La provincia de Mendoza, una de las más importantes de la Argentina por su producción vitivinícola y su imponente cordillera, guarda en su nombre una historia que mezcla raíces vascas y un homenaje político de la época colonial. Sin embargo, tienen algo que la hace muy especial: sus acequias.
Estos canales de riego no son solo infraestructura y dueñas de risas por un par de caídas en ellas, sino que son un patrimonio cultural y productivo que permitió a la provincia dejar de ser un árido valle para convertirse en un oasis agrícola y vitivinícola.
Las acequias mendocinas: un sistema "alienígena" para los turistas y únicas en el mundo
Las acequias mendocinas son dueñas de mucha historia. No solo historia de la posta, sino, algunas un poco más cómicas de la vida diaria. Son el lugar donde muchos amigos comparten una gaseosa, donde los niños y adultos remojaban sus pies al paso de su agua e incluso, conocen de memoria las caídas de personas despistadas.
La acequia es parte del ADN mendocino. Calle, cordón, acequia y vereda, algo normal para cualquier mendocino que fue a comprar tortitas raspadas. Sin embargo, no es algo habitual para los visitantes. Aunque sí son habituales los porrazos de los turistas que, al cruzar la calle, olvidan su existencia y dan un paso hacia adelante confiados plenamente y encuentran estabilidad un metro más debajo de lo calculado.
Pese a ser admiradas por momentos e insultadas por otros, no todas las personas saben exactamente su funcionalidad. Básicamente las acequias son canales prolongados que atraviesan toda la ciudad de Mendoza, hacia la zona rural y toman el agua de deshielo.
Sin esta creación huarpe preexistente a la llegada de los conquistadores españoles a mediados del siglo XVI, la agricultura y el verde que caracteriza la ciudad serían prácticamente imposibles. Gracias a ellas, el agua de montaña se distribuye para que miles de hectáreas con vides, fincas y frutales prosperen donde, de otro modo, solo habría desierto.
Durante más de trescientos años las acequias tuvieron esas funciones, proveer en un primer momento agua potable a las casas de la joven ciudad y también para el riego de patios y huertas familiares. Sin embargo, a partir de 1872 se rediseñó el sistema, proponiéndose el método actual de cunetas paralelas a la calzada.
A diferencia de otros lugares donde sistemas similares desaparecieron con la urbanización, en Mendoza y en otras provincias como San Juan, La Rioja, Catamarca y Salta, las acequias siguen vigentes y funcionales, aunque ahora en vez de corrientes de agua, tristemente se suelen ver rebalsadas culpa de la basura, desperdicios y residuos que la misma gente tira en ellas, como un contenedor de basura.
Origen del nombre "Acequia"
La palabra acequia es de origen árabe ssáquya, que a su vez deriva del árabe clásico as-saqiya que significa "la que da de beber" o "irrigadora". Proviene del verbo saqà, que significa "dar de beber" o "regar".



