En los últimos años, cada vez más ciudades de América Latina impulsaron el uso de la bicicleta como una alternativa para reducir la contaminación, aliviar el tránsito y fomentar una movilidad más sostenible.
La ciudad de América Latina que le ganó al tráfico con una de la red de ciclovía má grandes del mundo
Con más de 600 kilómetros de ciclorrutas permanente que atrae a millones, esta ciudad lidera la transformación urbana en América Latina

Sin embargo, hay una que logró destacarse por encima del resto gracias a una infraestructura que hoy es referente a nivel mundial. Se trata de la ciudad de Bogotá, la capital de Colombia, donde se encuentra una de las redes de ciclovías más extensas del planeta.
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La ciudad de América Latina que se convirtió en un referente mundial por su red de ciclovías
Con más de 600 kilómetros de ciclorutas que conectan barrios, parques, universidades, centros comerciales y otros puntos estratégicos de la ciudad. El proyecto comenzó a desarrollarse en la década de 1970 y, con el paso de los años, se transformó en uno de los sistemas de movilidad en bicicleta más completos del mundo.
Actualmente, miles de personas utilizan estas vías todos los días para ir al trabajo, asistir a clases o realizar distintas actividades sin depender del automóvil. Gracias a esta estrategia sostenida durante décadas, esta ciudad de América Latina se convirtió en un referente internacional de movilidad sostenible y en un ejemplo de cómo la planificación urbana puede transformar la forma en que millones de personas se desplazan a diario.
Cómo funciona la red de ciclovías de la ciudad de Bogotá
Además de su infraestructura permanente, la ciudad de Bogotá es reconocida por la Ciclovía Dominical, una iniciativa que comenzó en 1974 y que cada domingo y feriado cierra más de 120 kilómetros de avenidas al tránsito de vehículos para que puedan ser utilizados exclusivamente por ciclistas, peatones, corredores y patinadores. Cada jornada convoca a cerca de dos millones de personas, convirtiéndose en una de las actividades de recreación al aire libre más importantes de América Latina.
La red también fue diseñada para facilitar la conexión entre distintos sectores de la ciudad, permitiendo desplazamientos más rápidos y seguros sin compartir la calzada con los automóviles. Esta planificación impulsó el uso cotidiano de la bicicleta y la consolidó como uno de los principales medios de transporte urbano.
El impacto va más allá de la movilidad. La expansión de las ciclorutas contribuyó a reducir las emisiones contaminantes y la congestión vehicular, al tiempo que promovió hábitos más saludables entre la población. A esto se suma una fuerte apuesta por la educación vial y la convivencia entre ciclistas, peatones y conductores, aspectos que consolidaron una cultura de respeto en el espacio público.