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Mendocinos adoptaron en Guinea Bissau

Una historia de adopción y amor con acento africano

Editado por Raúl Adriazola
adriazola.raul@diariouno.com.ar

Hay una historia que merece ser contada y merece ser leída. Es un relato de amor, y tiene como protagonistas a dos parejas. Una es de hermanitos africanos; y la otra, un matrimonio mendocino. Los niños estaban necesitando todo, y sus vidas tenían un futuro ominoso. Marianela y Gustavo necesitaban dar ese amor de padres que los desbordaba, y una adopción internacional sirvió para terminar de armar junto a los pequeños Agostinho  y Edimilson, nacidos en Guinea Bissau, una gran familia aquí, en Guaymallén, desde principios de 2017.

Por pedido de Gustavo y Marianela, se omiten muchos datos para preservar la identidad de los menores y la intimidad de la familia. "Además no nos interesa ser Figurettis", dice Marianela. Sin embargo, la historia parece sacada de un libro del Wilbur Smith, con paisaje africano, guerras civiles, hambre y enfermedades incluidas.

Una familia para armar

"El choque cultural fue total. Los chicos estaban en una casa cuna donde los cuidaban mucho y muy bien, pero en su país, por ejemplo, hay luz eléctrica hasta las 23, y además sólo hablaban en su dialecto (kriolu, de raíces portuguesas y africanas), en su casa no tenían baños instalados y esas cosas. Convivimos casi 10 días en el orfanato y ahí supe que no me iba a poder separar más de esos niños", contó Marianela sobre el primer contacto, allá en Guinea Bissau.

"El papá de los chicos no podía mantenerlos y quería que tuvieran una vida mejor y pudieran estudiar y tener un futuro, así que inmediatamente firmó los papeles para una adopción total", explicó la mendocina, quien agregó: "De todos modos con Gustavo quedamos de acuerdo para seguir manteniendo la relación con la familia de los chicos. Yo les escribo una vez por semana y los participo de cada logro de los niños, les mando fotos y videos".

“Siempre quise ser mamá adoptiva -amén de tener propios- , y preservarles la identidad a los niños. Que supieran de dónde venían, fueran bebés o chicos más grandes. Es así como hago con mis dos hijos ahora, a quienes les doy de mí todo el amor que tengo” “Siempre quise ser mamá adoptiva -amén de tener propios- , y preservarles la identidad a los niños. Que supieran de dónde venían, fueran bebés o chicos más grandes. Es así como hago con mis dos hijos ahora, a quienes les doy de mí todo el amor que tengo”

Marianela, la mamá adoptiva de Agostinho y Edimilson 

La tarea de la convivencia no fue fácil, y tanto padres como hijos tuvieron que aprender el idioma del otro. "Al principio todo fue señas, gestos y muchos abrazos y cariños, y así nos fuimos entendiendo. Comenzamos a hablar mendokriolu (risas), pero en pocos meses ya los niños iban a la escuela. Son impresionantemente inteligentes. Ahora uno está en quinto grado y el otro en tercero. Parece mentira, que ellos que padecieron disentería, anemia y hepatitis, por la falta de higiene, ahora estén tan sanos y felices", relató la mamá adoptiva, que es maestra mayor de obras,  licenciada en seguridad industrial, y docente a medio tiempo, debido a sus tareas de madre.

Los pequeños, de 11 y 7 años ya están adaptados, estudian, tienen amiguitos y practican deportes, donde demuestran su ADN africano de vigor y destreza. 

Fueron recibidos de la mejor manera, y tanto en la escuela donde concurren -un establecimiento privado de Guaymallén- como en los clubes donde practican rugby (ya dejaron) o fútbol, toda la comunidad los apoyó y lograron que en meses ya fueran dos mendocinos más, hechos y derechos.

"Mi primer miedo fue que nos los aceptaran. Tuve pánico. Y me dije que si los llegaban a discriminar por ser negritos, agarrábamos todo y nos íbamos a Brasil o a Guinea, aunque sea a comer pan en un mantel tirado en el piso, pero juntos y felices" "Mi primer miedo fue que nos los aceptaran. Tuve pánico. Y me dije que si los llegaban a discriminar por ser negritos, agarrábamos todo y nos íbamos a Brasil o a Guinea, aunque sea a comer pan en un mantel tirado en el piso, pero juntos y felices"

Marianela

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Como una novela

Marianela y Gustavo se conocieron cuando tenían 13 y 15 años, y tácitamente firmaron un contrato de amor renovado día a día. Se conocieron en la escuela Pablo Nogués, ambos son técnicos, y ahora llevan 13 años de casados, y estuvieron 11 tratando de adoptar.

Las malas experiencias con el sistema de adopción de nuestro país y la larga espera los llevó a buscar otras alternativas. Por consejo de una cuñada se contactaron con una casa cuna que es administrada por una comprometida misionera costarricense y allí comenzó la aventura de Marianela y Gustavo.

En la casa cuna, que arrancó con los huérfanos de las muchas guerras civiles, encontraron a los hijos menores de un padre que recientemente había enviudado y tenía cinco hijos en total, a los cuales le era imposible alimentar. La familia rota padecía todas las necesidades imaginables viviendo en una “tabanca” (villa miseria) cerca de la ciudad y el cariño de quienes serían sus padres adoptivos derribó cualquier barrera.

"Quiero que los chicos estudien una carrera que les permita, si así lo deciden, volver a su país y ayudar a sus padres y hermanos mayores a salir de la miseria. Yo quiero comenzar a estudiar enfermería, ya que medicina es una carrera muy larga, e irme con ellos para colaborar. Donde ellos estén, queremos estar con Gustavo" "Quiero que los chicos estudien una carrera que les permita, si así lo deciden, volver a su país y ayudar a sus padres y hermanos mayores a salir de la miseria. Yo quiero comenzar a estudiar enfermería, ya que medicina es una carrera muy larga, e irme con ellos para colaborar. Donde ellos estén, queremos estar con Gustavo"

Marianela

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