Cristina Castro Moyano miró la pantalla de su celular y se quebró. Eran las 17.46 del jueves 21 de mayo cuando observó incrédula la cifra que aparecía en su cuenta de Mercado Pago: $8.399.764,42.
La historia que publicó Diario UNO desató una ola solidaria y Máximo podrá entrar a su casa adaptada
Una cadena solidaria reunió, en apenas 72 horas, más de $8 millones para que Máximo no perdiera su casa. La emoción de la mamá y el último chat de un vecino

Recién ahora, después de mucho tiempo, Cristina, mamá de Máximo, vuelve a sonreír: en 72 horas y gracias a la difusión de Diario UNO, reunieron más de 8 millones para no perder su casa del IPV.
Fotos: gentilezaDurante unos segundos no reaccionó. Después empezó a llorar. Lloró de alivio, de agotamiento y de emoción. Apenas tres días antes le había contado a Diario UNO la desesperación que sentía frente a una cuenta regresiva imposible: reunir más de $8.200.000 antes de junio para que su hijo Máximo Agustín Herrera, un joven mendocino de 22 años con cuadriplejia espástica y severas secuelas neurológicas, pudiera ingresar a la vivienda adaptada que el IPV le adjudicó después de años de espera.
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La historia fue publicada el lunes 18 de mayo y rápidamente comenzó a multiplicarse entre los mendocinos. Primero llegaron mensajes. Después llamadas. Y finalmente las transferencias. Algunas eran pequeñas, de mil o dos mil pesos. Otras alcanzaban los $50 mil.
Cristina seguía cada movimiento desde el teléfono con mucha ilusión pero también angustia porque la cuenta crecía, pero el objetivo seguía pareciendo lejano. Aun así, cada noche enviaba capturas mostrando cuánto habían reunido. Lo hacía por transparencia, pero también porque necesitaba agradecer. Sabía que detrás de cada transferencia había alguien que se había detenido unos minutos a pensar en Máximo.
La repercusión también llegó a El Siete, canal de Grupo América Interior, donde la historia volvió a difundirse y amplificó todavía más la solidaridad. En menos de 48 horas la familia había reunido más de $5.000.000, una cifra impensada para Cristina, que durante años sostuvo, junto con su esposo, una vida atravesada por hospitales, terapias, medicamentos, trámites y cuidados permanentes. Sin embargo, todavía faltaba mucho dinero y el plazo se acercaba peligrosamente.
El jueves 21 por la tarde ocurrió algo que ella todavía no logra explicar del todo. Cerca de las 18 recibió un mensaje de un hombre al que no conocía. Un vecino mendocino cuya identidad decidió preservar porque insiste en que no quiere hacer diferencias entre quienes ayudaron. Para Cristina, todos fueron importantes.
El mensaje era simple: “Decime ubicación de la casa, barrio, dirección exacta y cuánto te falta para llegar a la suma”.
Cristina respondió enviando la documentación solicitada, la información del IPV y la captura actualizada de la cuenta. A esa altura tenían poco más de $5.500.000. Faltaban casi tres millones y ella ya no sabía cómo lograrlo. Pasaron apenas unos minutos hasta que llegó la transferencia. El hombre depositó exactamente $2.700.000, la cifra necesaria para completar el dinero que les permitiría ingresar a la vivienda.
Cristina volvió a mirar el celular una y otra vez porque no podía creerlo. La cuenta estaba completa. Máximo ya no perdería la casa.
“Le dije que me había hecho llorar de emoción”, contó todavía conmovida. Pero lo que terminó de derrumbarla no fue solamente el dinero, sino el mensaje que recibió después. “Solo necesito un favor: cuando ya estés en tu casita hermosa me invites para conocerte personalmente, tomar unos mates y darte un inmenso abrazo hermano querido”, escribió el donante pensando en Máximo. Y agregó: “Solo le pido a Dios salud para Máximo y para nuestras familias respectivas. Gracias a Dios, a la Virgen María y Jesús”.
"Toda la gente que donó fue buena y solidaria", dijo la mamá de Máximo
Cristina insiste en que jamás vivió algo semejante. “Toda la gente que donó fue buena y solidaria. No quiero hacer diferencias. No importa si dieron mucho o poco. Lo importante fue sentir semejante muestra de amor”, repite todavía sorprendida por todo lo ocurrido.
Hace apenas unos días, la mujer sentía que el sueño de la casa adaptada se le escapaba de las manos. La vivienda no representaba solamente un techo, sino que era la posibilidad de que su hijo pudiera moverse mejor, vivir con más comodidad y tener un espacio preparado para sus necesidades después de una vida marcada por el dolor y la dependencia.
También significaba tranquilidad para una madre que desde hace más de dos décadas vive pendiente de cada necesidad de Máximo y que muchas veces se preguntó qué sería de él el día que ella no pudiera estar.
En apenas 72 horas ocurrió algo extraordinario. Una historia que nació desde la desesperación terminó convirtiéndose en una inmensa cadena solidaria que atravesó Mendoza. Miles de personas decidieron involucrarse. Algunas ayudaron con dinero. Otras compartieron la publicación. Muchas enviaron mensajes de apoyo. Y entre todos lograron algo que parecía imposible.
La historia deja un mensaje: el periodismo todavía puede tender puentes invisibles entre quienes necesitan ayuda y quienes están dispuestos a ofrecerla. Esta vez, además, ese puente terminó en un hogar.