"Hola, chicos. Acá estoy, ¡aparecí! Estoy aprendiendo de nuevo a caminar, ganando firmeza en las piernas", dijo este fin de semana Silvia, en un audio que les llegó a sus amigos. Y ellos, entre la alegría y la emoción, necesitaron compartir su historia. Tiene 42 años, tiene diabetes desde niña y se debió dializar. Apenas superada la adolescencia perdió la vista. Hace 10 años recibió un doble trasplante de riñón y páncreas. En septiembre se contagió de coronavirus y los pronósticos médicos no le daban chances de sobrevida. Ahora, después de más de dos meses, su cuerpo está recuperando todas sus funciones y está próxima a ser dada de alta.
Honrar la vida: la imbatible mujer que luchó contra todo para mantenerse viva

Silvia es diabética y perdió la vista en la adolescencia. Hace 10 años tuvo un doble transplante de páncreas y riñones. Se contagió de covid, le dieron 24 horas de sobrevida y dos meses después está apunto de ser dada de alta

A Silvia Lamia casi todos la conocen en Junín y en gran parte de la zona Este. Desde hace unos años es la responsable del conmutador de la Municipalidad. Además, quienes conocen su historia, se quedan maravillados por su fortaleza. Ahora, en estos últimos meses, Silvia ha confirmado que su fuerza de voluntad es incomparable, única. Le ganó al Covid, a pesar de todos los pronósticos. "La fuerza que tiene esta chica no la entienden los médicos ni la ciencia", dice Cinthia Minelli, una de sus amigas.
A principios de septiembre, cuando por ser trasplantada estaba en su casa y el Covid era algo que ocurría fuera de ella, Silvia posteo en su Facebook algo que quizás la define y la definiría la lucha que daría después: "Sonrío. Porque sí. Porque me apetece. Porque me hace bien. Porque hace falta. Porque siempre hay un motivo. Porque cura, porque salva".
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Su amiga Cinthia ayuda a reconstruir su historia. "Ella nació en Córdoba, pero desde muy chiquita se radicó en Ingeniero Giagnoni (Junín)", cuenta, y dice con orgullo que "somos amigas desde hace más de 15 años".
A Silvia le detectaron diabetes desde muy niña, se debía dializar y era insulinodependiente. Cuando estaba superando la adolescencia perdió la vista como consecuencia de la misma patología.
"Hace unos 10 años atrás consiguió que le realizaron un doble trasplante de páncreas y riñón, que le efectuaron en Córdoba, y anduvo muy bien", cuenta la amiga.
Unos 6 años atrás Silvia comenzó a ser la telefonista de la Municipalidad de Junín, la responsable del conmutador. Su enorme carisma, su buen humor y su entrega, la hicieron muy querida, más aún de lo que ya era antes.
Cuando comenzó la pandemia, debido a su historial médico, debió quedarse en casa. Su marido Ariel seguía trabajando en la bodega, mientras ella intentaba acomodar sus energías, como todos los que debieron encerrarse.
Y todo venía bien, hasta que "el 19 de septiembre se contagió. Ariel se había contagiado en el trabajo y la contagió a ella, algo que nadie quería. Ella, debido a que siempre ha tenido que tomar antibióticos, tenía las defensas muy bajas ", recuerda Cinthia. El 27 de septiembre la tuvieron que internar.
"La internaron en el Hospital Perrupato, con el pronóstico de que no iba a sobrevivir más de 24 horas", cuenta la amiga. "El panorama era lar el peor", recuerda.
"En el Perrupato estuvo solo tres días. No podían ponerla en terapia porque tenían pocas camas y consideraron que ella no era una prioridad, porque estimaban que tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir. Pero la fuerza que tiene esta chica no la entienden los médicos ni la ciencia", cuenta.
El caso es que Ariel, el marido de Silvia, "comenzó a moverse por todos lados. Movió cielo y tierra y consiguió que la trasladaran al Hospital del Carmen".
Estuvo un mes internada allí. "Después la trasladaron a la Clínica San Andrés, supuestamente para su rehabilitación. Eso fue un jueves. El viernes el informe médico dijo que su estado era deplorable, que no debería haberse realizado el traslado y nos recomendaron rezar. Dijeron que había que dializarla de urgencia, esa misma noche, porque su riñón no funcionaba, pero que no había dónde hacerlo. Otra vez el marido consiguió que la dializaron esta noche y, casi inmediatamente, sus pulmones se empezaron a descomprimirse y a funcionar de nuevo".
Este fin de semana, después de más de dos meses sin escucharla, Ariel les hizo llegar a sus amigas y amigos un audio de Silvia: "Hola, chicos. Acá estoy, ¡aparecí! Estoy aprendiendo de nuevo a caminar, ganando firmeza en las piernas".
"Ella sigue internada, pero con un panorama muy distinto. Ya respira sola y está empezando a caminar".