Nicolás Bossié (32) salió este viernes de la cárcel. Pasó seis meses preso en Mali (África Occidental) y durante la mayor parte de este tiempo estuvo en celdas junto a 20 o 30 reclusos, comiendo una especie de polenta o arroz sin condimentos, incomunicado.
Liberaron al argentino preso en Mali después de medio año y con ayuda de lectores de UNO
Lo detuvieron el 19 de mayo. Había ingresado a tierras malienses desde Senegal, como parte de un viaje alrededor del mundo que comenzó hace una década.
Nicolás, nacido en Mercedes (prov. de Buenos Aires), fue acusado por no tener el pasaporte al día -lo que por aquellas latitudes es considerado un delito penal- y por "vagabundeo". Y no había perspectivas de que lo soltaran.
Su familia, desesperada, intentó que Cancillería agilizara los trámites para que el muchacho recuperara la libertad. Algo complicado, porque Argentina no posee embajada en Mali.
Para enredar aún más las cosas, Nicolás ni siquiera estaba en Bamako, sino en la región de Kayes, a 510 kilómetros de la capital maliense.
El 28 de agosto, día de su cumpleaños, todavía estaba tras las rejas. Su madre le mandó este video para darle ánimo:
Los días pasaban y Nicolás seguía sin conseguir abogado y sin poder hablar con casi nadie. En los penales de Mali cada preso tiene que conseguir sus alimentos, y al no tener contacto con el exterior el argentino tuvo que rebuscárselas como pudo.
Desde Cancillería se justificaron recordando que era difícil garantizar la seguridad de los diplomáticos que fueran hasta Kayes o Bamako -aunque finalmente enviaron una comitiva-. De todas maneras, no se veían avances.
Entonces Karina, una tía de Nico que vive en Mendoza, decidió acudir a los medios. Diario UNO contó la historia y la noticia se difundió en periódicos, radios y canales de todo el país.
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Los héroes anónimos y una nota del diario
Una noche cualquiera en la redacción. Entre el tecleo de los pocos periodistas que quedaban frente a sus máquinas, se escuchó la voz de Fabricio, a cargo de las redes a esa hora en que da la impresión de que la jornada ya no ofreciera más novedades.
-Che, miren esto- dijo Fabricio, y empezó a leer el mensaje de una lectora de Diario UNO.
La mujer explicaba que era argentina pero vivía junto a su familia en África Occidental, que no quería darse a conocer públicamente pero que era parte de una red de gente que podía colaborar. Al otro día se sumó otro hombre, que también era argentino, tenía contactos y quería ayudar.
Parecía una historia novelesca. O televisiva, al estilo de Los Simuladores. Igual desde este diario pusimos en contacto a la familia de Nicolás con los misteriosos personajes. A lo mejor servía.
Sirvió. Sin pedir nada a cambio, sin quejarse ni sermonear, estos lectores anónimos pusieron manos a la obra para resolver un problema que estaba ocurriendo a miles de kilómetros.
Le consiguieron un abogado a Nicolás. Consiguieron que se contactara con su familia. Más tarde, Nicolás fue trasladado a Bamako y hubo reuniones de representantes argentinos con el Ministerio de Justicia de Mali.
En la madrugada del miércoles pasado un dato nuevo trajo esperanza a la familia de Nico, que tampoco había dejado de moverse: la Justicia maliense había aceptado darle la libertad condicional al detenido si un garante de ese país asumía la responsabilidad por sus actos una vez que saliera del cautiverio.
Así fue como Nicolás Bossié volvió a sentir el aroma inconfundible de la libertad. Fue llevado a una casa donde -otra vez- personas que no buscan figurar en ningún lado lo alojarán hasta que comience el juicio.
Este no es el final de la historia. Pero está claro que lo que empieza a partir de ahora es un capítulo mucho menos doloroso que el que acaba de terminar.
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Palabras de alguien que prefirió no ser nombrada
Una de las personas que ayudó a Nicolás comentó por qué lo habían hecho, con la condición de que no aparezca aquí su nombre ni el lugar de África donde vive.
"Lo hicimos porque creemos en Dios y en el principio de amar al prójimo -expresó-. Es tan simple y el ser humano lo hace tan difícil. Se le presta atención a asuntos económicos antes de mirar la condición del ser humano que tenemos enfrente".
Y agregó: "A veces esos actos buenos que hacemos parecen una gota de agua en el mar, pero esas gotas son necesarias para que el mar exista. La vida, después de todo, no es un regateo. Se trata de dar. Dar amor, abrazos, miradas de afecto. Quedarse al lado de alguien que está a punto de morir. Eso puede marcar la diferencia para quien tenemos al lado".
"Jesús nos llena de amor para que no se agote jamás y así poder ayudar, amar, sanar corazones heridos, acompañar a los desesperados y en fin, ser el buen samaritano. Sin títulos, sin reconocimientos y sin tantos protocolos", cerró la mujer.





