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Negocio tradicional

La historia del abuelo, Cantinflas y los churros mágicos

Editado por Raúl Adriazola
adriazola.raul@diariouno.com.ar

Como si fuera una historia sacada de un libro de cuentos, hubo un "había una vez", y también un príncipe valiente y un sabio consejero. Con esta especie de novela, que tuvo al "reino" de Mendoza como escenario, se puede graficar lo que fue el nacimiento de uno de los lugares más emblemáticos de nuestra ciudad: la fábrica de churros Churrico, la primera, que pronto cumplirá sus Bodas de Oro.

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El principe valiente -o emprendedor- fue don César Agüero, del gremio gastronómico, que conoció por su trabajo, y gracias a su simpatía y dones de buen hombre, a un sabio famoso azteca (que en realidad era el actor latino más importante del mundo), llamado Mario Moreno, apodado Cantinflas. El protagonista de mil películas y ganador de un Globo de Oro (Mejor Actor de Reparto en La Vuelta al Mundo en 80 días, en 1956) visitó Mendoza, y fue atendido por el simpático mozo llamado César en el desaparecido hotel Palace, de calle Las Heras.

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En charla íntima, Cantinflas se quejó de que el hotel no hubiera churros para desayunar -no se comercializaban- y César lo llevó a la vereda de enfrente, una cuadra más abajo, al Mercado Central, donde un "gallego" sí hacía y vendía churros, los que el protagonista de El bombero atómico o El barrendero degustó con un sabroso chocolate. Esto lo conectó al actor con su tradición mexicana, legado de España, y que aquí sólo se disfrutaba en algunas familias de raíces ibéricas.

"Ahí le quedó prendida la chispita a mi abuelo, que se interiorizó en cómo se hacen los churros, y de donde nació la empresa que dentro de poco cumplirá 50 años", dijo en charla con el programa de Radio Nihuil En Primera Persona, Julio Agüero, nieto de César Primero, el Emperador del Churro Mendocino, por ponerle un título nobiliario a quien nos trajo esta hermosa tradición a los mendocinos.

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¿Quién no recordará la década de los '80 y '90 y las salidas del boliche para ir a desayunar a la calle O' Brien y llevarse su paquete de Churrico Viajero, con los churros rellenos y el vaso térmico con chocolate?

El legado del abuelo César, que falleció en 2001, pasó a manos de su hijo Daniel -ya jubilado- y ahora son los hijos de éste, Laura, Julio, Luciana y Facundo, quienes mantienen viva la tradición y el negocio, y buscando, fieles a su ADN, crecer y ofrecer calidad y mucha variedad de comidas, postres o facturas a sus clientes. Este próximo mes de octubre estarán festejando los primeros 50 años de la aventura que inició su abuelo.

La génesis de la primera fábrica

El emprendedor César y su esposa Lucía acompañados por el hijo de ambos, Daniel, abrieron con esfuerzo la boîte Stereo en Chacras de Coria, donde luego conocería a un viajante de Lanús (Buenos Aires) y ahí tomaría fuerza y forma definitiva la idea de la fábrica.

"Mi abuelo se hizo amigo de un viajante que siempre que venía a Mendoza iba a cenar a la boîte y charlaban juntos. Ahí le contó la idea al viajante, que le dijo que tenía unos primos en Avellaneda que fabricaban churros y se ofreció a presentárselos", rememoró Julio, actual conductor de Churrico.

"Luego de hablar con la gente de Buenos Aires, estos le dijeron que comprara las máquinas, para cuando estuvieran listas ellos iban a venir a enseñarle a hacer los productos. El abuelo volvió y contactó a unos ingenieros para que hicieran las máquinas -tuvieron que desarrollarlas de cero- a lo grande, y son las que actualmente usamos, una ametralladora de churros que larga 200 unidades cada 10 segundos", contó el nieto de César, que agregó que la historia tuvo un capítulo amargo: "Cuando iban a viajar a Mendoza la gente de Buenos Aires, le explotó una caldera y murieron, incendiándose la fábrica. Por eso mi abuelo se quedó con la maquinaria pero sin la fórmula".

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"Mi abuelo no quiso frenar su idea, y con el método de prueba y error, abrió la fábrica en 1969, en la calle O' Brien de San José", comentó orgulloso el hijo de Daniel y nieto de César.

Entrada y salida del Centro

Luego -casi dos décadas- llegaría en 1985, la idea de expandirse y diversificar los llevó a abrir un elegante local en calle Lavalle al 100, frente a los cines Lavalle y Cóndor (al lado del Opera), donde ofrecieron otros productos en lo que fue un moderno restaurante con heladería. "La idea era ofrecer otros elementos, ya que el churro con chocolate es algo estacionario y sólo se vendía bien en invierno", explicó Julio. El heredero de César a Daniel luego culpó en cierta forma a la apertura de los shoppings de la muerte del centro. "En la cuadra del negocio estaban los cines, y un Pumper Nic (hamburguesería antecesora de las franquicias de los arcos dorados o de la coronita) y tuvieron que cerrar cuando aparecieron los shoppings y sus cines. La baja de las ventas se acompañó con lo caro del alquiler, el estacionamiento medido o la inseguridad del centro, y tuvimos que volver a nuestro orígenes, en calle O' Brien", apuntó Agüero.

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Hoy el tradicional negocio siguió creciendo de a poco en su "casa" habitual de San José, donde se extendieron hasta la esquina de Alberdi, y ofrecen tal variedad gastronómica, que permanecen abiertos casi todo el día, aggiornándose a las exigencias modernas, pero sentados en las bases de una tradición: la de los churros.

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