El 4 de marzo de 2025, una nota periodística publicada en Diario UNO comenzó a transformar la vida de Máximo Zavala, un niño de 11 años que quedó con daño cerebral irreversible tras ahogarse en una pileta cuando tenía apenas 5. Lo que empezó como un relato crudo sobre la lucha diaria de su mamá, Sabrina Chirino, terminó convertido en una cadena solidaria capaz de concretar lo que ella creía imposible: la construcción de una habitación adecuada para su hijo.
La nota que cambió una vida: Diario UNO fue el puente para que Máximo tenga finalmente su habitación
Gracias a la difusión de su historia en Diario UNO, el Municipio de San Martín y el IPV construyeron la habitación que la mamá soñaba. El niño sufrió daño cerebral tras ahogarse en una pileta
Hasta entonces, Máximo dormía en el comedor de la casa familiar, en el barrio Tropero Sosa de San Martín. Sabrina hacía malabares para sostenerlo: pañales, leche especial, trámites, traslados y una burocracia que, según contaba entonces, muchas veces demoraba las autorizaciones. A eso se sumaba la situación de su hijo mayor, quien también enfrenta una condición de salud mental severa. En ese contexto, pensar en una obra de ampliación era impensado. Sin embargo, la publicación fue el puente que necesitaban.
“Estoy feliz”, repetía Sabrina días atrás, cuando finalmente vio la habitación terminada. “La verdad que para mí fue increíble, porque era algo que no estaba entre mis posibilidades. Quiero agradecerle a Dios por el puente que fue Diario UNO y a la gente de la municipalidad de San Martín, que la verdad me han sorprendido. Solo Dios hace estas cosas”, expresó emocionada.
La historia que conmovió a Mendoza y tuvo un final inesperado: una habitación
La historia que había conmovido a los lectores relataba cómo aquel 14 de julio de 2020, en plena pandemia, Sabrina llevó a Máximo al complejo hotelero donde trabajaba porque no tenía con quién dejarlo. En un momento de descuido, el niño cayó a la pileta. Cuando lo encontró, estaba flotando, inconsciente. En el Hospital Notti lograron reanimarlo, pero el daño neurológico fue irreversible. Desde entonces, Máximo no habla ni camina. Sabrina lo extraña tal como era: un niño activo, risueño, fanático de River y de la música.
La publicación no solo visibilizó esa tragedia, sino que dejó al descubierto la necesidad urgente de mejorar las condiciones de la vivienda. Apenas la nota se difundió, Martín Lazarini, director de Vivienda de la Municipalidad de San Martín, llegó a la casa junto a la trabajadora social Florencia Terranova. La historia había conmovido también a las autoridades.
“Fuimos a comentarle la solución que queríamos llevarle para cambiarle la vida a su hijo un poco, ya que también observamos que dormía en el comedor y tenía muy poco espacio”, explicó el funcionario en su momento. El caso llegó también al Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), que decidió priorizar a la familia a través del programa Mejoro Mi Casa. Gracias a un remanente de fondos, se autorizó la construcción de un tercer dormitorio.
La asistencia incluía un subsidio que cubriría hasta el 75% de la obra, mientras que el resto se financiaría con un crédito blando de largo plazo. Sabrina fue citada para presentar documentación y regularizar su situación habitacional, un paso indispensable para avanzar.
La ampliación de la casa de Máximo y una alegría para la familia
La noticia de la ampliación generó un gran alivio en la familia. “Vino a casa gente del municipio para comunicarme que le harán la habitación a Maxi. Estoy feliz. Es increíble y todo gracias a la nota”, había dicho Sabrina entonces, con la misma emoción que sostiene hasta hoy.
La nota de Diario UNO incluso tuvo otros efectos inesperados. Un abogado y su esposa se acercaron para donar artículos esenciales y ofrecer ayuda legal con el objetivo de gestionar la internación de Lisandro, el hijo mayor de Sabrina. “Me prometió interceder y gestionar con la obra social, y esa fue otra gran noticia”, celebró.
La habitación para Máximo ya es una realidad: un espacio digno, cómodo, seguro, pensado para su movilidad y sus necesidades especiales. Un espacio que Sabrina anheló durante años y que parecía inalcanzable hasta que su historia encontró un canal capaz de amplificarla.
El caso de Máximo demuestra, una vez más, que cuando el periodismo pone luz donde no la hay, se vuelve un puente entre la necesidad y la solución. Un puente real, concreto, que en este caso se tradujo en ladrillos, techo y esperanza.
Contacto de Sabrina, mamá de Máximo: 2634 80-8938






