Cuando se habla de restauración ecológica, plantar árboles suele parecer una de las soluciones más evidentes para recuperar un paisaje degradado. Sin embargo, en ecosistemas frágiles, una intervención pensada para ayudar puede terminar generando nuevos problemas si no se tienen en cuenta las relaciones entre especies, agua y suelo.
Hace 200 años plantaron miles de árboles para frenar la erosión de los ríos: hoy se dieron cuenta que estaban equivocados
La introducción de este árbol en el oeste de EE.UU. para combatir la erosión de los ríos resultó contraproducente, desplazando especies nativas y alterando ecosistemas frágiles.

Eso ocurrió con el árbol tamarisco, una planta que durante décadas fue considerada una aliada en algunas zonas áridas del oeste de Estados Unidos. Introducida principalmente durante el siglo XIX y principios del XX, esta especie parecía tener todas las características necesarias para combatir la erosión de los ríos. Resistía altas temperaturas, toleraba suelos salinos y podía crecer en lugares donde otras plantas tenían dificultades para sobrevivir.
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Plantaron árboles para salvar ríos y arruinaron ecosistemas
En un principio, la presencia de este árbol parecía beneficiosa. Sus raíces ayudaban a estabilizar las orillas de los ríos y proteger terrenos vulnerables. Pero con el paso del tiempo, el tamarisco comenzó a expandirse rápidamente y a ocupar grandes sectores de las riberas, desplazando a especies nativas como los álamos y sauces que históricamente formaban parte de esos ecosistemas.
El problema no fue únicamente la llegada de este árbol, sino las condiciones de los ríos donde logró prosperar. Durante el siglo XX, muchos cursos de agua del oeste estadounidense fueron transformados por la construcción de presas, la extracción de agua y la modificación de los ciclos naturales de inundación. Según investigaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), estos cambios alteraron las condiciones ambientales y favorecieron al tamarisco frente a varias especies nativas que dependían de las crecidas naturales de los ríos para regenerarse.
Árboles para frenar la erosión: el insólito error de EE.UU. hace 200 años
Durante años, este árbol fue señalado como una de las grandes responsables de la pérdida de agua en zonas áridas. Esa idea impulsó campañas para eliminarla con el argumento de que su desaparición permitiría recuperar recursos hídricos para los ecosistemas, la agricultura y las ciudades. Sin embargo, estudios posteriores mostraron que la relación entre el tamarisco y el consumo de agua era mucho más compleja de lo que se creía inicialmente.
En 2001, las autoridades estadounidenses comenzaron a utilizar un método de control biológico mediante la liberación del escarabajo de la hoja del tamarisco (Diorhabda spp.). Este insecto fue elegido porque se alimenta del árbol y podía reducir su crecimiento sin depender exclusivamente de maquinaria pesada o productos químicos.
El resultado volvió a demostrar que los ecosistemas no funcionan como una ecuación simple. El escarabajo logró expandirse por distintas regiones del suroeste de Estados Unidos y el norte de México, reduciendo la cobertura del tamarisco en algunos sectores. Pero los científicos todavía estudian sus consecuencias a largo plazo, ya que cualquier especie introducida para controlar otra puede generar nuevos efectos inesperados.
En pocas palabras
- El tamarisco, introducido en EE.UU. para frenar la erosión de ríos, desplazó especies nativas.
- La expansión del árbol y cambios en los cursos de agua alteraron ecosistemas frágiles.
- El uso del escarabajo tamarisco para combatirlo genera nuevas incógnitas sobre sus efectos a largo plazo.