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Estudio revela sorprendente evolución de los hongos de Chernobyl

Un reciente estudio analiza cómo ciertos hongos en Chernobyl transforman la radiación en energía mediante un proceso de evolución biológica

Editado por Francisco Pérez Osán
perez.francisco@diariouno.com.ar

La zona de exclusión de Chernobyl permanece restringida para los seres humanos, pero otras formas de vida no solo se establecieron allí, sino que prosperaron. Tras la explosión del reactor número cuatro de la planta de energía nuclear hace casi cuarenta años, diversos organismos colonizaron el área. En las estructuras interiores del edificio más radiactivo del planeta, los científicos localizaron un ejemplar de color oscuro que se desarrolla con normalidad. Este estudio sobre el espécimen Cladosporium sphaerospermum sugiere que su pigmento oscuro, la melanina, permite aprovechar la radiación ionizante de manera similar a la fotosíntesis.

A finales de la década de 1990, un equipo liderado por la microbióloga Nelli Zhdanova realizó un relevamiento en el refugio del reactor en ruinas. La investigación encontró una comunidad fúngica integrada por 37 especies distintas. La mayoría de estos organismos presentaba una coloración negra debido a la alta concentración de melanina. El espécimen predominante en las muestras demostró niveles elevados de contaminación, lo cual despertó el interés de la ciencia por su capacidad de adaptación.

Supervivencia en entornos de alta toxicidad

Expertos del Albert Einstein College of Medicine en Estados Unidos observaron que la exposición a emisiones de partículas no dañaba a estos organismos. Mientras que la ionización suele romper moléculas y destruir el ADN en los humanos, este tipo de hongos creció con mayor vigor bajo dichas condiciones. El análisis de este comportamiento permitió postular una teoría sobre la obtención de energía metabólica a partir de fuentes que resultan letales para otros seres vivos.

hongo chernobyl

El estudio analizó los cambios en los hongos de ese sitio radioactivo.

La evolución de este mecanismo biológico se describe como radiosíntesis. En este proceso, la melanina actuaría como la clorofila en las plantas, capturando la energía de la radiación para convertirla en alimento. Al mismo tiempo, el pigmento funciona como un escudo protector que neutraliza los efectos nocivos del entorno. Experiencias posteriores en la Estación Espacial Internacional confirmaron que estas capas fúngicas reducen la penetración de rayos cósmicos en comparación con otros materiales de control.

Respuestas biológicas ante condiciones extremas

La ciencia todavía busca pruebas definitivas sobre la fijación de carbono impulsada por este fenómeno. Investigadores de la Universidad de Stanford señalaron que aún falta demostrar una ganancia metabólica clara o una vía de recolección de energía definida. No obstante, el hallazgo de que la vida vegetal y fúngica ocupa espacios prohibidos para el hombre demuestra una resistencia asombrosa. Otros tipos de levaduras negras también muestran un crecimiento mejorado bajo condiciones similares, aunque la reacción no es igual en todos los ejemplares con melanina.

Esta capacidad de adaptación plantea interrogantes sobre si se trata de una respuesta al estrés o de una ventaja selectiva para aprovechar recursos inaccesibles. El comportamiento del Cladosporium sphaerospermum refleja cómo la naturaleza utiliza mecanismos complejos para colonizar sitios peligrosos. El estudio de estos procesos abre puertas a posibles aplicaciones tecnológicas, como la creación de protecciones para misiones espaciales. La realidad de estos organismos en un entorno tan hostil confirma que las fronteras de la supervivencia biológica superan las expectativas iniciales de los investigadores.

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