¡Al fin una pelea! Cuando el verano se escurría sin que alguna vedette se peleara con nadie, apareció Jorge Lanata. El periodista protagonizó una comedia de enredos en las redes un tanto bizarra. Los hechos: Lanata dijo que iba a filmar un documental ficcionado sobre la corrupción K, llamado “Codicia”. Se basará, anunció el periodista, en las causas conocidas como “La ruta del dinero K' y “Los cuadernos”. Uno de los guionistas del documental es el ex Leonardo Fariña, ex contador de Lázaro Báez, ex preso y ex marido de Karina Jelinek. Fariña, ahora liberado como arrepentido, es el mismo que hizo famosa la frase “¿Quieren ficción? Tomen ficción!”
El último lunes 4 el escritor Mempo Giardinelli escribió en su columna en el diario Página/12 titulada “Estrategias mediáticas: basuras, bárbaros y Netflix” que ese documental sería producido y emitido por el servicio de streaming. “Se difundirá en todo el mundo por el inteligentísimo y encantador, pero peligroso, sistema llamado Netflix” (...) ese actor principal en la tarea de manipular los pueblos”.
El problema de Giardinelli no es solo su rancia paranoia imperialista ni su enojo y odio contra el gobierno actual ni sus tesis mediáticas perimidas (el mundo cambió, Mempo!). El problema es que lo que escribió es falso. Falso de toda falsedad, como diría alguna vez CFK.
Pero ese mismo lunes, miles de usuarios militantes kirchneristas (o anti macristas o anti Lanata) salieron a las redes a intentar boicotear a Netflix. Hay que irse Hay que darse de baja de ese sistema manipulador, macrista y anti popular. Gritaban en Twitter, donde lograron el Trending Topic #ChauNetflix.
Pero a las pocas horas la mentira de Giardinelli fue servida en bandeja por Netflix. La empresa tuiteó: "Para evitar malos entendidos, Netflix no estuvo ni está involucrado de ninguna forma en Codicia del señor Lanata. No crean todo lo que leen. En lugar de #ChauNetflix, #HolaFalsoRumor"”.
La mecha estaba prendida
¿Quién se benefició con este paso de comedia delirante? Jorge Lanata, sin dudas. El periodista logró que todos nos enteremos de su próximo documental. Y lo logró gratis. Pero lo irónico de la cuestión es que toda esa publicidad la pagó el kirchnerismo. Fueron los militantes K enardecidos en las redes contra Netflix los que propagaron el mensaje. También agitó Netflix cuando salió a aclarar. Yo me enteré en ese momento.
Atravesamos la era de la posverdad, es decir, la interpretación emocional de los hechos. La era fake news. El público está dispuesto a estirar un hecho todo lo necesario hasta lograr que se acomode a sus creencias pero no negocia a aceptar distintas opiniones y posturas frente a una idea. Tampoco importa el hecho (la corrupción) sino detalles (el documental, la plataforma, el boicot en redes, etc). Al revés de lo que solía ser: ahora los hechos son flexibles, las opiniones son rígidas. Netflix desmiente que producirá el documental de Lanata pero ahora no hay manera de sacarles de la cabeza a miles de personas que el servicio de streaming norteamericano conspira contra la democracia argentina a favor de los intereses de la derecha hegemónica mundial.
Las fake news es como romper un almohadón de plumas y esparcirlas por toda la habitación. Es imposible después juntarlas a todas y volver a meterlas en el almohadón. Siempre quedarán algunas plumas sueltas. En este caso plumas K anti Lanata. Siempre existieron las mentiras pero ahora con la tecnología digital de las redes y los celulares, se potencian gracias a dos vectores: escala y velocidad.
En twitter funciona muy bien la indignación general, el griterío y el insulto al que piensa diferente. También el bullying fulminante al que, por algún motivo, pisó el palito o cayó en desgracia. El usuario ignoto busca sus quince RT de fama con un meme más o menos creativo y más o menos gracioso, con alguna frasecita, un chiste fácil, un juego de palabras. Eso será más viral y efectivo que un pensamiento elaborado. Pero ahí adentro, no afuera. Twitter es un jardín de infantes pero de adultos.
Tanto la TV, como las radios y los portales de noticias retroalimentan a las redes. Los conductores y panelistas de TV tuitean y retuitean en vivo. La caja ya no funciona como boba sino como resonancia.
Cuando no están haciendo chivos en Instagram, los famosos participan de los programas tuiteando desde sus casas. Los conductores y productores de radio están con twitter abierto e incluso comentan mensajes de los oyentes/tuiteros en vivo.
En este novedoso ecosistema en tiempo real y circular, los límites se difuminan. Como cantaba Divididos, cuando la mentira es la verdad.
El autor es Editor General de Forbes Argentina. Su último libro: "Las máquinas no pueden soñar" se puede descargar gratis en www.inteligencia.com.ar
