Protagonista

Lucía Lijtmaer: "Las argentinas se presentan muy cuidadas en el espacio público, es parte de su idiosincrasia"

Lucía Lijtmaer es una hija del exilio. Su vida familiar la llevó a Barcelona, donde creció y se formó como periodista, escritora y crítica cultural. Además de su libro Casi nada que ponerte, habló de Javier Milei

Lucía Lijtmaer es una hija del exilio. Responde a la condición propia de un país que invirtió el signo de su destino comunitario: si alguna vez fue cuna de inmigrantes, hoy multiplica los incentivos para que sus hijos busquen nuevos rumbos.

Nacida en Buenos Aires (1977), la vida familiar la llevó a Barcelona, España, donde creció y se desarrolló profesionalmente como periodista, escritora y crítica cultural.

Pero Lucía nunca cortó las raíces con su patria de origen. Bajo distintas excusas o motivaciones, siempre vuelve. Vuelve a hablar un poco en “argentino”.

Y la mejor excusa que tuvo para meterse de lleno en esta empresa fue contar la vida de José y Simón, dos modistos amigos de sus padres que, nacidos en ciudades o pueblos más pequeños, se encontraron en la capital de Argentina y, gracias a su nivel de excelencia, fascinaron a la clase acomodada de los '70.

Captura de Pantalla 2023-10-07 a la(s) 21.37.04.png
Retrato de Lucía Lijtmaer.

Retrato de Lucía Lijtmaer.

El fruto de su pesquisa es Casi nada que ponerte, un relato coral que va entrelazando la trayectoria oscilante de José y Simón con las propias vivencias personales de Lijtmaer, con algunos grandes personajes de la época como Mirtha Legrand o Carmen Yazalde, todos y cada uno de ellos moviéndose a través de las interminables crisis que nos distinguen.

De paso por Buenos Aires, para presentar su libro, y sin escaparles a temas de coyunturas como la sorpresiva irrupción de Javier Milei en el panorama político, Lucía dialoga con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Hola, Lucía. Aparte de tus libros tenés un podcast bastante fuerte en España, ¿no?

-(Ríe) Sí, bastante fuerte. Y no solo en España. Tenemos también, por suerte, mucha audiencia acá en Argentina. Se llama Deforme Semanal.

-Es muy bueno el nombre. ¿De dónde surge?

-Surge un poco de una broma porque, en España, ha habido históricamente un programa, un noticiero semanal muy, muy, muy famoso, que se llamaba Informe semanal que todos veíamos de chicos y, bueno, también de grandes.

-¿Y qué vuelta le encontraron?

-Es como jugarle una broma, porque lo que hacemos nosotras no es informar del todo. Pero también reírnos un poco de la actualidad y hablar de cultura y pasarla bien.

Captura de Pantalla 2023-10-07 a la(s) 21.59.23.png
El podcast de Lucía, Deforme Semanal, es un éxito.

El podcast de Lucía, Deforme Semanal, es un éxito.

-Hoy el humor es fundamental, sobre todo cuando la realidad está tan encabronada. Y no solo en la Argentina. Ustedes, en España, también tienen lo suyo.

-Sí. La verdad es que siempre que vengo a la Argentina hay algún factor desestabilizador. Pero ahora mismo podemos competir bastante en España porque no se ha formado gobierno y a lo mejor vamos a nuevas elecciones. Habrá que ver.

-Precisamente, tu historia sobre los modistos Jorge y Simón va pasando por varios momentos de la Argentina como la dictadura, el menemismo, la debacle de 2001, etcétera. ¡Es como que el país está siempre en crisis!

-(Ríe) Esa es una pregunta muy de los argentinos, el “cómo nos ven”.

-¿Y cómo nos ven?, ya que estamos.

-La verdad es que, ahora mismo, Argentina es el centro de muchísima necesidad de saber qué va a pasar, porque el país también es la puerta de lo que sucede en Latinoamérica en general.

-¿Qué llama la atención, por ejemplo?

-La falta de estabilidad económica, que no es nueva. Los argentinos, como yo los veo, son absolutamente resistentes a todo. Pero también este nuevo avance de sujetos como Milei. Son nuevos para la propia historia de la Argentina.

-¿Cuál es tu opinión de Milei, desde afuera? Teniendo en cuenta que has escrito un libro llamado Ofendiditos.

-Yo escribí el ensayo Ofendiditos sobre libertad de expresión en momentos difíciles, en general, y ante el avance de la ultraderecha de manera mundial.

-Justamente.

-Entonces, me parece que Milei tiene cosas muy particulares, muy argentinas, como esta idea suya del ultraliberalismo, que es muy particular y propia de la cosa económica. Pero después tiene ciertas semejanzas con partidos como Vox en España, con el trumpismo en Estados Unidos o con Bolsonaro en Brasil.

►TE PUEDE INTERESAR: Thriller de Zepeda Patterson sobre los manejes de los Trump, Bolsonaro, Milei y compañía

Javier Milei PASO 2023 edit 2.jpg
Para Lucía, Javier Milei posee características muy argentinas sobre el ultraliberalismo pero también tiene ciertas semejanzas con partidos como Vox en España, con el trumpismo en Estados Unidos o con Bolsonaro en Brasil.

Para Lucía, Javier Milei posee características muy argentinas sobre el ultraliberalismo pero también tiene ciertas semejanzas con partidos como Vox en España, con el trumpismo en Estados Unidos o con Bolsonaro en Brasil.

-¿Cuál sería el punto en común?

-Es la idea, que resulta para mucha gente muy atractiva, de ser antisistema. Cuando Trump entra y forma gobierno en Estados Unidos es a partir de la idea de que el sistema está corrupto y de que él no forma parte de ese sistema; siendo que él es un empresario que siempre ha formado parte del sistema.

-¿Y Vox?

-Vox juega también a ser una nueva política fuera de la política. Y Milei, precisamente, con todos estos aspavientos y esta conexión muy fuerte a través de las redes sociales con el público más joven, me parece que toca esa idea de que la política tradicional no sirve.

-En resumidas cuentas, es parte de una ola más general.

-El análisis global, poniendo a Milei en un contexto mundial, indica que viene de una tradición extremadamente neoliberal de la política que está enganchando con una población, también.

-Cabe una reflexión general. Hay, por ejemplo, libros como el de Pablo Stefanoni que se preguntan: ¿La rebelión se volvió de derecha? Como si la parte progresista del planeta se hubiera vuelto moralista, conservadora, con el tema de la cancelación, etcétera. Por algo están proliferando los Trump, los Bolsonaro, los Milei, las Giorgia Meloni. ¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo mal?

-Precisamente lo que estás diciendo es el discurso que realmente ellos venden, pero que, si te vas a los datos y a los hechos, no es real.

-¿Respecto de qué?

-Para empezar, la cultura de la cancelación. Yo tengo serias dudas de que exista, al menos en España. Plácido Domingo ha sido acusado y ha admitido acoso sexual directo a muchas mujeres; y le aplauden todos los días en los liceos y demás. Tenemos a gente hablando de cancelación, de que están siendo cancelados, desde los espacios más comunes de televisión y radio.

-¿Entonces?

-La idea de que la izquierda o la progresía es conservadora y censora, yo no la comparto en absoluto. Es decir, la censura la ejerce el Estado. ¡Siempre! Otra cosa es que exista el derecho a disentir, que no había antes. O sea: a mí este libro no me gusta o esa otra película me parece machista. Pero no se está bajando ninguna película ni ningún libro, no se está censurando ahora mismo en la Argentina o en España.

-Aun así, el reclamo existe, ¿no?

-Creo que tenemos que ser muy cuidadosos hablando de censura. Se dice que ahora no se puede decir nada. Dicen: Lolita, de Nabokov, al día de hoy, no se podría publicar.

Captura de Pantalla 2023-10-07 a la(s) 21.51.56.png
En el programa La Conversación, Lucía habló de su libro Casi nada que ponerte, el cual vino a presentar a Buenos Aires.

En el programa La Conversación, Lucía habló de su libro Casi nada que ponerte, el cual vino a presentar a Buenos Aires.

-Se afirma, claramente.

-Lolita, de Nabokov, en su época tuvo muchos problemas para publicarse. Dicen: a Shakespeare, ahora, lo censurarían. ¡Shakespeare fue censurado en los siglos XVII, XVIII y XIX! Sus obras fueron purgadas. Creo, repito, que hay que ser muy responsables para hablar de censura al día de hoy cuando tenemos problemas reales con ciertas leyes. Pero no que el público es censor o que la izquierda es censora. Simplemente se está ejerciendo el derecho a la protesta.

-Pasemos a Casi nada que ponerte. Simón y Jorge, los personajes centrales del relato, son dos modistos que logran un gran suceso entre las clases altas de Buenos Aires. ¿Cómo es tu manejo del mundo de la moda?

-La moda no es uno de mis temas, pero yo conocía personalmente a estas dos personas. Me interesó su historia porque eran pareja, además de compañeros de profesión.

-¿Qué te llamó la atención de esa dupla?

-Los dos tuvieron un origen muy humilde. Jorge, en Rosario, era de una familia muy pobre. Tuvo que hacer muchos esfuerzos para estudiar. Simón lo mismo. Venía de un pueblito muy pequeño (Campo Sagrado). Me interesaba mucho, entonces, cómo dos personas salen de sus hábitats y llegan a construir algo tan importante y que tuvo tanta trascendencia para las mujeres ricas en la Argentina, porque le vendían, por ejemplo, a Mirtha Legrand, sin ir más lejos.

-¿Y qué tenían de particular, para vos, en esa tarea?

-Me interesaba esta idea de ascenso y de aspiración, de trascender su propio mundo; esta idea del lujo como fantasía, porque ellos no gastaban. No era gente que derrochaba o que se juntara con el mundo de la aristocracia. No. Ellos trabajaban y se iban a su casa.

-Su manera de ser y de hacer, ¿no?

-Me fascinaba cómo habían logrado capturar algo del deseo de las mujeres. ¡Había mujeres que se gastaban el dinero de tres departamentos en una tarde!

-Sí, tremendo. Está muy bien contado en el libro.

-(Ríe) Hay que ser muy bueno vendiendo para eso. Entonces, me interesaba más su personalidad que la moda en sí. Cómo lo habían logrado viniendo de un contexto tan diferente.

-En todo tu relato vas dando los nombres completos de tus protagonistas, incluyendo a tu abuelo, Mauricio Lijtmaer. Pero los personajes centrales son solo Jorge y Simón. No tienen un apellido. No tienen árbol genealógico. ¿Por qué?

libro Casi nada que ponerte.jpg

-Yo explico, por supuesto, cosas de sus familias que ellos me contaron. Pero decidí proteger un poco su identidad porque ellos me habían dado tanto, toda la información. Yo había hablado con sus familiares. Tengo hasta los partes médicos que me facilitaron y toda su biografía.

-¿Cómo manejaste todo eso?

-Bueno… tienen derecho a su intimidad después de haberme abierto las puertas de su casa y haberme dejado contar su historia. Fue una decisión puramente personal, que no consulté con ellos.

-O sea que ellos no te lo pidieron, tampoco ninguno de su entorno.

-No. No me lo pidieron. Pero como ellos me contaban la historia como si fuera una fantasía, pese a que todo, todo lo que yo cuento en el libro es real y pasó y está contrastado; el juego que ellos querían era mantener su atelier de manera privada. Digamos, mantener ese espacio privado formaba parte del juego que ellos jugaban. Y yo decidí jugar con ellos también.

►TE PUEDE INTERESAR: Mariana Travacio vuelve con cinco cuentos notables sobre mujeres otoñales: "De la menopausia en la literatura se habla poco"

-Es muy logrado cómo describís la capacidad de Simón para interpretar la psicología femenina, aquello de “solo él es capaz de descubrir esa mirada en las mujeres, ese brillo que sabe complacer”. Y agregás que “si algo ha aprendido es que las mujeres son criaturas voraces, nunca tienen suficiente”. Te pregunto, como mujer, ¿es así realmente?

-(Ríe) Me refiero a algo bidireccional. Las mujeres, con Simón, se entendían muy bien. Cierto tipo de mujer, porque él también era muy selectivo con sus clientas. Era muy listo. Cuando tú, a una mujer rica, que lo tiene todo o tiene la capacidad de tenerlo todo, le dices: “No me gustas. No. No puedes entrar a mi negocio”, hace que lo desee mucho más.

-Curioso en alguien empeñado en vender lo más posible.

-Sí, él también era muy voraz en todo el tema de la venta. Realmente quería vender y vender y vender y vender y, si le dejabas, te vendía lo que lo que él quisiera. Entonces allí había una sinergia. Me lo contaban también sus empleadas. Estoy yo no me lo invento. Una sinergia entre la clienta y él; como un entendimiento que, si tú no le ponías límite, él no lo tenía.

-Con todas las consecuencias que eso implicaba.

-Claro, cuando van los maridos de ciertas mujeres a decirle “bueno, Simón todo bien, pero mi mujer se ha gastado hoy treinta mil dólares de los setenta… ¡Por favor!”.

-¿Qué pasaba en esos casos?

-Intentaban devolver algo, porque, claramente, en esa mirada voraz se entendían. Ninguno de los dos, ni sus clientas ni él, tenía límite para nada.

-Aparte, decís otra cosa: “Simón ha aprendido en ese momento otra lección importante: para llegar adonde quieras en esta vida, las mujeres son la clave”.

-(Ríe) Sí.

Libro de Lucia.jpg
Otro de los libros de Lucía Lijtmaer.

Otro de los libros de Lucía Lijtmaer.

-¡Da miedo! ¡Uno se imagina a los maridos pidiéndole a Simón, por favor, que pare!

-(Sigue riendo) Bueno. Eso pasaba. Le pedían que parara. ¡Por favor! Él tenía muy buena relación también con hombres y mujeres. A su boutique muchas veces iban hombres encantados de acompañar a sus mujeres.

-¿La influencia decisiva de las mujeres se extiende a todos los ámbitos?

-Volviendo a la política, he pensado que, muchas veces, hay líderes que caen no por lo que han hecho tanto políticamente sino por lo que han hecho en la intimidad.

-¿Qué casos te vienen a la cabeza?

-En el caso de Clinton, está la idea de que cae por una mentira, por una relación ilícita. También quien le sostiene ahí es Hillary Clinton, que decide perdonar al marido. Hay toda una cuestión donde, políticamente, íntimamente, la mirada de las mujeres es muy importante también.

-Eso, pareciera, ya no se discute.

-Ahora que están aquí en periodo preelectoral se sabe que el voto femenino es muy importante. Por supuesto, además de por ser la mitad de la población, por ver de qué manera convences. También en la literatura, las mujeres leen mucho más que los hombres. Son grandes lectoras. Entonces, no está mal resaltar esa importancia. ¡Sin dar miedo, por favor!

-(Risas) Trataremos. Hay otro aspecto de Simón resaltado por Chiquita, una de sus personas más cercanas. Dice que ellas se volvían locas porque él entendía la figura femenina, solo con mirarte te sacaba las medidas y te confeccionaba el vestido. Esto de la figura, ¿es más fuerte en la condición femenina que en la masculina o no?

-Sí. Lo has descrito perfectamente porque hay algo que pasa. En general, los modistos, por tradición, están obsesionados con la figura femenina desde muy jóvenes. Desde muy chicos la dibujan. Después, hay algo relativo a cómo ensalzar los atributos de las mujeres y esconder los defectos.

-¿Tuviste testimonios directos de eso?

-Todas, absolutamente todas las clientas con las que yo hablé, que no fueron pocas, me recordaban el primer vestido o la primera ropa que le compraron a Simón.

-¿Por qué ese recuerdo tan marcado?

-Porque decían que, de repente, te entendía, te captaba el tono de piel, las proporciones, todo. Y hacía que ese detalle o ese complemento te cambiara la mirada, el look, todo. Y eso, para muchas mujeres, es algo que no se puede pagar con dinero.

-¿Por qué decís, también, en tu libro, “que la Argentina es un país que me hace sentir constantemente menos femenina”? ¿Qué diferencia a la Argentina de España en ese sentido?

-(Ríe) Ha cambiado mucho. Esto está escrito hace quince años, que fue la última vez que vine a la Argentina. Pero hay algo de la feminidad en este país. Hay muchísimo cuidado personal.

-¿Cómo qué?

-La peluquería, la manicura. Las mujeres argentinas se cuidan muchísimo. Disfrutan de su belleza y la ensalzan de una manera magnífica.

Ofendiditos.jpg

-¿Y cómo es tu caso?

-Yo, a veces, pues soy medio desastrada. Voy en jean, me ato el pelo en una coleta. Y, bueno, aquella era una mirada que tenía en ese momento, con 28 o 29 años. Cuando escribí eso me resultaba muy impactante. Las mujeres aquí en la Argentina se presentan muy cuidadas en el espacio público, forma parte de su idiosincrasia.

-A esta altura del siglo XXI, ¿la mujer argentina, entonces, se depila más, se hace más cirugía estética, gasta más en cremas? ¿Cómo es la cosa?

-¿Comparado con quién?

-Comparando con tu vida en España. O en Europa.

-En España, las mujeres y, también, los hombres, cada vez tienen mucho más cuidado con la cuestión estética y la belleza y todo eso. Los cánones de la belleza. ¿Sabes? Se ha equiparado un poco más. Antes había muchas más diferencias.

-¿Por ejemplo?

-Va mucho por zonas. Yo soy de Barcelona. He sido criada y crecí en Barcelona, que es muy distinta, por ejemplo, de Madrid, donde hay otro tipo de cultura más mediterránea.

-¿Cómo son en Madrid?

-En Madrid sí que hay mucha más cuestión por la cirugía, por el cuidado de ciertas cosas. Van muchísimo más al gimnasio. No sé, estoy generalizando. Pero aquí, ahora, en Buenos Aires, ¡hay un gimnasio en cada esquina! Es impresionante. Eso no pasaba (risas).

-¿Qué más ha cambiado?

-Estoy alucinando. Es que hay cervecerías artesanales, hamburgueserías y gimnasios en cada esquina. Eso es nuevo.

-Sos muy activa en Twitter, donde tenés cuarenta y cinco mil seguidores. Al llegar a la Argentina, pusiste: “Pijos surferos argentinos en mi vuelo”. Empezá aclarando qué quiere decir “pijo” en España.

-(Ríe) Cheto.

-Ahí preguntabas, tipo encuesta, si tus lectores estaban a favor o en contra de ese fenotipo.

-Lo que me pasa es que yo odio volar y como estaba muy nerviosa puse esa tontería porque era un chiste, por supuesto. Como habréis visto, el tema del humor es lo que me gusta.

-¿Pero a quién te referías, puntualmente?

-Hay ese tipo de surfero argentino, de muy buen pelo, muy bronceado y que se cuida mucho. Había bastantes en el vuelo. Era muy curioso.

-¿Metrosexuales?

-(Risas) Supongo. Sí. Mis interacciones con la gente argentina son maravillosas. Siempre son desde el amor. Yo sigo la actualidad de acá, veo los programas de chimentos. Me encantan. Y me encantan también los memes de Argentina, como ese de Moria Casán haciendo “¿quién sos?”.

-¿Y España?

-En España, tiene más que ver con mi actividad literaria o periodística. Pero la gente de aquí que me comenta siempre es desde el orgullo. En Argentina hay mucho orgullo nacional.

-Aunque nos quejemos.

-Siempre está esa cuestión de “no estamos bien” o lo que me preguntabas antes, “cómo nos ven”. Pero también es un país que está muy orgulloso de sí mismo, cosa que en España no pasa.

Cauterio.jpg

-¿Qué tenés vos de argentina?

-Tengo la familia. La familia y la crianza. Yo, ahora, para ustedes, hablo muy español. Pero cuando hablo con mi mamá, me sale hablar con acento de Santa Fe (risas). Y toda la infancia, la comida, la literatura. En mi casa se lee mucho.

-¿Qué, por ejemplo?

-Yo leía a Juan José Saer, a Manuel Puig, por mi familia. Y el amor al tango. Mi padre es un tanguero tremendo. ¡Todo el día pone tango! Y me los sé. ¡Me sé muchos tangos, gracias a él!

-Contás, al respecto, en una escena del libro, cómo uno de tus abuelos te hace aprender un tango de memoria para recitarlo ante tu papá al volver a Barcelona.

-(Ríe) Sí, claro, a mi papá, que se moría de risa. Era “Cuesta abajo”.

-“Cuesta abajo en m i rodada”… Carlos Gardel. Uno de los grandes.

-Sí. Lo mejor que me han podido inculcar mis padres es la cultura argentina.

-Además de la colección de personajes pintorescos que hay en tu libro, sobresale otro rasgo notable, que es la descripción de los lugares. Tenés una mirada, un ojo muy agudo para captarlos como, por ejemplo, cuando vas al pueblito de Simón, donde no hay prácticamente nadie. O la mugre del micro diferencial. O Santa Fe, de ronda, por la noche, etcétera.

-¡Ay!, muchísimas gracias, porque eso era lo que realmente más quería destacar; que es un homenaje, también, y un extrañamiento.

-¿Por qué esto?

-Porque, pese a yo haber nacido aquí, me he criado en Barcelona. Pero, para mí el paisaje argentino, las costumbres argentinas, como dice la canción, era muy importante poder describirlos con veracidad. Como dices, por ejemplo, de Santa Fe, donde la gente sale tardísimo. O era una moda, no lo sé. Se sale muy tarde.

-También te impactó, entre muchos otros lugares, Campo Sagrado.

-Está esa cosa del tedio, del lugar más chico. A veces pasa en los pueblos. De repente era mediodía y pasé miedo porque no había nadie por la calle. ¡Nadie, nadie! Sí, es una mirada extranjera, pero quizás un poco de doble agente, ¿no?, de aquí y de allí.

-Es llamativo, asimismo, cuando vas mechando historias de personajes importantes. Quedó muy bueno, por ejemplo, el capítulo que le dedicás a Carmen Yazalde, en su época de top model y esposa de Chirola Yazalde, un crack de fútbol. O la valorización de Mirtha Legrand como símbolo de lo argentino.

-Muchísimas gracias. La verdad es que conocer a Carmen fue fascinante. ¡Eso sí que es una estrella! Cuando la ves de cerca… alguien que se levanta, tiene esos pómulos, cómo camina, esos ojos… Yo entrevisto a uno de los directores de cine que falleció en España, lamentablemente; un director de culto, Jesús Franco, que la tuvo como actriz en varias películas.

-¡Jess Franco la compara, actoralmente, con Klaus Kinski!

-Sí. Había trabajado con los dos y decía que era una barbaridad. O sea que a Carmen no importaba cómo la pusieras, era una estrella. Y, de hecho, no quiso ser una estrella de cine porque se enamoró perdidamente Yazalde, sí, sí, sí, sí.

-La edición original de tu libro fue hace unos años. Ahora está teniendo una segunda oportunidad. ¿Cómo lo están recibiendo en Buenos Aires, que también es protagonista con lugares emblemáticos como La Colorada?

-La verdad, está siendo una fiesta. Está siendo muy lindo. No esperaba un recibimiento tan cariñoso. Está tomando el libro como suyo la gente aquí, como algo propio, como una manera de narrar, según decías, no solo Buenos Aires sino una época y la Argentina.

-Qué espléndido momento, entonces.

-Está siendo muy emocionante porque, también, hay un tipo de mirada, que yo creo que hacía falta y que reivindico mucho, que es la del hijo del exilio. O sea, los que nos fuimos como bebés también tenemos una historia particular con la Argentina, que es especial.

-¿Cuán especial es la tuya?

-La mía, por suerte, la resuelvo con alegría. Estoy recibiendo mucho amor y mucho cariño porque también Argentina es un es un país cuya gente es maravillosa para eso. La cuestión del cariño y la cultura es de verdad. Es muy emocionante, repito. ¡Todavía no lo puedo poner en palabras!