Historias de hospital

"Hagan lo que sea, pero sálvenme": entró resfriado al hospital, pero terminó sin brazos ni piernas

La historia de vida de este hombre dio un giro completo, y hoy debe adaptarse a su nueva vida por un motivo inesperado

Aquel día, el vecino de Wisconsin sintió fiebre y vómitos. Pensó en un resfrío común y decidió descansar, esperando que el malestar pasara. Sin embargo, a la mañana siguiente el panorama era crítico: deliraba y la temperatura se había disparado. Su esposa no dudó y lo trasladó de urgencia al hospital.

La vida de este hombre cambió por completo en cuestión de horas.

El peor y sorprendente diagnóstico

El trayecto en auto duró apenas cinco minutos, pero al ingresar a la guardia ocurrió lo inexplicable. El cuerpo del hombre se cubrió por completo de moretones profundos, como si lo hubieran golpeado ferozmente.

Los médicos reaccionaron rápido ante los signos de una sepsis fulminante, un envenenamiento de la sangre que avanzaba a pasos agigantados.

La esposa de este hombre no dudó y lo trasladó de inmediato al hospital.

A pesar de los antibióticos, la respuesta de su organismo generó coágulos masivos que bloquearon el flujo sanguíneo hacia las extremidades, provocando la muerte de los tejidos. Ante la gravedad de la situación, Greg miró a los especialistas y les dejó una súplica dramática: "Hagan lo que sea, pero sálvenme".

Un enemigo invisible

Los análisis de laboratorio confirmaron lo inesperado: el culpable era la bacteria Capnocytophaga canimorsus. Se trata de un microorganismo que vive de forma natural en la saliva de la gran mayoría de los perros y gatos sanos. En general no hace daño, pero el caso de Greg fue una trágica y "extraña casualidad".

El hombre, un apasionado de las mascotas, había estado con ocho canes diferentes en los días previos, incluyendo el suyo. Bastó una simple lamida en una microherida para que la bacteria ingresara al torrente sanguíneo. Para salvarle la vida, los cirujanos tuvieron que amputarle las piernas desde las rodillas y, luego, ambas manos.

Hoy, lejos de su moto que apasionaba y de su trabajo como pintor, este hombre afronta su nueva realidad en silla de ruedas y con prótesis, pero con una resiliencia admirable que conmueve.

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