Descubrimiento

La mujer que descubrió que su padre era la peor pesadilla en el mundo

Fiona Rugg tiene 47 años, pero hace un tiempo descubrió que su padre podía llegar, y lo fue, a ser una pesadilla para muchas personas

Fiona Rugg hoy tiene 47 años. Su nombre puede no decir mucho, pero su historia sí y la ha marcado de por vida. Ella es hija de John Smyth, un hombre que durante mucho tiempo brindó una imagen de alguien preocupado por las demás personas, hasta que demostró que era la peor pesadilla del mundo.

Y es que para Fiona Rugg no fue fácil descubrir la verdad sobre su padre, un abogado y presidente de una organización benéfica cristiana, que un día vio como la Justicia quería llevarlo ante un tribunal, porque tenía otra vida, una que nadie debía descubrir, pero que se descubrió. Y con ello, muchos supieron quién era realmente.

John Smyth

La historia del hombre que era una pesadilla

John Smyth siempre supo venderse como un ser amoroso, preocupado por el bienestar de los demás, por los más débiles, pero en secreto, sus deseos eran mucho más oscuros. Cuanto esos secretos vieron la luz, su familia, su hija, vieron que ese hombre que creían conocer, era alguien del lado oscuro. Y no les resultó extraño.

Fiona vivía una vida paralela de su padre cuando era niña. John Smyth la ignoraba, era tosco con ella, pero al mismo tiempo jugaba con otros niños y se mostraba muy amoroso. Ella era una distracción para su persona y no era solo el padre el que la mantenía alejada, también su familia.

"Sentía miedo cerca de mi padre, que era muy inestable. Era muy irascible, así que había una sensación de fragilidad emocional, de andar con pies de plomo, preguntándome cómo estaría de humor mi padre", señaló la mujer.

En 1973, Smyth ingresó al Winchester College del Reino Unido a través de la asociación cristiana de la escuela. Él era cristiano evangélico con mucha llegada a las autoridades de la Iglesia y su recomendación no mostraba nada extraño.

Con el tiempo comenzó a invitar a alumnos a almorzar a su casa los domingos. En algún momento de la jornada, los llevaba a un cobertizo insonorizado de la casa y abusaba de ellos. Incluso los golpeaba al punto de provocarles hemorragias. Él justificaba todo como un castigo por pecados como el orgullo y la masturbación.

John Smyth (2)

Una investigación de 1982 reveló que tan solo 8 niños habían llegado a ser azotados en 14.000 oportunidades. Había sido su peor pesadilla.

Pero cuando esta investigación vio la luz, las autoridades de la Iglesia, en lugar de ir a las autoridades, ayudaron a John Smyth a salir en silencio del Reino Unido como misionero a Zimbabue.

En África, el hombre siguió haciendo lo mismo con los niños del lugar. Incluso, un joven murió doce horas después de haber llegado a la misión, pero el caso se cerró rápidamente.

El regreso al Reino Unido

Fiona Rugg regresó al Reino Unido a los 18 años. Allí se encontró con algo inesperado. Cuando mencionaba quién era su padre, todas las personas hacían silencio. Ella no sabía el motivo, hasta que lo supo.

"No hubo ninguna señal de arrepentimiento por parte de él. Pido disculpas en nombre de mi padre por lo que les hizo a estos niños", explicó la mujer.

En 2017, un nuevo informe contó sobre los abusos cometidos y en agosto de 2018, Smyth recibió una citación de la policía de Hampshire para regresar a Inglaterra a declarar, bajo la amenaza de extradición.

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Sin embargo, Dios obra de maneras extrañas y ocho días después, Smyth falleció a los 77 años, víctima de una insuficiencia cardíaca, sin responder a ninguno de sus crímenes. En el camino quedaron todos aquellos jóvenes abusados y una hija que se sentía culpable por el solo hecho de llevar la sangre de alguien que fue capaz de cometes esos delitos y de destruir la vida de, al menos, 130 jóvenes, sin mostrar señales de arrepentimiento.

"Puedo entender racionalmente que no tengo ninguna culpa, pero me siento culpable de que mi padre (John Smyth) pudiera hacerle esto a alguien, y por supuesto, él nunca se arrepintió", dijo Fiona Rugg.

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