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Inminente catástrofe en Marte

Las encuestas, en su mayoría, habían vaticinado el triunfo inexorable de la otrora primera dama. Compañera de Williams, el que pronunció la célebre sentencia "es la economía, idiota".

Hillary perdió a pesar de que la gestión de su esposo fue una de las administraciones más elogiadas del gigante del Norte. Acaso más recordada por un proceso judicial que afrontó, debido a sus prácticas sexuales extra matrimoniales y fuera de la alcoba, que por los ataques en Kosovo y las muertes de Bosnia. Estos acontecimientos sólo se acomodan como anécdotas de las tragedias diarias y el escándalo cobra un lugar de preponderancia histórica, gracias a la sólida práctica comunicativa, formidable cosificación femenina que se instala en la memoria colectiva y se convierte en un pasaje humorístico de nuestras memorias. Una pena, o varias en realidad.

Entre las muchas conjeturas podemos arribar a una conclusiva: los encuestadores en no tienen mucho para envidiarle al estigmatizado Pipita Higuain. Una más seria: a la hora de presagiar pésimo, el Norte también existe.

Los pronósticos no coincidieron, mayoritariamente, pero tampoco es verdad que nadie acertó. Hubo. El más consagrado en esto es un investigador de opinión pública, el historiador Allan Lichtman que lleva diez períodos invicto. Se cumplieron todas sus predicciones. Otro más conocido es Michael Moore, periodista documentalista, pero de los grandes grupos mediáticos, sólo el "Los Ángeles Time" se atrevió a publicar una encuesta que daba ganador al rústico empresario ex conductor de televisión.

Tomando como referencia que esta vez los grandes conglomerados de medios de comunicación masivos se pronunciaron de modo directo y categórico, no tanto a favor de la Señora Clinton sino más bien denostando la figura del presidente electo de Estados Unidos, poco serio es andar especulando el daño que podrá provocarnos a los del Sur su administración y además, en vano, ya que las decisiones, como decíamos en esta anterior columna, son de carácter soberano, o deberían serlo, por cada Estado Nación. Sin intención de mitigar el temor que pudiera provocar este personaje casi caricaturesco, bien podemos hacer algunas advertencias que nos incumben un poco más a nosotros, me refiero a los argentinos. Una de ellas es que atendamos más y mejor a nuestros científicos, investigadores y técnicos. Algo que también podría interesarle a don Trump, para que no sigan poblando su territorio con cerebros ajenos.

Resumo la argumentación. Días atrás San Martín explicó en la facultad de ingeniería de la UBA cómo "aterrizó" (término que las ciencias astronómicas admiten a pesar de su contradicción) el explorador Curiosity en Marte, planeta que comparte color con la piel del nuevo mandatario estadounidense. Miguel, no José. Miguel San Martín trabaja en la NASA y dirige ese tipo de maniobras estelares. Según el reconocimiento de sus pares ha logrado hacerlo bastante bien. Otro exiliado quizá sólo tentado por el progreso.

Y a propósito de las coincidencias, si acaso vamos al viejo continente, cuna de la civilización y de la modernidad, nos encontramos con la amenaza de los Le Pen (quienes comparten con Donald varias recetas de cómo evitar la colonización de los pobres) . También ahí la aspiración de llegar al Planeta Rojo gana . Pero esa misión llamada ExoMars Rover, es más ambiciosa aún porque pretende encontrar vida. Rastros. Huellas.

Pergeñada por las Agencias Espacial Europea (ESA) y la rusa (Roscosmos) culminó una primera etapa tal como lo planeado. Esta misión es dirigida científicamente por un argentino. Vago. No, de ninguna manera es obvio, es el ingeniero argentino Jorge Vago. Quien estudió acá, se perfeccionó afuera y sueña con encontrar rastros de vida en Marte.

Mientras nuestros científicos se destacan y sueñan en descubrir nuevos horizontes, nosotros seguimos perturbados por los ronquidos del Norte, en vez de despertarnos para elegir nuestro propio destino.

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