, ni a los jueces, ni a nadie".

El ex soldado dice que "nosotros fuimos civiles en condición militar, que fuimos convocados para defender la Patria, y nos meten en una misma bolsa con los milicos y las cuestiones relacionadas con el Proceso, y no es así. Éramos gente del pueblo, vestidos de militar para defender nuestra tierra".

Muy dolido, Bocanegra cuenta que "cuando voy a los actos nunca desfilo, porque no me considero militar, solo acompaño".

Dice que "he sido en lo personal una injusticia muy grande" y cuenta que ha escrito dos libros: ¨Malvinas, 25 años después¨ y "Mikado, la invasión frustrada".

Dice que por eso también se alejó de las agrupaciones de veteranos de guerra. "Antes estaban dirigidas por soldados, pero después se metió la gente de carrera y se tergiversó todo y se empezaron a hacer diferencias entre los que habían cumplido funciones en el continente y los que habían estado en las islas cuando, en realidad, antes no había ninguna diferencia entre nosotros.

Sostiene que "las cosas se han tergiversado mucho" y acota: "A veces veo a algunos camaradas que andan con un montón de medallas y me pregunto quién carajo se las entregó".

Dice que "me costo mucho salir adelante, sobrellevar esto" y sostiene que la Legislatura de Mendoza, en momentos distintos, probó sendas leyes para que se los reconociera como ex combatientes "Sin embargo, primero el gobernador Celso Jaque y después el gobernador Francisco Pérez las vetaron por presiones que no hemos logrado entender".

Hoy, 39 años después de la guerra, Bocanegra y algunos más siguen esperando que se aclare esa parte de la historia.