Las baterías suponen la mayor ventaja y el principal riesgo de un submarino convencional, es decir, no nuclear, señala el especialista en cuestiones navales José Cervera, bloguero de la Radio y Televisión de España (RTVE). Diseñadas para almacenar la enorme cantidad de energía necesaria para propulsar un submarino a velocidades de hasta 25 nudos (46 km/h) debajo del agua, las 960 que lleva el ARA "San Juan", un submarino alemán modelo TR/1700, son en versiones monstruosamente grandes de la batería de un auto. Es decir, que son baterías de plomo con electrolito ácido, aunque con muchas más células y una potencia mucho mayor. Si son sometidas a una exigencia excesiva, las baterías pueden liberar hidrógeno y degradar la estabilidad de los electrodos. En estas circunstancias, se puede producir una explosión. Como toda batería, contienen ácido sulfúrico. A su vez, el peso del plomo de las carcazas de las baterías, que se instalan en la parte inferior del casco, ayuda a lastrar y estabilizar el submarino. Las baterías se inventaron en 185. Solo recientemente han empezado a ser sustituidas por modelos más modernos, como las baterías de ión de litio, que propulsan a los submarinos japoneses de la clase "Soryu". Paradójicamente, estos modelos avanzados se consideran más susceptibles de explosión que las clásicas baterías que usan los demás submarinos.
Las baterías en un submarino, la gran ventaja y el mayor peligro
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