En Argentina hay miles de golosinas y variedades, pero entre los más queridos y elegidos en el tiempo hay uno solo: el alfajores jorgito. La clásica golosina noble para cualquier momento del día sea merienda, postre, con un buen café, con un mate o chocolatada.
La infancia argentina está marcada no solo por momentos únicos que hoy ya no tienen valor ni perdurabilidad, sino que las golosinas se llevan gran parte de los recuerdos. Entre ellos el alfajor marca "Jorgito" se lleva el primer puesto.
Es por eso que la gente suele dudar si el niño realmente existió, quién era y cómo llegó a ser parte del envoltorio más famoso del país.
Quién fue Jorgito y cómo llegó allí el misterioso chico del envoltorio del alfajor
Su historia junto con el alfajor nace en 1960. Ese año Amador Saavedra compró una panadería en el barrio porteño de Caballito para fabricar alfajores. Lo que el hombre no sabía es que con el tiempo formarían parte de la vida cotidiana de los argentinos: Jorgito, un clásico nacional.
De hecho, Amador decidió abandonar la fabricación de panificados para dedicar parte de su vida a fabricar alfajores. Al tiempo de haber tomado esa decisión, se asoció con José Fernández (distribuidor de golosinas y productos alimenticios) para impulsar el crecimiento de la marca y trasladar la producción a una fábrica en Parque Patricios.
La producción en aquel tiempo era puramente artesanal y con tan solo dos variedades: el clásico negro, bañado en chocolate, y el blanco, cubierto con merengue italiano. Pero cuando el éxito en las ventas aumentó, la empresa adquirió nueva maquinaría para su producción.
Ya para el año 1994 ampliaron el catálogo con los maxialfajores, los conitos, los triples, las bandejas de mini alfajores y otros productos. Pero más allá del éxito rotundo que tuvo Amador con la empresa, nadie sabe quién es realmente Jorgito. El protagonista del envoltorio y el dueño del nombre.
Cierto es que cuando Amador Saavedra compró la panadería, la marca ya existía y el dibujo del niño en el envoltorio también, por lo que nunca nadie pudo confirmar realmente quién era el chico.
Se cree que podría haber sido el hijo del antiguo dueño de la panadería, aunque jamás aparecieron documentos ni testimonios que lo comprobaran.





