Historias de vida

Fue la única de 9 hermanos que dieron en adopción y 30 años después encontró la pieza que le faltaba

Antonella Siciliano fue entregada recién nacida. Su madre biológica no podía criarla. Creció rodeada de amor, pero durante años convivió con preguntas sin respuesta

Tenía apenas 3 días de vida cuando una mujer de 41 años tomó la decisión más difícil de su existencia. Era madre de una familia numerosa, vivía en un contexto de extrema vulnerabilidad en Rodeo del Medio y sabía que no podía sostener una boca más. Entonces eligió el camino que más le dolía: entregarla en adopción.

Antonella, a la derecha, sonríe junto a Alejandra, la mujer que adoptó a los 3 días de vida.

Del otro lado había otra historia.

Alejandra y Sergio llevaban años soñando con ser padres. La infertilidad les había puesto obstáculos, pero nunca les había quitado la esperanza. Mientras ese embarazo transcurría, una hermana de Alejandra y su esposo viajaban hasta el humilde barrio donde vivía la madre biológica para acercarle alimentos y asegurarse de que esa bebé naciera sana. Sin conocerse, dos familias ya estaban unidas por la misma niña.

Antonella llegó a su nuevo hogar cuando apenas tenía tres días de vida. Nunca le ocultaron la verdad.

Una hija del corazón que creció con amor y verdad tras su adopción

"Tenía 3 años cuando mi mamá me dijo que yo era su hija del corazón. Crecí sabiendo que era adoptada y jamás sentí que me faltara amor", cuenta hoy.

Esa sinceridad marcó su infancia. Mientras muchos padres dudan sobre cuándo contar una adopción, en su casa eligieron hacerlo desde el principio. La verdad nunca fue un secreto, sino una forma de construir confianza.

Con el paso de los años aparecieron las preguntas inevitables.

Antonella entendió que su madre biológica nunca la rechazó, sino que hizo todo para que creciera cuidada y feliz.

¿Quién era esa mujer que la había llevado 9 meses en su vientre? ¿Por qué había tomado aquella decisión? ¿Existían hermanos que se parecieran a ella?

La respuesta tardó décadas en llegar.

Durante mucho tiempo, Antonella admite que juzgó aquella historia desde el dolor. Hasta que algo cambió.

"Comprendí que mi mamá biológica no me había rechazado. Había hecho lo único que podía hacer para darme una oportunidad diferente", explica.

Su madre biológica ya había fallecido cuando logró hacer las paces con ese pasado. El perdón no llegó en una conversación, sino en silencio.

Fue un trabajo interior que le permitió dejar de mirar aquella entrega como un abandono y empezar a verla como un acto de amor atravesado por la desesperación.

Recién entonces sintió que estaba preparada para dar el siguiente paso: buscar a sus hermanos. Y no fue sencillo.

La búsqueda de sus hermanos y la emoción a flor de piel

Durante toda su vida había imaginado cómo serían. Incluso, sin darse cuenta, comparaba edades y rasgos físicos entre sus amistades buscando parecidos.

Hasta que un día decidió escribirle a Yemina. Le contó quién era, le dijo el nombre de su madre y la respuesta cambió su vida para siempre.

"Esa noche lloré sin parar. Cuando me confirmó que éramos hermanas no podía creerlo", recuerda.

Aunque Yemina vive en Chile y todavía no pudieron abrazarse personalmente, la primera videollamada alcanzó para descubrir algo que las emocionó a las dos.

Junto a su madre adoptiva y su hermano. "También está Luis, pareja de mi mamá. Mi padre adoptivo falleció en 2018", contó.

"Somos casi iguales. Tenemos el mismo cuerpo y somos las que más nos parecemos a nuestra mamá", cuenta Antonella.

Después llegaron otros encuentros. Los abrazos con sus hermanas, las lágrimas, la emoción de reconocer gestos, miradas y rasgos compartidos después de casi tres décadas.

"Nunca voy a olvidar el llanto de mi hermana Carina cuando nos abrazamos por primera vez", dice y cuenta que hoy mantiene una relación cercana con ellas.

Ya no siente que le falte una parte de su historia. Encontrarla no significó reemplazar a nadie. “Al contrario”, dice. Le permitió agradecer todavía más a quienes la criaron.

"A mi mamá biológica le agradezco haberme llevado 9 meses en su panza y haber tomado una decisión tan dolorosa para darme una oportunidad. Y a mi mamá Alejandra le agradezco el amor incondicional con el que me recibió a mis 3 días de vida y el hogar que me regaló junto a mi papá Sergio, que falleció en 2018", resume.

Hoy Antonella es profesora y licenciada en Educación. También conduce un programa radial y acompaña a estudiantes en sus trabajos de investigación. Pero cuando mira hacia atrás entiende que su mayor aprendizaje no estuvo en un aula.

Una historia de amor y de identidad

Estuvo en comprender que una persona puede tener dos historias sin que una invalide a la otra. Que buscar los orígenes no significa querer menos a quienes criaron y que sanar la identidad también es una forma de agradecer.

"A una mamá le diría que, si su decisión nace del deseo sincero de proteger a su hijo, no se castigue. El amor también puede manifestarse dejando ir", reflexiona.

Por eso, cuando piensa en otras mujeres que hoy atraviesan el dolor de no poder criar a un hijo, no juzga.

"A una mamá le diría que, si su decisión nace del deseo sincero de proteger a su hijo, no se castigue. El amor también puede manifestarse dejando ir", reflexiona.

Y a quienes crecieron sabiendo que fueron adoptados les deja otro mensaje.

"No tengan miedo de buscar su origen. Conocer la verdad no le quita amor a la familia que los crió. Al contrario, suma una pieza que ayuda a entender quiénes somos y nos permite vivir en paz", concluye.

En pocas palabras

  • Adopción: Antonella Siciliano fue dada en adopción al nacer y creció sabiendo su historia.
  • Reencuentro: tras 30 años, logró contactar a sus hermanos biológicos, encontrando la pieza que le faltaba.
  • Identidad: comprendió que la decisión de su madre biológica fue un acto de amor y agradece a ambas familias.
Resumen generado por Thinkindot AI

MÁS LEÍDAS

Temas relacionados