El episodio ocurrido este jueves en la Sexta Sección, cuando una mujer encontró a su pareja policía siéndole infiel con una compañera de armas y que terminó en una causa judicial por lesiones, trajo a la memoria algún que otro caso con condimentos parecidos.
Los amoríos entre policías, sean romances sólidos y batallas pasionales de un momento, son bastantes frecuentes. Claro, la mayoría queda en la intimidad de quienes los viven, pero otros, por descuido de sus protagonistas y por concretarlos en horarios de servicio, a veces terminan (en todos los sentidos de la palabra) en escándalo.
Uno de los más recordados es el que ocurrió a fines de enero de 2011, en Rivadavia.
La historia fue así:
El operador del 911 no imaginó lo que escucharía cuando quiso monitorear lo que ocurría con un patrullero que se había salido de jurisdicción. Gemidos, frases eróticas y solicitudes para adoptar tal o cual postura sexual fueron retransmitidas desde el equipo de comunicaciones del móvil al parlante de la base del sistema Tetra.
Los que proferían semejantes exclamaciones eran dos jóvenes oficiales, hombre y mujer, que no pudieron contener sus deseos y decidieron saciarlos en pleno servicio. El desliz les costó un sumario y un traslado a 50 kilómetros de distancia de su unidad de origen.
“Donde se come…” inicia un dicho popular que fue olvidado rotundamente una noche de esa última semana de enero por dos oficiales auxiliares de la Comisaría 13, de Rivadavia. Ella y él, veinteañeros, fueron invadidos por la pasión en pleno ronda policial y sucumbieron al deseo olvidándose que, pese a que estén apagados, los equipos de comunicación del sistema Tetra no impide que el operador pueda escuchar el sonido ambiente si es que lo cree necesario.
Los enamorados, de quienes no se supo si ya mantenían una relación de noviazgo antes de este entuerto o si tropezaron con el cascote de la infidelidad, salieron de patrullaje en un móvil de la unidad y eligieron una zona oscura y alejada de curiosos.
La búsqueda de intimidad los llevó a apagar el equipo de comunicaciones y cometieron el error de salirse de su jurisdicción. Esto alertó a uno de los operadores que monitoreaba el movimiento de los patrulleros y decidió abrir el micrófono, suponiendo que la pareja podía estar en emergencia… Y la emergencia existía, pero no era la que se imaginaba el indiscreto escucha.
Los gemidos y frases que salieron del parlante no dejaron ninguna duda de lo que pasaba en el interior del móvil. Además de apasionados, los policías eran muy explícitos en sus solicitudes y comentarios.
El operador, teniendo en cuenta que sus compañeros estaban en servicio y que debían estar patrullando Rivadavia, decidió informar la irregularidad a su superior, mientras el audio de las piruetas amorosas quedaban grabadas automáticamente en el sistema.
La pareja, ya mucho más relajada, regresó a su base tiempo después sin sospechar que su desliz llegaría a oídos, literalmente, hasta del mismo ministro de Seguridad.
Al miércoles siguiente se les informó oficialmente a los dos apasionados que su destino ya no sería Rivadavia, sino que el hombre sería mandado a una comisaría de la capital de Mendoza y la mujer a la base central del CEO. Además fueron sumariados por abandono de servicio.
“Son dos chicos jóvenes y pueden hacer lo que quieran, pero no cuando están de servicio, utilizando bienes del Estado y brindando seguridad a la ciudadanía”, dijo en ese momento una alta fuente policial quien, además de su molestia por la situación, mostró cierta compasión por los tórtolos.
Hoy siguen en la fuerza y sus colegas dicen que la relación no prosperó.
