Todos los días, la ex boxeadora Viviana Corzo, más conocida como “Vivi La Doga” o la “tía Doguita”, se levanta con un objetivo muy claro: qué es lo que va a meter en las dos ollas inmensas y en el tacho en el que les cocina a los casi 50 chicos y chicas que vienen a su comedor. Sin embargo, esa es una de las muchísimas formas de compartir de la Doga, y su corazón inmenso. Es que no sólo les abre las puertas de su casa, en donde funciona el comedor y les da un espacio para hacer los deberes, sino que entrena a unos 30 adolescentes en boxeo.
"La Doga" Vivi, la ex boxeadora mendocina que tiene un comedor y ayuda a más de 50 chicos

La extraordinaria Vivi "la Doga" Corzo, una mujer que mantiene viva la pasión por el boxeo mientras da de comer y enseña deportes a los chicos de su barrio
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNO
Vivi la Doga, entre el deporte y la solidaridad
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOMiles de chicos de los barrios más humildes de Godoy Cruz, van a buscarla. con la Doga encuentran ayuda, contención y entrenamiento
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOVivi entrena también a chicas, muchas de ellas han sufrido violencia de género. Ella les enseña a defenderse.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOA pesar de padecer un problema de salud, la "tía Doguita" como la llaman los chicos del barrio, está siempre dispuesta a abrir las puertas de su casa
Alejandra Locomotora Oliveras, la argentina séxtuple campeona mundial, conoció la historia de la Doga, y se decidió a ayudarla
La Doga, antes de tener 12 hijos y adoptar a uno más, era boxeadora. Su sueño de las peleas internacionales quedó trunco por un accidente que tuvo a los 26 años, pero sus ganas de boxear no. Esas quedaron intactas y se volcaron en la inconmensurable tarea social que lleva adelante sin que ningún organismo, público o privado la asista en su comedor. La única persona que respalda a la Doga es Alejandra Locomotora Oliveras, la boxeadora santafesina seis veces campeona mundial.
La extraordinaria Doga
La Doga tiene 51 años y hace 25 años que ya no es boxeadora profesional.
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Su sueño de boxeadora campeona mundial se complicó por un accidente, pero ella tenía otras metas y otros sueños que sí cumplió.
Tuvo 12 hijos, y adoptó a uno más.
Pasaron los años y sus hijos crecieron y se fueron, excepto dos varones discapacitados que viven con ella y le ayudan en el comedor.
Sin embargo, el deseo de cuidar y de ayudar no se apagó en la Doga.
“Como ex boxeadora creo en que el deporte puede salvar vidas. Empecé a enseñar boxeo a los chicos y chicas que me venían a ver, en mi casa. Mi marido me hace pesas de cemento, y me donaron unas bolsas y guantes, pero por supuesto que nos faltan elementos”.
Todo lo que les falta, la Doga lo pone de su propio presupuesto y fuerzas. Desde la comida que cada día sirve en su comedor, hasta la voluntad, todo.
Mujeres empoderadas
Además de mantener el comedor y entrenar a jóvenes deportistas en boxeo, Vivi tiene otra tarea social. Es la de asistir a las mujeres que han sido víctimas de violencia de género.
"Muchas de estas chicas vienen a mi casa para que, como boxeadora, les enseñe a defenderse. Yo les enseño, pero además, las acompaño para que hagan la denuncia, pensá en tus hijos, les digo. A ellos también les van a pegar"
El respaldo que les ofrece La Doga a estas mujeres, es más que auténtico: hasta las ha alojado en su casa para protegerlas, aún a fuerza de ponerse en peligro ella. Sin embargo, lo hace porque ayudar está en su ADN. No le importa arriesgarse, la solidaridad es su vocación.
Un comedor de puertas abiertas
A pesar de toda la garra que le pone a la vida, la ex boxeadora tiene muchas dificultades para mantener el comedor y merendero.
Económicas, por supuesto. Le cuesta a diario abrir el comedor para los casi 50 chicos que le van a pedir ayuda. Campea las necesidades con ayuda de muy poca gente. Los dueños de la verdulería en la que trabaja, son sus actuales mentores.
Gustavo Morillas, de la Asociación Sureste de Box, es otro de sus ayudantes.
"Gustavo me ayudó a través de la asociación a hacer campañas para juntar mercadería y ropa para los chicos”.
La ex pugislsta cuenta que, a pesar de que golpeó puertas de cuanta institución pública y privada le sugirieron con el fin de buscar ayuda para su comedor, no consiguió asistencia permanente de nadie. Y esto la angustia porque ha habido veces que no tiene cómo sostener el desayuno y el almuerzo que les da a los chicos y chicas y hasta a los abuelos que van a su comedor.
Por otra parte, La Doga tiene un serio problema de salud, que muchas veces la tira en la cama y no la deja seguir.
Viviana no puede estarse quieta. Además de las incontables tareas sociales que realiza –algunas con la naturalidad de una madre de familia numerosa, que no cuenta cuántos son los platos que sirve, mientras que la comida alcance- También se preparó como jueza árbitro e instructora de boxeo.
De boxeadora a boxeadora
La Doga cumple sus sueños, eso es innegable. Insiste hasta lograrlo. Tiene garra y disciplina de campeona. Entre esos sueños, ella se propuso conocer a Alejandra Locomotora Oliveras, la argentina séxtuple campeona mundial de boxeo, que actualmente reside en Santa Fe.
Locomotora le envió a la Doga elementos para su gimnasio y algunas de sus remeras “para que las usara cuando se sintiera sin fuerzas”.
Ella la apoyó y la seguirá apoyando desde su provincia, pero pidió a los mendocinos y mendocinas la solidaridad diaria que La Doga necesita.
Para colaborar
Quienes quieran colaborar con el comedor de la Doga, pueden comunicarse a su teléfono celular: 2616 96-2583. Vivi necesita colaboraciones tanto en mercadería como ropa, calzado y material deportivo. Su estado de salud es delicado y no puede seguir yendo a las oficinas públicas a buscar apoyo. De todas maneras, nunca consiguió un subsidio ni respaldo alguno por parte de organismos públicos o privados.
Sin embargo, su comedor, su gimnasio y los chicos que se entrenan y encuentran contención en su casa, lo necesitan urgente.