Día del Padre

Es papá de 11 hijos, vive en una casa siempre llena y tiene una receta: "No llegamos a todo, y está bien"

Este domingo se celebra el Día del Padre y la historia de Francisco Bär, papá de 11 hijos, invita a mirar la paternidad desde otro lugar

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

En una época en la que muchas parejas se preguntan si podrán afrontar la llegada de un segundo o tercer hijo, la historia de Francisco Bär parece ir a contramano de todos los manuales. Tiene 45 años, lleva dos décadas casado con Magdalena Irañeta y es padre de 11 hijos. Sí ¡11! Por eso en este Día del Padre hoy su vida merece un capítulo aparte.

El mayor, Bautista, ya tiene 18 años y cursa la facultad. La más pequeña, María Jesús, llegó al mundo hace tres meses. Entre ellos están Amparo (16), Juan Pablo (15), Catalina (13), José (11), Nacho (9), Guadalupe (7), Manuel (5), Juan Bosco (3) y Fermín (2).

“Mi único mérito fue haber elegido bien a mi mujer”, bromea apenas comienza a hablar de su familia. Detrás del chiste aparece una convicción profunda: nada de lo que construyeron hubiera sido posible sin ese proyecto compartido que comenzó hace más de 20 años, cuando él y Magdalena eran apenas dos jóvenes de 25 y 22 años que soñaban con formar una familia grande, inspirados por lo que habían vivido en sus propias casas.

Junto a su esposa Magdalena Irañeta, hija del recordado deportista Rito Irañeta. "Tanto Magda como yo venimos de familias numerosas", dijo Francisco.

La idea no era tan extraña si se tiene en cuenta de dónde venían. Magdalena creció en una familia de 11 hermanos. Francisco, en una de 9. Las mesas largas, los cumpleaños multitudinarios y las casas llenas de gente formaban parte de la normalidad.

Jamás imaginaron la familia que vendría, pero compraron heladera de regimiento y vajilla para 48

Sin embargo, ni siquiera ellos imaginaban todo lo que vendría después.

“Cuando nos casamos no teníamos idea de nada”, admite. Y para demostrarlo cuenta una anécdota que hoy se transformó en una de las favoritas de la familia. “Recién casados compramos vajilla para 48 personas, una heladera de regimiento y un lavarropas de hotel sindical. No porque fuéramos valientes, sino porque éramos bastante inconscientes”, señala.

Con el tiempo fueron llegando los hijos. Primero uno, después otro y más tarde los demás. Pero nunca existió una planificación rígida ni una cifra fijada de antemano.

Junto a la tropa masculina: siete varones y cuatro mujeres. "Los días son completamente llenos de imprevistos", dijo Francisco.

“Nunca nos sentamos a decir queremos tener 11 hijos. Lo que sí intentamos fue vivir el matrimonio con apertura, sabiendo que no podemos controlar todo. Y la vida fue llegando”.

Cuando mira hacia atrás, encuentra una frase que lo acompañó durante gran parte de estos años y que resume bastante bien la manera en que enfrentaron cada etapa: “Aprender a amar lo que Dios nos tiene preparado”.

La teoría suena sencilla. La práctica, en cambio, tiene otra dimensión.

Criar 11 hijos implica estar atento a horarios escolares, actividades deportivas, cumpleaños y consultas médicas

Porque criar 11 hijos implica una logística que desafía cualquier cálculo. Horarios escolares diferentes, actividades deportivas, reuniones, tareas, cumpleaños, consultas médicas, adolescentes que empiezan a ganar independencia y bebés que todavía dependen de todo.

“Muchos padres preguntan cómo hacemos para llegar a todo. La verdad es que no llegamos a todo”, responde con honestidad.

Una mañana cualquiera en el hogar de Chacras de Coria donde hay 13 sillas y se suman muchas más.

Para él, uno de los problemas de esta época es la presión por mostrar familias perfectamente organizadas y padres capaces de resolver cada detalle de manera impecable.

“Esa familia perfecta no existe. Hay días que salen bastante bien y otros en los que directamente fingimos demencia”, dice entre carcajadas.

Lejos de buscar una imagen ideal, Francisco asegura que gran parte del equilibrio familiar consiste en reconocer las limitaciones, saber qué batallas vale la pena dar y cuáles conviene dejar pasar.

"Nuestra familia funciona cuando los chicos ven que nos queremos en serio"

“Nuestra familia funciona cuando los chicos ven que Magda y yo nos queremos en serio. Cuando entienden que cada uno aporta algo distinto. No tenemos ningún secreto mágico”, reflexiona.

Si hubiera que resumir la dinámica familiar en pocas palabras, él hablaría de cosas simples: comer juntos siempre que se pueda, evitar las pantallas durante las comidas, conversar mucho, cantar, reírse más de lo necesario y aprender a pedir perdón cuando hace falta.

“Nos gusta que nuestra familia contagie alegría”, expone.

Esa alegría suele expresarse en escenas que para otros podrían resultar caóticas, pero que para ellos forman parte de la vida cotidiana. Francisco suele bromear con que un día cualquiera puede encontrarse explicando una tabla de multiplicar, cambiando un pañal, resolviendo un conflicto entre hermanos y atendiendo una llamada de alguno de los mayores, todo en cuestión de minutos.

Si hubiera que resumir la dinámica familiar en pocas palabras, Francisco habla de cosas simples: comer juntos siempre que se pueda, evitar las pantallas durante las comidas, conversar mucho, cantar, reírse y aprender a pedir perdón cuando hace falta.

“La amplitud de edades es probablemente lo más desafiante. En 30 segundos pasás de la tabla del cuatro a cambiar un pañal. Después aparece otro que quiere un alfajor y te llama el que se tomó el micro equivocado”, relata.

Tampoco cree que la experiencia convierta a los padres en expertos.

“A veces la gente piensa que después del cuarto o quinto hijo ya te recibiste de padre. Es exactamente al revés. Con cada hijo volvés a empezar”, explica.

"La paternidad me enseñó el valor de la palabra paciencia"

Si algo le enseñó la paternidad, asegura, fue la flexibilidad. Y también la paciencia.

“Si planificás el día, tenés un imprevisto asegurado”, asegura.

Pero si hay algo que verdaderamente lo emociona es observar la relación entre sus hijos. Ver cómo se cuidan, cómo se enseñan cosas unos a otros y cómo aprenden a compartir desde pequeños.

“Si planificás el día, tenés un imprevisto asegurado”, asegura Francisco, papá de 11 hijos.

“Lo más gratificante es ver la casa llena de vida. Siempre aparecen amigos, primos o compañeros. Nunca somos 13. Jamás. Ver a los hermanos cuidándose entre ellos, enseñándose cosas y acompañándose es probablemente la mayor recompensa”, reflexiona.

Con el Día del Padre, también aparecen inevitablemente los recuerdos de quienes marcaron su camino. Entre ellos, su padre y su suegro, el recordado Rito Irañeta, una figura muy querida en Mendoza.

La alegría y la generosidad en este Día del Padre

“De mi papá heredé la alegría, el amor por lo nuestro y la manera de atravesar los problemas siempre junto a mi mamá”, cuenta.

Cuando habla de Rito, en cambio, destaca una virtud que lo impresionó desde el primer día.

“De él heredé algo que admiro muchísimo: la generosidad. Era de esas personas que hacían sentir importante a quien tenían enfrente. Nunca necesitó grandes discursos para enseñar. Siempre fue para adelante, como buen rugbier”, define.

María Jesús, la menor de una familia de 13 integrantes. Francisco está casado con Magdalena Irañeta, que también tiene 10 hermanos.

Aunque eran hombres muy distintos, Francisco encuentra un punto en común entre ambos.

“Me enseñaron que una vida exitosa no se mide por lo que uno acumula sino por lo que entrega”, dice.

Un total de 80 nietos para alegrar la vida y celebrar

La reflexión cobra una dimensión especial si se tiene en cuenta que entre su padre y Rito sumaron cerca de 80 nietos. Una descendencia enorme que habla de familias donde la presencia siempre tuvo un lugar central.

“Los dos me enseñaron lo mismo: estar. Estar cuando hay que trabajar, cuando hay que escuchar, cuando hay que corregir y cuando hay que abrazar. La familia necesita anclar en una roca firme para atravesar cualquier tormenta”, indica.

Por eso, si este domingo pudiera sentarse a compartir una charla con ellos, no tendría demasiado para decirles. “Simplemente gracias”, sostiene. Por los ejemplos, por la presencia y por mostrarle que la paternidad nunca se trata de alcanzar la perfección.

“No me puedo quejar. También festejo el 24 de agosto. Así que ligo doble”, dice Francisco.

Mientras tanto, él seguirá celebrando como lo hace cada año: rodeado de una familia que parece multiplicarse permanentemente, aceptando que el caos forma parte de la aventura y preparándose para una jornada que promete ser tan intensa como divertida.

“En el Día del Padre me dejo sorprender. Son 24 horas de pura adrenalina”, dice.

Y como buen mendocino, además, tiene una ventaja extra.

“No me puedo quejar. También festejo el 24 de agosto. Así que ligo doble”, agrega.

La frase vuelve a provocar una carcajada. Una más dentro de una casa donde sobran las historias, los abrazos, las anécdotas y los motivos para celebrar.

En Instagram tienen una cuenta donde suelen subir divertidas historias. Su nombre es: @entre11hermanos. Tienen más de 13 mil seguidores y se pueden ver imágenes y videos cantando al son de la guitarra.

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