Todo comenzó como un reclamo en medio de la pandemia de coronavirus. Algunos feligreses católicos de San Rafael no estaban contentos con las medidas sanitarias dispuestas por el gobierno provincial y aceptadas por la Iglesia católica. Más precisamente, se negaban a recibir la hostia en la mano y reclamaban que se siguiese dando en la boca.

La división entre salud y el sector conservador de la Iglesia fue escalando al punto tal de que se realizaron protestas frente al seminario diocesano de ese departamento y hasta hubo renuncias.

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La novela tuvo un último capítulo en las últimas horas cuando el obispo de San Rafael, Eduardo María Taussig, ratificó que a fin de año cerrará el Seminario Diocesano Santa María Madre de Dios, al poner en funciones este lunes al nuevo rector, el sacerdote Víctor Torres Jordán, de nacionalidad peruana, de 48 años.

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En un comunicado de prensa el obispado detalló que al presentar al nuevo rector a los sacerdotes formadores del seminario y a los seminaristas, el obispo les comunicó que, "siguiendo las instrucciones precisas emanadas de la Santa Sede, asumiendo la decisión de cerrar el seminario a fin de este año, una vez terminado el ciclo lectivo de estudios del presente semestre".

Descontento de los fieles

La medida no cayó bien entre aquellos que encabezaron las protestas frente al seminario y, que incluso, quedaron en la disposición de la Justicia.

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Al respecto, uno de los fieles que objeta esta medida es el médico y fundador de la Obra Corazón y Voluntad Miguel Soler, quien dijo a Diario San Rafael y FM Vos (94.5) que “esta noticia que me ha llegado hace poco para mí es incomprensible, no le encuentro ninguna motivación lógica para tomar una medida de tal calibre. Esto nos afecta profundamente a todos, los católicos, creyentes, practicantes, y ensucia a la comunidad de San Rafael, aunque no sea católica ni practicante, porque un seminario es formar a quienes quieren ser discípulos de Jesucristo y él es la máxima verdad. Un seminario no nace por la ocurrencia de una persona, sino porque es obra de Dios, mediando oraciones y trabajos de monseñor Kruk, que fundó el seminario”.

Y agregó: “Espero que no se avance con esta medida, porque es un golpe muy grande, y muy malo, no tiene ningún justificativo, ni trae ningún bien. No hay razones para cerrar el seminario, para tantos sacerdotes que no solo están en San Rafael, sino que están en muchas partes de la Argentina y del mundo, y están haciendo el bien. Yo tengo dos hijos sacerdotes y dos hijas religiosas y hace años que están lejos de nuestro hogar y en situaciones de peligro. Y lo hacemos con gozo, con alegría, porque sabemos que Dios no falla”.

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