Protagonista

Thriller de Zepeda Patterson sobre los manejes de los Trump, Bolsonaro, Milei y compañía

Jorge Zepeda Patterson es un reconocido periodista, escritor y analista político mexicano. En estos tiempos electorales, no sólo de Argentina, es valioso conocer sus reflexiones

Jorge Zepeda Patterson, calificado periodista, escritor y analista político, es el referente ideal para moverse, con alguna esperanza de éxito, a través del sinuoso calendario electoral de nuestro tiempo.

Un mundo en continua mutación, fascinado por las noticias falsas, las redes sociales y las teorías conspirativas de todo tipo, reclama algo sólido de dónde agarrase. Un punto de vista confiable.

La nueva novela del autor mexicano, El dilema de Penélope, nos ofrece la motivación buscada. Su trama se ubica en un supuesto -y muy familiar- proceso electoral en ciernes, donde el equipo de un expresidente norteamericano que busca retornar al poder, urde, con malas artes, una campaña para desprestigiar gravemente a la comunidad de inmigrantes latinos. El escenario soñado para la derecha conservadora que lidera su jefe político.

El análisis literario del libro nos permitirá, de paso, abrir la charla hacia el terreno político, con especial énfasis en las elecciones que tendrán lugar en Argentina, primero, en Estados Unidos y en México.

Después de haber conocido a Jorge gracias a Milena o el fémur más bello del mundo (Premio Planeta 2014) y otras novelas posteriores, retomamos el diálogo desde México, su ciudad, para el programa La Conversación de Radio Nihuil.

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Jorge Zepeda fue entrevistado en el programa La Conversación, de Radio Nihuil.

Jorge Zepeda fue entrevistado en el programa La Conversación, de Radio Nihuil.

-Lo que sobrecoge de El dilema de Penélope, Jorge, es que mucho de lo que planteás como thriller, como trama conspirativa de suspenso, sea tan actual. Muchas de esas maquinaciones las comprobamos casi a diario en todos lados.

-Sí. La verdad, es un intento de hacer un libro atractivo, a vuelta de página, como dicen, de suspenso. Pero, al mismo tiempo, es colocarnos en el momento en que vivimos y dar al lector, además de un buen entretenimiento, una inmersión en los procesos políticos que estamos atestiguando.

-¿A partir de qué disparador?

-Mi punto de partida fue la enorme curiosidad que me daba cómo estaría funcionando el cuarto de guerra del cuerpo de asesores de Donald Trump para hacerlo regresar a la presidencia. Estos grupos tan derechosos, tan conservadores, tan radicales.

-Como espiar por el ojo de la cerradura…

-Claro. Cómo se imaginaban o qué situaciones creaban para lograr el regreso al poder.

-De solo pensarlo da miedo.

-Ahí me imaginé un par de infamias, un par de planes perversos, que probablemente no anden tan lejos de la realidad, para asegurar el triunfo de su gallo, ¿no?

-Y a partir de esos planes perversos, la cosa se pone inquietante.

-Otro de los temas que tú anticipaste es cómo han cambiado las elecciones con respecto al pasado. Ahora es mucho una creación de imagen a partir de redes sociales y demás.

-Algo que tu novela revela exhaustivamente.

-El candidato del libro es prácticamente un retrato de Trump. Él dirige en buena medida la novela a partir de tuitazos que hacen que reaccionen mis personajes.

-Tuitazos. ¡Qué buena expresión! (risas).

-Es que algunos son impresionantes, ¿no? ¡Y lo que desencadenan!

-No solo dirigen la novela, sino que el libro se cierra con un último tuitazo de Dan Thompson.

-Exacto, Dan Thompson, que es el homólogo de Donald Trump.

-Sin embargo, el personaje central no es él.

-La novela no es sobre el candidato, sino sobre lo que los que lo rodean generan. Y ellos provocan una serie de circunstancias, entre otras, el papel de la gran Penélope, que es la heroína.

-Penélope Hunt, sí, señor.

-A ella le toca, además, el tercer tema. El tercer tema y central que, como es en la realidad y como va a ser en estas elecciones de Estados Unidos, es el tema de la migración.

-¿Desde qué punto de vista centralizará la campaña electoral?

-Claramente la punta de lanza para la campaña de regreso de Donald Trump al poder es, justamente, explotar y apostar al miedo que tiene el norteamericano común a la migración y a la transformación que está provocando en Estados Unidos. Los temores de los sectores blancos conservadores de “perder”, entre comillas, su nación a manos de las hordas del sur, etcétera, etcétera.

-Tema esencial de tu libro.

-En la novela hay una discusión muy sabrosa entre los propios personajes que ponen en la balanza estos procesos de migración, desde el enorme aporte que han hecho los irlandeses, los italianos, los alemanes, cada uno en su momento, y, luego, el de la gran fuerza y sangre latinas. O sea, cómo todo este plot realmente ha ido convirtiendo a Estados Unidos en lo que es.

-Pasemos en limpio los grandes ejes de tu argumento.

-Yo diría, entonces, que son estos los tres grandes temas: migración, procesos electorales que, hoy en día, son tan distintos; y, tercero, el proyecto político de este grupo conservador. Por lo tanto, es una novela que entretiene, pero que, también, me parece a mí, instruye.

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Tapa de El Dilema de Penélope.

Tapa de El Dilema de Penélope.

-En marzo, Pedro Palou, a raíz de su novela México, nos decía que ustedes, los mexicanos, se sienten por “completo norteamericanos”. ¿Cómo les cae, entonces, ser el pato de la boda o el patio trasero de Estados Unidos?

-Es un tema muy muy complejo porque seríamos ingratos si simplemente nos quejamos con la frase aquella de “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, como si fuera un maleficio.

-Justamente Palou sacó a colación esta misma frase.

-Sería muy ingrato porque, al mismo tiempo, también hay que decirlo, la convivencia, a través de esta enorme frontera de tres mil kilómetros, con el mayor mercado de consumo del mundo, ha generado, gracias al Tratado de Libre Comercio, una integración de la economía mexicana con la estadounidense.

-¿Con qué consecuencias?

-Eso se tradujo en mucha prosperidad particularmente en el norte y en el centro del país con enormes industrias; con una porción cada vez más importante de la planta automotriz que abastece a Estados Unidos; con una derrama salarial, etcétera, etcétera. Es decir, la agroexportación ya como parte de los canales que proveen a ese país.

-Pero está la otra cara de la moneda, ¿no?

-Por otro lado, también hay que decirlo, pues sí, en estos tiempos electorales nos convertimos en la piñata para golpear.

-¿Por qué?

-Porque es el discurso preferido de los candidatos conservadores que avivan, igual que en Europa y, sobre esa lógica han crecido también los partidos fascistas de ultraderecha; avivan, repito, los temores del ciudadano común diciendo: van a venir del sur y te van a quitar el empleo y van a violar a tu hija y van a asaltarte en lo oscuro, etcétera, etcétera, con clichés que son muy parciales, muy fragmentados y, en el fondo, pues, injustos.

-¿En qué sentido injustos?

-Porque en este momento ya hay problemas de empleo. No hay suficiente fuerza de obra y mucho menos aquella que viene a trabajarles por salarios que los obreros tradicionales norteamericanos no aceptarían. Por no hablar de los muchos otros aportes que hacen nuestros pueblos, porque ya no solo se trata de México, sino de Centroamérica y, en realidad, de toda América Latina.

-Ante esa Norteamérica “supremacista” tan cercana al Ku Klux Klan, ¿cómo operan figuras populares hoy como, por ejemplo, Messi, provocando una revolución desde la Florida, o Checo Pérez en la Fórmula 1? ¿Contribuyen a ablandar la situación o no pasa nada?

-Yo creo que sí, porque, en el fondo, se tiene que recurrir mucho a la ignorancia de este votante asustado, que es engañado muy fácilmente con visiones muy fragmentadas.

-Envuelto en un temor elemental.

-Hay por ahí una película muy chusca que hizo el artista y director Sergio Arau, Un día sin mexicanos.

-¡Qué título tan sugestivo!

-Es una ficción acerca de qué pasaría si un día no hay mexicanos en Estados Unidos. Pues resulta que los restaurantes colapsan porque la mitad del personal de las cocinas allí son de origen latino. Las obras de albañilería, de jardinería; las mucamas que cuidan el servicio doméstico de muchas casas, todos ellos son evidentemente latinos. Las señoras ricas se desquician porque no llegó el apoyo doméstico, etcétera (risas).

-¡Una catástrofe! En Europa debe suceder algo similar, ¿no?

-En Europa, para una clase media alta, incluso para los ricos, es prohibitivo contratar servicio doméstico. En Estados Unidos, absolutamente toda señora acomodada de California tiene el jardinero, la que cuida a los bebés, la que viene a limpiar a diario o varias veces a la semana, etcétera. Eso es por hablar solo de lo más de pedestre, que es la fuerza de trabajo.

-Claro, la interrelación es muchísimo más amplia.

-La influencia que tiene en la cultura, en el deporte, como bien dices, y en la mezcla de razas, en el fondo es el gran mensaje hacia la cultura norteamericana: el pot, la cazuela que se ha hecho ahí. Este es el gran atractivo de esa sociedad siempre móvil.

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"El latino ha sabido incorporarse a la cultura latinoamericana", dice Zepeda.

"El latino ha sabido incorporarse a la cultura latinoamericana", dice Zepeda.

-Lo interesante de tu novela es que se establecen discusiones entre los protagonistas sobre este punto. Uno de ellos, incluso, docente universitario, admite las bondades del crisol de razas, pero dice que el guiso ya se está pasando de punto, que es demasiado.

-(Sonríe) Ese es el tema aquí. Me parece a mí que la incorporación latina, por ejemplo, en Estados Unidos, ha sido infinitamente más generosa que su equivalente en Estados Unidos.

-¿Por qué?

-Porque el latino ha sabido muy bien incorporarse a esa cultura norteamericana aportando cosas, pero no negándose a ella. Es decir, la segunda generación ya está hablando inglés y operando mucho con los criterios anglosajones; poniéndole, además, un poco de picardía, si se quiere, y de sabor latino.

-Volvamos Europa. ¿Cómo es el asunto ahí?

-El problema allí es que han sido guetos de árabes o africanos que no renuncian a usos y costumbres, religión, idiomas, que en muchos sentidos entran a contrapelo de la cultura predominante europea. No digo que sea un problema insalvable. Simplemente digo que, en realidad, esta inmersión latina en Estados Unidos lejos de ser caótica o disruptiva, ha sido en realidad una influencia muy aportadora en muchas direcciones.

-Ahora bien, la falta de mexicanos también se nota en tu novela cuando hasta el candidato a presidente reconoce en uno de sus tuitazos: “Que me perdonen Pancho, Lupita y José, pero desde que los despedí ceno sin el miedo de que esas enchiladas sean la última comida de mi vida”.

-(Ríe) Claro. Es que la cosa ya está absolutamente entrelazada, por no hablar de la frontera.

-La frontera, ¡qué tema para ustedes!

-La frontera es casi un tercer país en el sentido de que muchas de las ciudades estadounidenses del otro lado como San Diego o El Paso, en Tejas, viven en una relación simbiótica con su contraparte, como Ciudad Juárez, Tijuana, etcétera. Ya son unidades imposibles de divorciar porque mucha gente transmuta todos los días. Por ejemplo, ellos vienen al dentista del lado mexicano porque es más barato. En fin, son unidades y tienen vida propia.

-Una unidad indisoluble, en definitiva.

-En ese sentido, pues sí, es casi un tercer país ahí, con sus propias lógicas.

-Dada esa experiencia, ¿por qué hay tanta resistencia?

-Para los estadounidenses es muy cómodo decir: sí queremos tratado de libre comercio. O sea, sí queremos el territorio mexicano para producir como si fuera territorio estadounidense; y que puedan pasar los insumos y luego el producto final como si estuviera en Kansas City. Eso nos encanta, ¡pero ustedes no vengan!

-Una total falta de reciprocidad.

-Nos integramos en lo que nos conviene, dicen, pero no nos integramos en lo otro. Es absolutamente absurdo. Pero, ya a estas alturas, tampoco puede detenerse. Son cuarenta millones de personas en Estados Unidos de origen mexicano. Y si abrimos a latinos, se amplía.

-Incontestable.

-Ya no se trata de la cultura norteamericana y los latinos. Ya lo norteamericano es también latino. Es afroamericano, es judío, es italiano, etcétera, etcétera.

-Para nosotros, los argentinos, como llegamos por avión, nuestra puerta de entrada principal a Estados Unidos es Miami. ¿Para ustedes, los mexicanos, cuál es esa puerta?

-Son, prácticamente, los tres mil kilómetros. Depende un poco de la porosidad que tengan y eso va cambiando. Está todo Tejas, que sería la parte del Atlántico del Golfo de México; Tamaulipas y Nuevo León, para México. Hay muchísimo.

-¿Y en la otra costa?

-En California, que es la costa del Pacífico, por Tijuana y por Sonora se penetra todo el tiempo. Como decía, va variando según las boyas que ponen y las electrificaciones. Sin embargo, no importa que el muro sea de cuarenta metros. Van a hacer un túnel, van a ser un hoyo, van a hacer una escalera más alta. Es imposible parar esta simbiosis de la que estamos hablando.

-Tu novela, decíamos, avanza a golpe de tuitazos de Dan Thompson, de agitación en las redes y de noticias falsas. Vos has dicho que el mejor antibiótico contra todo eso es el periodismo serio. Ahora bien, el problema es que las teorías conspirativas y las fake news son mucho más atractivas para el gran público. ¿Cómo lidiamos con eso?

-Ese es un tema, en efecto, con el que vamos a tener que vivir de una manera u otra porque no le encontramos solución a corto plazo. Es decir, hablamos de la pseudoinformación, la información entretenimiento. Muchos jóvenes, mucha gente, entra a Twitter o a cualquier línea de redes sociales para entretenerse un rato.

-De manera más bien pasatista, claro.

-No está realmente buscando una información de fondo porque, si te topas con un análisis que da cuenta de los problemas de agua que vamos a tener dentro de 15 años y no hacemos algo hoy, en este momento, es anticlimática. Es decir, es aburrida. ¿A quién le interesa?

-Tal cual, lamentablemente.

-En cambio, una nota incendiaria, especulativa y probablemente falsa sobre lo que un diputado o el gobernador tal hizo el viernes en la noche, es entretenimiento. Y no hay realmente antídoto contra eso porque tampoco queremos una autoridad o un estado autoritario que decida qué podemos ver y qué no ver.

-De todos modos, no nos queda mucho margen para elegir.

-En efecto, el antídoto es el buen periodismo y la posibilidad de exhibir estas noticias falsas y perversas. Mucho de eso es la novela.

-El expresidente de tu libro, decís, puede ser un Donald Trump o un Bolsonaro. Nosotros, en Argentina, tenemos nuestro propio Bolsonaro, que es Javier Milei, a quien justamente ha venido a entrevistar Tucker Carlson, un periodista muy notorio de la Fox, ligado a las noticias falsas en la órbita de Trump. Este personaje confirma la teoría de tu libro, ¿no?

-Sí, porque se refuerzan, se buscan mutuamente en la contraparte de estos políticos fanfarrones, simplistas, que construyen lemas mercadotécnicos en lugar de propuestas; que apelan a los resentimientos, al odio, a los miedos de la población, no con propuestas racionales sino esencialmente emocionales que se alimentan del cliché.

-Con sus voceros respectivos.

-En la contraparte están estos periodistas vociferantes a los que no les importa en ningún sentido comprobar una información, darle contexto, sino simplemente jalar aquello que es escandalizante, llamativo; además, de cara a una agenda oculta, que es la de favorecer la entronización, el escalamiento de estos personajes como los Bolsonaro, los Trump del mundo.

-¿Y respecto de lo que está ocurriendo en la Argentina?

-Convengamos que estamos un poco asustados en el resto de América Latina de lo que estamos viendo justamente con este personaje en Argentina.

-Por eso mismo, resulta muy interesante conocer tu opinión, desde México, acerca de Milei.

-Cualquier cosa que diga, espero no ser irrespetuoso porque obviamente es a la distancia, solo con la información que los medios internacionales pueden darnos acá de lo que está sucediendo allá. Entonces, presento esta disculpa de antemano sobre las sensaciones que se tienen porque, también es cierto, lo que seguramente trascienden son solo las frases más escandalizantes de este personaje, que tiene lo suyo, hay que decir.

-¿Qué es lo que más te llama la atención?

-De entrada, parecería que recuerda mucho, en efecto, a Trump.

-¿En qué sentido?

-Uno veía frases de Trump y pensaba: es imposible que alguien que piense y diga esto pueda llegar a la presidencia, a la Casa Blanca. Y, bueno, la moraleja es que llegó.

-Eso. Pasamos por procesos similares.

-Y algunas frases de él ahora nos dejan helados, porque parecería que nuestras sociedades, cada vez más complejas, pero también cada vez más maduras, ya habían dejado atrás planteamientos tan cínicos, tan simplistas y tan duros.

-Pero, además, no solo es que Trump pudo llegar a la Casa Blanca, sino que probablemente lo intente otra vez y lo vuelva a hacer, ¿no?

-Sin duda va a ser el candidato republicano. Hizo trizas a todos, a pesar de estar en un proceso jurídico penal. A pesar de todo lo que vimos. Son los enormes misterios y preocupaciones de la construcción de opinión pública en nuestros días con todo esto de las redes sociales, la desinformación, etcétera.

-¿En qué lo estás viendo?

-En el sentido de una clase obrera, tradicional, de Estados Unidos votando por un millonario de la élite neoyorquina, al que nunca le ha interesado en absoluto cualquier visión social, proyecto social, los sectores desprotegidos, la pobreza, etcétera. Aun así, lo pueden ver como su candidato. Es uno de los grandes misterios.

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-Alguna razón de peso habrá.

-Hay una explicación y remite a esto de los odios, el pensar: “A ti, obrero de Detroit, te quitaron tu empleo estos del sur que vienen y trabajan por tres pesos”.

-La conocida arenga antiinmigratoria…

-En realidad esto tiene que ver más bien con la tecnología y los cambios de la inteligencia artificial, etcétera. Entonces, pues, sí, es absurdo cómo opera esto y nos da temor un poco que la muy querida y admirada Argentina, que siempre ha sido un referente en tantas cosas para América Latina; contraparte, con México y Brasil, de los motores que jalonean a nuestro continente, de repente caiga en manos de eso.

-Ustedes también están viviendo un proceso electoral fascinante. Por primera vez habrá una presidenta mujer en México que, para muchos, es el país de los machotes revolucionarios con bigotazos.

-(Ríe) Eso es prácticamente una certeza, dices bien, porque las dos grandes fuerzas políticas que se disputarán los comicios en el verano del año que entra, en junio, son tal cual ya elegidas. Sus abanderadas son dos mujeres.

-¿Cómo viene la competencia?

-Quedará entre una de las dos, muy probablemente la del partido en el poder, que lleva mucha ventaja en la intención de voto, aunque faltan nueve meses. Claudia Sheinbaum, se llama. O Xóchitl Gálvez, que es la del otro lado.

-¿Y cómo está repercutiendo todo esto en tu país?

-Pienso que la opinión pública lo está viendo con mucho entusiasmo porque las dos abanderadas resultaron de un proceso de consulta interna, de una especie de primaria, a través de sondeos y encuestas. Las dos eran las más populares y vencieron. Dejaron en el camino a mucho varón, a todos los contrincantes masculinos. Incluso algunas de las finalistas eran también mujeres.

-¿Cómo interpretar toda esta auspiciosa novedad?

-Está claro lo que está sucediendo. Hay diez gobernadoras mujeres. En este momento las principales instituciones del poder público ya están dirigidas por mujeres: la Suprema Corte, el Banco Central, la autoridad electoral, etcétera, etcétera.

-O sea que se trata de toda una tendencia progresiva.

-Es interesante. La gente, el ciudadano de la calle ya quiere mujeres. Una mujer en la presidencia. Está claro. La gran pregunta, y tienes toda la razón, es: los hombres fuertes de este país, ¿cómo van a reaccionar? Es decir, los generales, los grandes dueños del dinero, los empresarios, que son masculinos; los líderes sindicales tradicionales; los factores del poder real, digamos. ¿Querrán ningunearla? ¿La verán en menos?

-Una verdadera pregunta en profundidad.

-Hay un político mexicano que dice: allá donde toco y está blandito, empujo.

-(Risas) ¡Bien machote!

-Bien machote, claro. Es como como decir: si encuentro poca resistencia, ¡hasta el fondo! Lo dice refiriéndose tal cual a las relaciones con otros actores. Y todos van a tratar de calar a la presidenta cuando ocupe la silla para ver si está blandito y empujar hasta el fondo, ¿no?

-¿Cuáles son tus expectativas sobre este particular?

-Veremos las cualidades personales de quien ocupe ese lugar para responder a ello. Yo tengo confianza en que el apoyo popular dará para responder a estos hombres fuertes, que tendrán que acostumbrarse.

-Estos gobiernos oscilantes entre la derecha y la izquierda, como pasó, por ejemplo, en México, con Peña Nieto y López Obrador; en Chile, con Piñeira y Boric; en Brasil, con Bolsonaro y Lula; probablemente en Argentina también, ¿no impiden que se logre un punto medio que contribuya al conjunto?

-Sí. Yo creo que suceden un poco las dos cosas. Es cierto que mucha de nuestra evolución política es pendular en nuestros países. Y eso es un reflejo de que no hay fórmulas mágicas, en verdad. Es decir, el mundo está en procesos de tirones y jalones. Todos apostaron por la globalización como la gran panacea del mundo y el mundo se metió a ella con China integrándose a los mercados y abriendo grandes espacios de libre comercio, etcétera.

-¿Y ahora qué?

-Ahora estamos, desde hace unos cinco, seis, ocho años, viviendo una especie de cruda (resaca) frente a ello. Las muchas deficiencias, los déficits que dejó esta globalización que ahora descubrimos, creó grandes desigualdades geográficas, sociales. Favoreció a unos, pero perjudicó a otros. Destrozó las industrias tradicionales en nuestros países. Etcétera, etcétera.

-Un verdadero tsunami, en algún sentido.

-Produjo todas esas oleadas de migrantes que no encuentran en su país lo suficiente para sobrevivir. En Europa, por ejemplo, el brexit es una reacción de otro lado para responder a esa globalización. O sea, no nos benefició, dicen: mejor, nos encerramos, los ingleses.

-Pese a todo, es el mundo que nos toca vivir.

-Hay un poco de las dos tendencias presentes. Evidentemente nadie puede renunciar a la globalización, entendida como una creciente integración del mundo. Pero, de repente nos damos cuenta de que le teníamos que poner reglas a esto porque, si no, destroza a todos los que no están en condición ventajosa para insertarse.

-¿Cuál sería la respuesta más correcta posible, entonces?

-Ponerle reglas nos lleva a un terreno muy ambiguo: cómo, hasta dónde, etcétera. Y ahí entra lo pendular, de ensayar por aquí y ensayar por allá.

-Pero no nos queda otra que ensayar…

-Dicho lo anterior, esta pendulación también tiene muchos límites porque, por ejemplo, entra Donald Trump al poder y la mitad de lo que dijo que iba a hacer no lo pudo hacer porque, en realidad, ni el poder presidencial es tan vasto, en la medida en que hoy vivimos un mundo integrado y, al final, los chicos están en un iPhone y están vinculados la mitad del tiempo a cosas que ni se determinan en Argentina ni se determinan en México ni se determinan en Estados Unidos.

-O sea, un mundo chico y achicado a la vez.

-Por todos estos contenidos de culturas internacionales, con niveles de consumo globales que son imparables. Entonces, a diferencia de hace cincuenta años, los estados nacionales pueden regir una parte de la vida de los ciudadanos, pero hay muchas otras cosas que ya escapan incluso a su control.

-No todos terminan de entenderlo.

-Por no hablar de lo económico y los bancos internacionales, de los fondos de inversión que hoy en día son casi dueños de buena parte de nuestras economías. Y son entidades abstractas que no tienen un Rockefeller con el cual uno diga: oye, esto sí o esto no. Por lo tanto, sí, son procesos muy complejos.

-Habrá que seguir la ruta, con la mayor atención posible.

-Mientras estas pendulaciones no nos pongan en riesgo o no adquieran modalidades caricaturescas que vayan a generar autoritarismos insoportables. O, del otro lado, irresponsabilidades absolutas con respecto al mundo porque, en este momento, ya no es posible que un país diga: “No me parece, yo tomo mis propias decisiones y adiós al mundo”.

-Nos pregunta un oyente si viste la película Bardo, de González Iñárritu, donde un periodista tiene el protagonismo. Le interesa tu opinión.

-Sí, claro, la vi. No quedé tan contento, la verdad, quizá por ser yo mismo periodista. Encuentra uno muchas situaciones falaces o inverosímiles. Tiene una visión interesante y siempre atractiva porque maneja muy bien muchas cosas, pero a veces es como muy autocomplaciente.

-Para cerrar, se ve que te gustan las mujeres picantes y fuertes, porque nosotros te conocimos gracias a tu novela que ganó el Premio Planeta, Milena o el fémur más bello del mundo. Ahora, tu Penélope tiene algo de Milena, ¿no?

-Sí, están todos enamorados de Penélope, de la que hemos hablado poco. Es una mujer, hija de un noruego y de una mexicana. Como hereda físicamente los genes del padre, es una vikinga alta, rubia, guapa, pero con el corazón latino.

-Una combinación, en la novela, irresistible.

-Ella habla el español de su madre mexicana, desde la infancia. Y esa circunstancia no es anecdótica, porque le permite que los anglosajones la vean como uno de ellos cuando, en realidad, ella tiene mucha de sus identidades latinas.

-Lo cual le abre puertas inesperadas.

-Claro. Gracias a esas ambigüedades es que ella puede enterarse, para entrar en la naturaleza de la novela, del enorme complot, perverso, que estos cuartos de guerra han craneado, han pensado para lastimar a los latinos y encumbrar a su candidato. En resumen, ella tiene un lugar privilegiado justamente por esta ambigüedad.

-Explicanos el “dilema” de Penélope.

-El dilema de Penélope, que es el título de la novela, es: ¿qué voy a hacer yo con esto? ¡Está en marcha esta operación! ¿Cómo puedo resolverla o hacer algo al respecto? ¿O mejor lo ignoro y no pongo en riesgo mi vida?

-El asunto de la conspiración contra los latinos tiene una resolución, pero en cuanto a la parte afectiva de los protagonistas, quedan todos los hilos sueltos. Como que has dejado abierta la historia para una posible continuación.

-Esta es también una historia de amor en el contexto de las enormes contradicciones que trato de construir también con claroscuros. Sin soluciones fáciles. Porque, en el fondo, así son.

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