Ecos del temporal

La tormenta histórica y el drama de Marita, vecina de un barrio olvidado

Marita vive en el barrio Los Valientes de David. El agua llegó hasta la mitad de su casa y perdió todo. La tormenta más allá de los videos virales

Este viernes, cuando el agua llegó hasta la mitad de su casa, María de los Ángeles Avendaño, Marita, entendió que esta vez no se trataba de una lluvia más. El agua avanzó sin pedir permiso, se metió por cada rincón, empapó colchones, frazadas, camas, ropa y el poco mobiliario que tiene. No dejó nada seco.

“Mojó todo lo que tengo”, repite, como si al decirlo pudiera dimensionar el desastre. Vive en Guaymallén, en la zona de Puente de Hierro, entre las calles San Miguel y Mauricio Grenón de Los Corralitos, un asentamiento conocido hoy como barrio Los Valientes de David.

Allí, donde las casas son de nailon, cartón prensado, madera y chapa, la tormenta del viernes fue devastadora. No solo por la cantidad de agua caída -una de las más intensas que se recuerdan en Mendoza en las últimas tres décadas- sino porque volvió a exponer, con brutal claridad, la vulnerabilidad extrema de cientos de familias que viven a la intemperie.

marita foto principal
Marita necesita mantas y una heladera. La tormenta la dejó sin nada.

Marita necesita mantas y una heladera. La tormenta la dejó sin nada.

María de los Ángeles vive allí desde hace tres años junto a su esposo, Brian Lozano, y sus hijos Cristian y Melody. Cristian tiene discapacidad severa. “Mi hijo tiene cuatro discapacidades, un 90% de discapacidad: enanismo severo, displasia muscular, obesidad mórbida y retraso mental”, explica.

En esas condiciones, atravesar una noche sin servicios, con la casa inundada y sin agua potable no es solo una emergencia climática: es una situación límite.

La lluvia hizo estragos en todo el barrio. Voló nailons que oficiaban de techos, rompió cierres precarios, inundó viviendas completas y convirtió las calles de tierra en un barrial intransitable. El agua ingresó a las casas y, con ella, la contaminación. “Ensució todo lo que es el agua que usamos. Nosotros no tenemos agua potable. Acá viene un camión del municipio dos veces por semana, martes y viernes, y muchas veces ni siquiera llega”, relata.

Después de la tormenta, el camión no pudo entrar. Como ocurre cada vez que llueve fuerte, el barrio quedó aislado y sin posibilidad de salir. “Tenemos que esperar horas o días para tener aunque sea un vaso de agua. Esa agua se hierve para tomarla. Sirve para lavar, para bañarse, pero para tomar no sirve. Y aún así, muchas veces tenemos que tomarla igual”, dice.

casa de marita rodeo del medio
El habitáculo donde vive la familia. Necesitan ayuda y dejaron su alias para quienes deseen colaborar.

El habitáculo donde vive la familia. Necesitan ayuda y dejaron su alias para quienes deseen colaborar.

Los Valientes de David -antes conocido como barrio Grilli- es un asentamiento levantado sobre terrenos fiscales. No hay cloacas, no hay red de agua potable. “No es porque queremos vivir así. No nos queda otra”, aclara María de los Ángeles.

Las consecuencias se agravan con cada tormenta. En el barrio viven muchos niños pequeños, personas mayores y personas con discapacidad. La mayoría de los adultos trabaja en negro, en changas, y cuando llueve fuerte no pueden salir a trabajar. El agua no solo se lleva lo poco que tienen: también se lleva el ingreso diario.

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María de los Angeles Avendaño, Marita, vive en Puente de Hierro, Guaymallén, en condiciones muy humildes. Necesita el apoyo de la comunidad.

María de los Angeles Avendaño, Marita, vive en Puente de Hierro, Guaymallén, en condiciones muy humildes. Necesita el apoyo de la comunidad.

Las casas, en su mayoría, están hechas de materiales reciclados o descartados: cartón prensado, nailon, madera, chapas viejas. Algunas familias pudieron levantar algo más firme, pero son las menos. Muchos ni siquiera tienen baño. Usan pozos ciegos improvisados, cisternas hechas a mano con lo que hay. Todo eso colapsa cuando llueve como el viernes.

La ayuda oficial, cuenta María de los Ángeles, llega de forma limitada. “Te dan un bolsón de mercadería al mes, a veces un nailon, un colchón o una frazada cuando llueve. Pero nada más. Después te dicen que no se puede hacer nada porque son terrenos fiscales, tomados, usurpados”, explica. La falta de papeles se convierte en un límite infranqueable para cualquier solución de fondo.

"Somos familias que sufrimos las consecuencias cuando llueve de este modo"

Mientras tanto, las familias siguen allí. Porque no tienen otra opción. “No vivimos así porque queremos. Somos mamás, somos papás, somos familias con muchos chicos que necesitan agua, un baño. Sufrimos las consecuencias cuando llueve así. Yo tengo un hijo con discapacidad. ¿Cómo hago?”, se pregunta.

La tormenta del viernes dejó al descubierto una realidad que se repite desde hace años, pero que solo parece volverse visible cuando ocurre una inclemencia climática. Mendoza vivió un fenómeno histórico, con lluvias intensas que causaron inundaciones en distintos puntos de la provincia. Pero en los barrios más humildes, el impacto fue infinitamente mayor. Allí no hay desagües, ni infraestructura, ni margen de resistencia.

En Los Valientes de David, la lluvia no fue solo agua: fue pérdida, angustia y abandono. Fue pasar la noche con el miedo de que el agua siguiera subiendo. Fue levantar colchones empapados al amanecer y no saber por dónde empezar. Fue hervir agua turbia para poder tomar algo caliente.

María de los Ángeles habla por ella, pero también por sus vecinos. Por las familias que quedaron sin techo, por los chicos que durmieron mojados, por los ancianos que no pudieron salir de sus casas. “Lo único que pedimos es vivir como corresponde”, dice.

Mientras tanto, el barrio espera. Espera que el agua baje, que el camión vuelva a entrar, que alguien mire más allá del carácter “fiscal” del terreno y vea a las personas. Porque detrás de cada casa de nailon hay una historia, y detrás de cada tormenta, un drama que se repite.

“Es la manera en que nos toca vivir. Necesitamos ayuda”

María de los Ángeles llora. Aclara una y otra vez que nadie elige vivir así: no quieren que cada tormenta se convierta en una amenaza para sus hijos. El miedo es constante: que el techo de nailon salga volando, que el cierre se caiga, que las paredes cedan. “Tenemos derechos”, reclama.

“Queremos que este barrio se conozca, que sepan que existimos”, insiste. Cuenta que cuando llueve se mojan los colchones, las frazadas, la mercadería, y que nadie alcanza a ayudar. La lluvia corta el trabajo en las fincas, no hay ingresos y tampoco hay comida. “Estamos en tierra de nadie”, resume. La ayuda oficial, asegura, se limita a un bolsón de mercadería, un nailon o un colchón. La respuesta siempre es la misma: son terrenos fiscales. “Esa es la excusa”, dice.

Cómo ayudar a esta familia que sufrió la inundación

Mercado Pago

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Transferencia bancaria

Alias: maria.951.agudo.mp

CVU: 0000003100002224322564

Titular: María de los Ángeles Avendaño Pereira