Entre los bosques húmedos y los meandros silenciosos del Pacific Northwest, donde árboles centenarios y los ríos sinuosos sostuvieron durante siglos ecosistemas vinculados a salmones y otras especies nativas, se desarrolla hoy un proceso de recuperación ecológica largamente postergado.
Helicópteros están arrojando troncos sobre ríos de Estados Unidos: más de 6.000 árboles con un objetivo vital
Una operación aérea inédita deposita miles de árboles en ríos de Estados Unidos para restaurar ecosistemas degradados

Helicópteros transportan troncos de árboles y los depositan de manera controlada en ríos y arroyos de difícil acceso del centro de Washington y áreas cercanas. La intervención forma parte de un programa de restauración fluvial orientado a restituir la complejidad estructural de los cauces.
Helicópteros están arrojando troncos sobre ríos de Estados Unidos: más de 6.000 árboles con un objetivo vital
Durante gran parte del siglo XX, la gestión de estos cursos de agua siguió una lógica simplista. Si había troncos de árboles, había que sacarlos. Se creía que un río “limpio” facilitaba un flujo rápido, sin obstáculos para la corriente ni para los peces. El resultado fue justamente lo contrario. Se empobrecieron los hábitats, las aguas se calentaron, desaparecieron las pozas profundas y los salmones.
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Hoy, la ciencia y la gestión ambiental dan vuelta esa página con una humildad casi meditativa. Más de 6.000 troncos, fruto de árboles nativos, están siendo colocados estratégicamente en más de 38 kilómetros de ríos y arroyos, muchos de ellos inalcanzables por medios terrestres.
Las ventajas de tirar troncos al río
Esto no es tirar troncos al azar, sino un diseño pensado para reactivar procesos naturales. Crear pozas, ensanchar el cauce, enfriar las aguas en verano y formar refugios para invertebrados que serán alimento para otras especies.
Los helicópteros se elevan como guardianes temporales del paisaje, levantando troncos desde taludes boscosos y colocándolos con precisión casi quirúrgica en brazos de agua que, durante décadas, han sufrido la rigidez de una gestión humana que los consideraba “demasiado despejados”.
La madera en los ríos actúa como una estructura compleja que favorece refugios, detiene sedimentos y redistribuye la energía de la corriente, en otras palabras, convierte el cauce en un espacio más vivo, más hospitalario para la biodiversidad. Estudios como los de la Smithsonian Magazine han documentado cómo la madera en el agua da lugar a hábitats clave. Desde insectos acuáticos hasta especies mayores como aves y peces, todos enlazados en una trama que la visión anterior consideraba “desordenada”.