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Héroes de Malvinas

La misión suicida en Malvinas que le valió a José Vázquez la máxima condecoración militar

José Vázquez piloteó uno de los A4 que formó parte de la operación para destruir al Invencible, un buque británico que llevaba armas nucleares

Era el 27 de mayo y ya habían pasado 25 días del hundimiento del ARA General Belgrano y dos del día en que Argentina destruyó el Coventry y el Conveyor, dos buques insignias para los británicos, cuando el Radar Malvinas recibió una señal. Indicio que se convertiría en la "misión suicida" que llevaría a José Vázquez a recibir la máxima distinción para un militar argentino: la Cruz al Heroico Valor en Combate.

El "Pepe", como le decían desde chico, nació el 27 de diciembre de 1952 en Las Heras, hijo de Daniel Vázquez y la italiana Filomena Lauriente. Su sueño era ser aviador, por lo que se instaló en Córdoba a sus 15 años para formarse. Se graduó de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea en 1969 y, al año siguiente, ingresó a la Escuela de Aviación Militar.

Su último destino antes de Malvinas fue el Escuadrón I de la IV Brigada Aérea, donde cubrió los cargos de Jefe de Sección y Jefe de Escuadrilla.

En el conflicto, el mendocino, padre de tres hijos, integró el Escuadrón Aeromóvil A-4C Skyhawk en la Base Militar Aérea San Julián. Entre sus gestas, su historial marca que participó del ataque al HMS Arrow, el primer buque británico que desenfundó armas en Malvinas, y al Invencible.

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La misión suicida del mendocino Vázquez en Malvinas

El 28 de mayo, el "Pepe" se ofreció para una hidalga misión, que representaría la primera y única operación conjunta entre la Fuerza Aérea y la Armada Argentina: hundir al portaviones HMS Invencible, conocido como la "Abeja Reina". Con el tiempo, la hazaña tomaría mayor importancia, cuando se reveló que este buque transportaba 12 de las 31 armas nucleares que los británicos desplegaron durante el conflicto.

Los radaristas la encontraron a 160 kilómetros al Este de Puerto Argentino, lo que generó un clima de festejo en el Centro de Información y Control de la Fuerza Aérea Argentina. Era un indicador claro que algo grande se avecinaba.

En concreto, lo que la señal mostraba eran ecos del vuelo de un avión que desaparecía en pocos segundos. Cada cierto tiempo, volvía a suceder. Entonces, la sospecha se posó sobre la posibilidad de que fueran los aviones Sea Harrier enemigos. Detrás de ellos, creían, se escondía el Invencible, una de las obsesiones del Ejército Argentino.

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El HMS Invencible llevaba 12 armas nucleares de las 31 que tenían los británicos.

Tres días después de haberlo detectado programaron la jugada con la precisión y minuciosidad de quien tiene por delante el talón de Aquiles del adversario. De la misión participaron dos Super Étendard y cuatro A4C Skyhawk, de la IV Brigada Aérea, secundados por dos Hércules KC 130, que se encargaron del reabastecimiento aéreo de combustible para la vuelta al continente.

Para facilitar la elección de quienes llevarían adelante tamaña proeza, los altos mandos solicitaron que se ofreciesen voluntariamente aquellos pilotos que estaban dispuestos a asumir la responsabilidad. El momento, de orgullo, emoción y adrenalina, fue captado en las líneas del libro "El ataque al HMS Invencible", de Roberto Cacheiro Frias:

– Señor, solicito autorización para participar. El Primer Teniente Ernesto Rubén Ureta se había puesto de pie.

Casi al mismo tiempo se levanto el Primer Teniente José Vázquez

Señor yo también quiero ir

El manual del plan que se orquestó señalaba que los pilotos debían arrojar el misil sin ser detectados por las fuerzas británicas. Un minuto después del lanzamiento, los pilotos de los A4C Skyhawk debían sobrevolar el objetivo y soltar sus bombas.

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José Vázquez subiendo a un Douglas A-4 Skyhawk.

Así fue como se propusieron, el Capitán de Corbeta Alejandro Francisco para pilotar uno de los Super Étendard, llevando a bordo el último misil supersónico de los cinco que Argentina tenía disponibles en la Guerra de Malvinas. El otro Étendard estaría comandado por el Teniente de Navío Luis Collavino.

Los cuatro A4C Skyhawk, que se utilizarían para maximizar el daño a la flota británica, eran pilotados por el mendocino José "Pepe" Vázquez, junto a Ernesto Ureta, Omar Castillo y el Alférez Gerardo Isaac. Cada uno de ellos llevaba bombas de 250 kilogramos y debían actuar un minuto después de los Étendard con el objetivo de atacar y potencialmente rematar al "herido" HMS Invencible.

El Invencible bajo ataque

Ya era 30 de mayo, un día como todos los otros: nublado, muy frío, y con escarcha por todos lados. A las 12.30 del mediodía la operación se puso en marcha y desde Río Grande partieron rumbo al objetivo.

"Lo acordado era despegar desde Río Grande, ascender a siete mil metros y dirigirnos al blanco", explicó Alejandro Francisco, tiempo después, en varias entrevistas.

Al aproximarse, acordaron descender a 200 millas del Invencible para ingresar por debajo del radio de acción de los radares y descargar el misil Exocet. Se acercaron hasta el punto que tenían planificado, y a su izquierda vieron la flota inglesa. Mientras, el mar encrespado, golpeaba con sus olas los parabrisas de los aviones y formaban mancas de sal en ellos.

Todo salió como lo habían planeado y, luego del ataque, el Invencible, para los pilotos, agonizaba. “Yo lo veía desde su popa y las columnas de humo eran como dos bigotes negros a cada costado”, declararía Isaac tiempo después en una entrevista con la prensa.

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El HMS Invencible fue desguazado en Turquía.

Por la radio, mientras festejaron el impresionante daño a la flota británica. Y la alegría se entremezcló con la desazón: "A Vázquez y a Castillo no los esperen".

Según las reconstrucciones posteriores, el avión del mendocino fue posiblemente interceptado por un misil Sea Dart. Herida la nave en su ala izquierda, el motor estalló, dividiendo el aparato en dos partes. Ante la inmensidad del Océano Atlántico, el "Pepe" caía en picada hacia el mar.

Oriundo -y orgullo- de Las Heras, había sido uno de los responsables de dejar afuera a una de las joyas que tenían los británicos.

Por otra parte, Castillo, cinco segundos antes del lanzamiento de sus bombas, fue atacado por la artillería del Invencible.

Los británicos jamás reconocieron el ataque y dieron confusas -y contradictorias-, explicaciones. Lo que sí se sabe con certeza es que la noche del 5 de junio dejó de estar en funciones por "reparaciones" durante dos semanas, hay quien dice que volvió a ser visto recién en agosto.

Como sea, nunca reconocieron la profunda herida que les dejaron los héroes, que tripulaban "mosquitos" como calificó una periodista inglesa, y que entregaron su vida para desactivar al "dragón", como llamó la misma colega a la "Gran Abeja".

El pacto entre Ureta y Vázquez

Los pilotos sabían de un primer momento el riesgo que implicaba la audaz tarea de derribar el Invencible. Por lo que Vázquez y Ureta sellaron un pacto de caballeros en el cuarto de hotel que compartían cerca de la base San Julián: si uno de los dos no volvía a tierra, el otro se encargaría personalmente o por teléfono de avisarle a la familia.

Cuando los sobrevivientes aterrizaron en Río Grande, luego de cuatro horas que duró la operación y mientras la emoción se mezclaba con el dolor, los pilotos fueron por separado a testimoniar para informar a la inteligencia del ejército sobre lo que habían observado durante la maniobra.

Después fue el turno de Ureta para cumplir su palabra, quien en diálogo con Infobae explicó: “Me tocó tener que llamar a Liliana, su esposa, quien estaba con sus tres hijos en Mendoza, y le tuve que dar la noticia de que Pepe no había vuelto y que no era posible que regresara. Fue un pacto entre los dos, de grandes amigos, de asumir esa difícil tarea de tener que avisar a la esposa que nuestro amigo y su marido no había vuelto”.

Post mortem Vázquez fue ascendido al grado de Capitán y condecorado con las medallas: Cruz al Heroico Valor en Combate -la más alta condecoración militar otorgada por el Estado argentino- y al muerto en combate.

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