Al bajar del complejo fronterizo Los Libertadores, después de atravesar el túnel Cristo Redentor y la ruta con curvas pronunciadas, el primer asentamiento que encuentran los viajeros en territorio chileno es un pequeño pueblo precordillerano. Este lugar se ubica a unos 30 kilómetros del paso, en la comuna de Los Andes, y sirve como punto de llegada práctico para quienes vienen desde Mendoza.
El pueblo cuenta con servicios básicos esenciales para reponer fuerzas tras el burocrático paso a Chile, como una estación de servicio que permite cargar combustible, algo muy valorado ya que es la primera opción confiable en el costado trasandino. El entorno montañoso, con vistas al valle del río Aconcagua, ofrece un cambio inmediato de paisaje tras la altura del paso.
El primer pueblo tras el paso a Chile
El pueblo de Río Blanco destaca por su presencia militar histórica, ya que alberga la Escuela de Montaña del Ejército de Chile, instalada desde 1954. Esta unidad forma especialistas en operaciones de alta montaña, como cazadores andinos, y realiza cursos exigentes en técnicas de supervivencia, escalada y combate en entornos extremos. La escuela no solo capacita a personal del Ejército, sino que también colabora con la comunidad local en actividades cívico-militares, como operativos de limpieza y apoyo en temas de salud o recreación. Su cuartel es un referente en la zona y contribuye a la identidad del lugar como punto estratégico en la precordillera.
Otro elemento que facilita la estadía es la existencia de opciones de alojamiento, incluyendo un hotel y refugios o cabañas en los alrededores del pueblo . Estos establecimientos ofrecen hospedaje sencillo pero cómodo, ideal para descansar después del viaje largo o para quienes planean quedarse unos días explorando la cordillera. Muchos visitantes aprovechan para pernoctar aquí antes de continuar.
Una de las actividades más populares en el pueblo son las cabalgatas, que se organizan en la zona gracias a la Reserva Nacional Río Blanco y los senderos naturales cercanos. Estas excursiones a caballo permiten recorrer paisajes andinos, observar flora y fauna local, y disfrutar de vistas al río y las cumbres. Es una opción atractiva para turistas que buscan experiencias al aire libre, como senderismo, ciclismo de montaña o fotografía, en un entorno de transición entre estepa y bosque esclerófilo. La reserva, aunque no siempre abierta al público masivo, es idónea para estas prácticas.
El pueblo mantiene un carácter rural y tranquilo, con una estación histórica del antiguo Ferrocarril Trasandino (declarada Monumento Histórico), negocios locales para abastecimiento y un ambiente familiar. No es un destino turístico masivo, pero su ubicación lo convierte en parada obligada para camioneros, viajeros en auto y deportistas que se dirigen a Portillo o más allá. La combinación de servicios prácticos y entorno natural lo hace funcional para el tránsito internacional.

