Análisis y Opinión

La noche en que la guerra de Ucrania llegó a nuestra cama y nos enseñó lo que era el invierno

Subsidios y vida cotidiana: Anuncios, cifras y formularios se volvieron parte de la agenda noticiosa de los últimos días. Lo más contundente, sin embargo, es que la crisis energética ya penetró en las rutinas de cada hogar

Mi esposa se aleja de mí entre las cobijas y es porque estoy helado: me duché con agua fría para ahorrar. Es invierno y es de noche, claro, y en silencio intento abrazarla para utilizar su cuerpo como calefactor de emergencia. Pero ella es más inteligente y aún dormida se escabulle a la otra punta de la cama:

-Ni se te ocurra- murmura.

Desvelado, me digo que tarde o temprano la guerra en Ucrania iba a llegar a casa. Al final llegó.

Se anticipaba hace tiempo; y esta semana el nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, anunció que -además de la segmentación por ingresos que se venía preparando- la reestructuración de subsidios a la electricidad regirá para quienes utilicen más de 400 kilowatts por mes. Al menos es lo que se asegura por estas horas.

Además la guerra sigue y eso pone a muchos frente a una encrucijada. Incluyéndonos a nosotros: es que en un arrebato ambientalista, tuvimos la idea de construir una casa completamente eléctrica con miras a volverla sustentable mediante paneles solares.

Pero el dólar alejó los paneles, nos preocupan las facturas que vendrán y, como dije, ella ya se dio cuenta de que intento aprovecharla como calefactor tras ducharme con agua fría para ahorrar. Así estamos.

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Midiendo de la cama al living

Nos mudamos a la "casa completamente eléctrica" hace seis meses. La primera factura fue de $14.000: 1177 kilowatts bimestrales. Y eso con los subsidios. Insostenible.

Más tarde empezó la guerra entre Rusia y Ucrania -atroz, como toda guerra- y los precios del gas y la electricidad se dispararon.

Lo consumido en esa primera boleta equivalía a unos 19 kilowatts por día: empezamos a medir, calculadora en mano, qué cosas chupaban más corriente. Usando la cocina y sin usarla. Usando el microondas y sin usarlo. Picaban en punta la calefacción y el termotanque eléctrico. Sobre todo este último, que resultó ser una verdadera trompada para nuestro medidor.

Por eso nos pusimos a averiguar otra vez sobre paneles y, sobre todo, sobre termotanques solares. Con sólo googlear se encuentran no menos de diez empresas mendocinas que se dedican al ramo y hasta hace poco los vendían en cuotas y al dólar oficial. A eso hay que sumarle colocadores "independientes" que a lo mejor trabajan con presupuestos más económicos.

Total, que por unas 100 lucas -y en cuotas- se puede conseguir un termotanque solar y su colocación. Dependiendo de los vaivenes anímicos del país, la cifra puede estar un poco por encima o por abajo.

Okey, no es accesible para todo el mundo. De todos modos, gracias al termo solar -y a una mayor conciencia en los consumos- fuimos de 19 a sólo 9 kilowatts diarios, es decir a unos 270 kilowatts mensuales.

En sólo dos meses pasamos de gastar 588 kilowatts por mes a 270: menos de la mitad.

O sea que a pesar de tener una casa completamente eléctrica consumimos menos que un hogar promedio en Argentina, cuya demanda se calcula en las inmediaciones de los 300 kilowatts. Y podríamos ir por más: si desenchufamos los electrodomésticos cuando no se están usando llegaríamos a ahorrarnos hasta 1,6 kilowatts diarios más.

Que nadie piense que se trata de una broma o un TOC excéntrico. En España, el plan de ahorro energético que acaba de aprobar el Consejo de Ministros -y que durará al menos hasta noviembre de 2023- incluye medidas impensables hasta hace poco: los comercios serán obligados a tener los aires acondicionados en 27 grados durante el verano y en 19 durante el invierno; y las vidrieras deberán apagar las luces a partir de las 22, entre otras restricciones.

Estufas eléctricas y caloventores son de los aparatos que más energía consumen. Foto: Florencia Manganelli/ Diario UNO
Las estufas y caloventores están entre los electrodomésticos que más consumen.

Las estufas y caloventores están entre los electrodomésticos que más consumen.

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"Sin sentimentalismos ni retóricas"

Eso sí: cuando tocan un par de días nublados, el termotanque solar se pone perezoso.

Se le puede agregar una resistencia eléctrica que calienta el agua del tanquecito cuando desciende más allá de cierta temperatura. En nuestro afán ahorrador, no obstante, calibramos ese aparatito para que mantenga un mínimo de entre 15 o 20 grados, con el resultado polar que acabo de experimentar al bañarme y que mi pareja esquiva a toda costa en esta madrugada de desvelos en la que empiezo a cranear esta columna.

¿Qué hacer? Sopesando alternativas absurdas, viene a la memoria el discurso de José Saramago al recibir el premio Nobel de Literatura. En aquella oportunidad, el portugués evocó su infancia campesina y recordó que "En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, (sus abuelos), sacaban de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a la cama".

Y siguió Saramago: "Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, (sus abuelos) no procedían así por delicadeza de alma compasiva: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día".

Al final la vida no ha cambiado tanto desde aquella época. Seguimos cuidando el pan de cada día. Pero al maestro Saramago se le pasó un detalle: los chanchitos, a su vez, deben haber colaborado para calentar los pies de sus abuelos en aquellas madrugadas gélidas.

Él no lo escribió así. Pero acá, a las dos de las mañana, tiritando en pos de ahorrar energía, uno adquiere la certeza de que también los llevaban para eso.

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