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La Terre: la historia de una recuperación y una amenaza de remate

La fábrica, recuperada y administrada por los trabajadores de la Cooperativa La Terre, atraviesa horas clave. La Justicia debe definir si avala el remate

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Con la mitad del corazón en la boca y la otra mitad en las manos. Así están hoy los trabajadores que integran la Cooperativa La Terre, la empresa recuperada que resurgió del abandono absoluto y que ahora, cuando es modelo y está en plena expansión, pesa sobre ella un remate judicial, medida sobre la que la Primera Cámara Civil de Mendoza debe resolver su validez antes de que termine el año.

Los números pueden contar por si solos la historia de La Terre, administrada por los trabajadores. Desde que el grupo Matas se declaró en quiebra y abandonó la planta en 2014, hasta ahora, pasó de estar totalmente paralizada a producir 3.200 toneladas de productos deshidratados. Cuando La Terre comenzó a producir en 2016, el 99% de la espinaca deshidratada que se consumía en el país era importaba de Europa y China. Hoy La Terre provee de espinaca a casi la totalidad de las fábricas de pastas del país y Argentina prácticamente ya no recibe importaciones. En 2014 no había cultivos para producir estos alimentos. Hoy hay más de 120 hectáreas. Cuando Cooperativa se responsabilizó de la planta, eran 14 trabajadores. Hoy son 80 en forma directa y otros 60 en forma indirecta. Números, apenas algunos, como para pintar el cuadro.

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"He vivido acá más que en mi casa"

"Armé toda mi vida acá. Me la he pasado más acá que en mi casa", dice Daniel Sauretti (52), quien ingresó a la fábrica que pertenecía al grupo Matas y él era un niño de 13 años "descargando camiones". Desde el 2014 es el presidente de la Cooperativa, después de "haber pasado por los hornos, ser jefe de turno, jefe de planta...".

Recuerda cuando la Cooperativa fue nombrada depositaria judicial el 25 de abril de 2014, con la planta totalmente paralizada, las máquinas detenidas, la luz y el gas cortados. Recuerda los dos primeros años, cuando los 14 trabajadores que decidieron hacerse fuertes en la Cooperativa hacían turnos para no abandonar el edificio. Y compara aquel pasado con el camino realizado en los siguientes cuatro años y hasta el presente. "No hemos parado, en ningún momento. Ahora elaboramos zapallo, zanahoria, espinaca, ajo... No hemos parado nunca y estamos laburando cada día más", dice.

Cuenta que estos 6 años de La Terre "son un orgullo para mi y todos mis compañeros. Poner en marcha algo que estaba destruido, que todo era un basural, que del montón de máquinas no anduviera ninguna y lograr poner todo en marcha y estar produciendo y creciendo todos los días, es un orgullo para todos".

Reconoce que "esperamos con muchas ansias" el fallo judicial, pero confía en que "va a salir a favor nuestro".

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"Nadie daba ni un peso por nosotros"

María Ester Chilaca tiene 52 años y trabajó 20 en la empresa Matas y es del grupo de los 14 trabajadores que creó la cooperativa allá por 2013, cuando la quiebra se veía venir. "Fui una de las trabajadoras que nos organizamos para para mantener la fuente de trabajo", dice con orgullo. Es viuda y vive con su madre y sus tres hijas, que "la pasamos mal los primeros dos años, donde yo no llevaba ni un peso a la casa", expresa.

De esos primeros dos años, justo después de que se designara un síndico para la quiebra "nos quedamos adentro porque el síndico ya había rematado los bienes de Matas y no podíamos dejar que se llevaran todo" y Ester trae a la memoria una situación puntual, ocurrida al comienzo: "Había un ajo que había quedado de Matas y necesitaba ser procesado. Trabajamos en eso y lo entregamos, porque nos habían dicho que con eso nos iban a pagar a nosotros... Pero vendieron el ajo y jamás nos pagaron nada. Para colmo, después, "nos cortaron la luz y el gas".

Así, 14 trabajadores, divididos de a cuatro por turno, se quedaron en ese enorme predio de 26.000 metros cuadrados, 11.000 de ellos cubiertos, ubicado en el carril Godoy Cruz al 5330, de Villa Nueva, Guaymallén. "Tuvimos que hacer guardias para que no se llevaran todo. Fueron dos años muy duros. Ninguno de nosotros tenía otra entrada. Por las noches le pedíamos luz a un vecino, para tener una lamparita. Mientras estábamos ahí nos robaron varias veces, incluso a un compañero le llevaron el auto", relata la mujer.

Dice que "estuvimos a la deriva, sin ayuda de nadie" hasta 2016, cuando la situación comenzó a cambiar. Con fondos de la Provincia pudieron reconectar los servicios y volver a producir, lentamente. "Nos costó mucho. El gas era limitado y teníamos que elaborar solo durante tres horas, porque no nos daba el bolsillo para pagar más", asegura.

Pero, aún así, pudieron realizar la primera entrega. "¡Fue una emoción muy grande, ese día lloramos todos!", recuerda, cuando de La Terre salió el primer camión cargado de espinaca deshidratada para la fábrica de pastas "La Italiana". Este 2020 han salido de allí 3.200 toneladas de productos deshidratados y 50.000 raciones, donadas a comedores y merenderos. "Pensar que nadie daba ni un peso por nosotros. Ahora somos una empresa que es ejemplo y hemos incorporado a muchos trabajadores, aún en este año de pandemia", resalta.

Sobre la situación judicial, Ester dice que la fábrica "fue mal rematada. La jueza que tenía la quiebra lo hizo sin consultar. Nosotros teníamos la posibilidad de comprar, sumando el dinero de la fábrica y nuestros créditos laborales. Incluso nos presentamos cuatro veces al remate, pero para la jueza eso no era válido y terminó siendo mal rematada a un empresario por $25 millones, que no es ni siquiera el costo del horno. Además tenía un plazo de 10 días para hacer el depósito del remate, no lo hizo y la jueza se lo extendió 20 días más". Esto sin contar con las leyes que amparan a los trabajadores como responsables legales de la fábrica, que está produciendo al 100%.

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"Un gran sacrificio y un gran orgullo"

Nélida Mamaní trabajó 30 años durante la administración del grupo Matas y es del grupo de 14 trabajadores fundadores de La Terre. Tiene 58 años y dice que "ahora podemos decir que estamos bien, que hemos logrado nuestro objetivo, que hicimos andar ese horno que nos da trabajo a tantos, que estamos orgullos y que aún no nos damos cuenta de la dimensión que tiene todo esto".

Ella también recuerda esos dos primeros años, entre 2014 y 2016, cuando la Cooperativa se hizo cargo de una fábrica desbastada. Todos recuerdan eso. Cuenta que, cuando se quedaron solos en la fábrica, "creíamos que no íbamos a poder. No sabíamos qué hacer. Parecía algo muy grande, imposible. Nosotros sabíamos trabajar, nada más".

No es difícil imaginar las interminables charlas y deliberaciones entre los trabajadores, esas largas noches en vela, sin luz ni gas, con la planta totalmente paralizada, esperando. "Pero teníamos que organizarnos de otra manera. Fuimos pensando, trabajando. hasta que se nos empezaron a abrir algunas puertas. Hubo mucha buena gente que nos ayudó hasta que, en 2016, empezamos a producir". Entre medio "pasamos navidades y fines de año sin un peso".

Y destaca que, al comienzo, todo fue reinvertir para recuperar la planta.

Dice, sobre el remate, que "nunca hicieron casos de nuestras leyes. Le han hecho más caso a un empresario que tiene plata. Este señor se quiere llevar la fábrica por el valor que tenía antes, que no valía un peso".

Sostiene que "por eso es nuestra lucha, por la dignidad de nuestro trabajo. Que se quieran llevar la fábrica, ahora que recién nosotros estamos viendo los frutos, es injusto".

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"Confiamos en la Justicia"

En 2014 los trabajadores recuperaron la planta, que actualmente es una de las más grandes en productos deshidratados del país, después de que el grupo empresario de Jaques Matas se declarara en quiebra y la abandonara.

Conformados en cooperativa, los operarios se apoyaron en la Ley 8.874 de ocupación temporaria, que fue sancionada por la Legislatura provincial ese mismo año.

En junio de 2019, la jueza Gloria Cortez ordenó el remate de la fábrica. Mariano Ruggeri, del grupo American Garlic, uno de los principales empresarios del ajo, ofertó $25 millones y ganó la compulsa.

Pero la resolución de remate es considerada irregular por los trabajadores, que durante estos años ampliaron las líneas de producción, agrandaron la planta de trabajadores de y se sumaron al Plan Nacional Argentina Contra el Hambre, distribuyendo distribuyen 50.000 raciones a comedores comunitarios, productos que tiene muy alta calidad y cuya producción está reconocida por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Para esto el Estado de Mendoza dictó la Ley 8.874 de ocupación temporaria y destinó $10.408.000 para recuperar la planta.

El anteúltimo capítulo judicial se escribió semanas atrás, cuando la Primera Cámara en lo Civil de Mendoza citó a una audiencia de conciliación. Allí American Garlic hizo una oferta económica, que los trabajadores consideraron "irrisoria e inviable desde el punto de vista técnico y económico", la rechazaron e hicieron una contrapropuesta, que consistió en que coexistan los dos proyectos. Sin embargo American Garlic no aceptó la oferta, la conciliación fracasó y la causa pasó a sentencia, que será resuelta en estos días.

Andrés Leyes, abogado de la Cooperativa La Terre, dijo que "estamos esperando sentencia" y acotó que ese fallo "será antes de fin de año", aunque hay versiones que indican que posiblemente se conozca esta semana.

Mientras confirmó que "no hay más avances" en la negociación entre partes, confesó que "por un lado estamos preocupados por el nivel de injerencia que ha tenido el Estado provincial en esta etapa, debido a sus distintas intervenciones en el proceso. Puntualmente nos preocupa el nivel de desconocimiento de un funcionario (Gustavo Boullaude, director de Asuntos Jurídicos del Gobierno de Mendoza) que desconoce la Ley 8.874".

Sin embargo Leyes dijo que "confiamos en la Justicia, que va a poner en valor todas las leyes" y que "no se va a correr de esta protección legislativa que tenemos y, en definitiva, es la Justicia la encargada de interpretar las leyes".

En los fundamentos de la Ley 8.874 no solo se hace referencia a la ocupación temporaria de las empresas recuperadas sino que, además, se menciona puntualmente a La Terre y se hace un repaso de su historia.

Qué dice la cooperativa La Terre

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"En 2020 se procesaron 3 millones de kilos"

"En 2015 / 2016 no quedaban plantas de deshidratados en la Argentina, porque habían quebrado. Como ejemplo, toda la espinaca que consumían las fábricas provenía de importaciones, provenientes de Europa y China. En 2016, cuando se comienza a recuperar La Terre, se logró bajar los consumos de gas a la mitad y duplicar la capacidad productiva. Se pudo empezar a competir con todos los mercados de importación y hoy se logró revertir aquella realidad pasada. Se produce el 99% de lo que se consume en la Argentina y La Terre es la principal productora", cuenta Gonzalo Bonino, que es parte del equipo técnico de trabajo que asesora al Consejo de Administración de la Cooperativa La Terre. "En 2016 se pudieron elaborar 300.000 kilos de materia prima fresca y hoy, en 2020, se produjeron 3 millones de kilos" dice, y acota que "todas las fabricas de pastas, todas las marcas de primera línea, consumen espinaca de La Terre".

Bonino repasa: "En 2014 esto era una planta totalmente abandonada, con ningún tipo de valor comercial y económico. Tanto es así que, cuando Matas quiebra, se decide rematarla, máquina por máquina y, por otro lado, el inmueble, para tratar de generar algún interés. La recuperación se logró después de dos años en donde se logró revertir la situación", e indica que, actualmente "tenemos más de 10 productos, en 3 líneas productivas".

Por eso, intentar entregarla hoy a un grupo empresario, significa casi un regalo. "La quieren entregar en funcionamiento, con todos los clientes, toda la planta reparada y todos los recursos que puso del Estado. La están rematando en un valor de 10 a 15 veces menor que el del mercado", sostiene.

La Terre además produce, desde 2019, comidas pre elaboradas para el plan nacional Argentina Contra el Hambre. A partir de los deshidratados de La Terre, que se mezclan con legumbres y condimentos, se produce una ración de bajo costo, de entre $15 a $25, con alto contenido nutricional. El producto tiene varias ventajas: no necesitan cadena de frío, las preparaciones son muy rápida y se puede preparar grandes cantidades de comida. Con el envase más grande que produce La Terre, de 10 kilos, se puede darles de comer a más de 80personas en media hora, ya que solo requiere que a la ración se le agregue agua y cocción.

Además, para proveer de materia prima a la planta, hay más de 100 hectáreas cultivadas y el INTA está promoviendo la siembra de variedades específicas para esto. "Tenemos contratos de exclusividad con pequeños productores, favorables en precios y condiciones", cuenta Bonino.

También La Terre ha donado durante este año 50.000 raciones para comedores y merenderos comunitarios. "La gente dona $10 para una ración y nosotros aportamos la mano de obra, la infraestructura y la producción de las raciones".

Además la Cooperativa tiene un "Polo Cooperativo y Social", desde donde se viene acompañando la incubación de diferentes proyectos de la economía social. Allí está:

Diestra Calzados: compuesto por un grupo familiar que llevan a cabo la elaboración de calzado de trabajo y urbano.

Emprendimiento Mujeres Empoderadas: conformado por mujeres, buscando recuperar la autoestima y todo lo que perdieron en el camino del ciclo de la violencia, que fabrican elementos de limpieza (lampazos, plumeros, lampacines, mopas, cepillos, andenes, etc.)

Emprendimiento Dignas: surgido en 2017 como un emprendimiento de trabajadoras de la economía popular para confeccionar vestimenta de uso cotidiano y vestuario para actos escolares con precios accesibles para las familias de la comunidad.

Pep- Insumos de Limpieza: Productos de la Economía Popular, donde 8 personas, mujeres y hombres integrantes de organizaciones, como el Movimiento Social La Dignidad y La Garganta Poderosa, elaboran lavandina, jabón líquido para manos, jabón líquido para ropa y alcohol en gel, de gran demanda en tiempos de Covid-19.

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Las fotos

Las imágenes, que acompañan esta nota y pertenecen al fotógrafo y reportero gráfico Maximiliano "Chimi" Ríos (https://www.instagram.com/rioschimi/) , fueron el motivador para realizar este repaso de la historia y el presente de La Terre.

"Mi motivación fue hacer retratos, mostrar a la gente que labura ahí, resaltar que son individuos, muchos", dice Chimi, y agrega que "en el proceso hice otras cosas, algunos laburitos para ellos, para ayudarlos a mostrar los productos, las raciones...".

Cuenta que en La Terre "hay muchas historias individuales. Muchas personas que llevan más de 25 años ahí y han vivido el proceso completo. Tienen un vínculo muy fuerte con ese lugar, porque toda su vida laboral ha sido ahí. Además el plus es que están muy orgullosos de lo que han hecho. La fábrica era una chacarita y la terminaron arreglando ellos".

Dice que eligió el blanco y negro porque, además de que casi siempre ha elegido trabajar así "la imagen es más abstracta e invita a reflexionar un poco más sobre el contenido, sobre el mensaje".