Tendencias

En Mendoza el vino sin alcohol deja de ser una rareza y empieza a ganar terreno

La demanda de bebidas sin alcohol crece en el mundo y la vitivinicultura empieza a adaptarse a nuevos consumidores

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Durante décadas la pregunta era qué vino elegir. Hoy, para un número cada vez mayor de consumidores, la decisión empieza antes: tomar alcohol o no tomarlo. Ese cambio de hábitos, impulsado por una mayor conciencia sobre la salud, la conducción responsable, el deporte y el bienestar, está modificando lentamente una industria que parecía inamovible. Incluso en Argentina, donde el vino forma parte de la identidad cultural y de la mesa familiar, el vino sin alcohol comienza a dejar de ser una curiosidad para transformarse en una categoría con aspiraciones de crecimiento.

La tendencia ya es visible en distintos mercados del mundo y empieza a reflejarse también en Mendoza. Algunas bodegas comenzaron a desarrollar vinos desalcoholizados, convencidas de que existe un público que quiere seguir disfrutando del ritual de una copa sin consumir alcohol. El fenómeno acompaña el crecimiento de otras propuestas "alcohol free", que ganan espacio entre consumidores que buscan alternativas acordes con nuevos estilos de vida.

Detrás de esa botella, sin embargo, hay mucho más trabajo del que parece.

"Lo que cambió fue, principalmente, el consumidor. Hoy las personas buscan opciones que se adapten a distintos momentos de su vida y no necesariamente consumen alcohol en todas las ocasiones. Hay una mayor conciencia sobre la salud, la conducción responsable, el deporte y el bienestar, sin que eso implique renunciar a la experiencia social o gastronómica que ofrece una copa de vino", explica el enólogo Adrián Toledo, director de Enología de las bodegas Sottano, Colosso Wines y Sin Reglas.

Las nuevas generaciones impulsan este cambio

Según el especialista, las nuevas generaciones también impulsan este cambio porque valoran tener más opciones de consumo. "El vino sin alcohol no viene a reemplazar al vino tradicional, sino a ampliar las posibilidades. Es una categoría que permite incluir a quienes antes quedaban afuera de determinados momentos, ya sea por elección personal, cuestiones de salud o distintas situaciones", sostiene.

Pero elaborar un vino sin alcohol dista mucho de ser un proceso simple. A diferencia de otras bebidas, el alcohol cumple un papel central en la estructura del vino: aporta volumen en boca, persistencia y participa del equilibrio de aromas y sabores. El verdadero desafío consiste en retirarlo sin perder la identidad del producto.

Pero elaborar un vino sin alcohol dista mucho de ser un proceso simple. A diferencia de otras bebidas, el alcohol cumple un papel central en la estructura del vino.

"El trabajo comienza mucho antes de la desalcoholización. Hay que pensar el vino desde el viñedo y diseñarlo para que conserve intensidad aromática, frescura y textura después de extraer el alcohol. Las tecnologías avanzaron muchísimo, pero el objetivo nunca es obtener un jugo de uva, sino mantener la personalidad del vino", explica Toledo.

La innovación tecnológica fue precisamente la que permitió que esta categoría comenzara a desarrollarse con mayor fuerza en los últimos años. Los nuevos procesos hacen posible reducir o eliminar el alcohol preservando buena parte de las características sensoriales, algo que hasta hace poco resultaba muy difícil de lograr.

Para los especialistas, el crecimiento del segmento no implica una amenaza para el vino tradicional. Por el contrario, consideran que ambos productos convivirán y responderán a momentos de consumo diferentes.

El vino sin alcohol no reemplaza al vino tradicional

"No veo al vino sin alcohol como un reemplazo. El vino con alcohol tiene una historia, una cultura y una identidad que difícilmente puedan ser sustituidas. Pero sí creo que esta nueva categoría va a encontrar su propio espacio", afirma el enólogo.

La comparación, dice, puede encontrarse en otros cambios que ya atravesó la gastronomía. Así como hoy es habitual encontrar en un restaurante opciones vegetarianas, libres de gluten o bebidas de distintos estilos, el vino sin alcohol podría convertirse en una alternativa más dentro de una carta pensada para públicos diversos.

La comparación, dice Toledo, puede encontrarse en otros cambios que ya atravesó la gastronomía.

El desafío para la vitivinicultura será interpretar ese cambio sin perder su esencia. Porque, más allá del contenido de alcohol, el consumidor sigue esperando lo mismo que buscó siempre al servir una copa: calidad, identidad y una experiencia que acompañe la comida, la conversación y el encuentro.

En una provincia cuya economía y cultura están profundamente ligadas al vino, el crecimiento de esta categoría abre un nuevo debate. No sobre el futuro del vino tradicional, sino sobre la capacidad de una industria centenaria para adaptarse a consumidores que ya no eligen de la misma manera que hace una década.

En pocas palabras

  • Crecimiento global: la demanda de bebidas sin alcohol se expande, adaptando la vitivinicultura a nuevos consumidores.
  • Nuevos hábitos: conciencia sobre salud y bienestar impulsa la búsqueda de alternativas al alcohol en el consumo de vino.
  • Innovación en Mendoza: bodegas locales desarrollan vinos desalcoholizados para ampliar la oferta y satisfacer estilos de vida diversos.
Resumen generado por Thinkindot AI

MÁS LEÍDAS

Temas relacionados