A finales del siglo XIX, Chicago tenía un problema que amenazaba directamente a sus habitantes. El río que atravesaba la ciudad transportaba toneladas de residuos cloacales y los descargaba en el lago Michigan, la misma fuente de donde se obtenía el agua potable.
En 1.900 construyeron un canal para cambiar el curso de un río: más de 120 años después, sus aguas siguen un camino completamente distinto
La monumental obra de infraestructura modificó el curso del río Chicago para alejar los residuos cloacales del lago Michigan, generando controversias con las comunidades río abajo.

La solución que imaginaron sus ingenieros fue tan extraordinaria como difícil de ejecutar. Se trataba de la construcción de un canal para invertir el sentido de circulación del río y enviar la contaminación hacia otra cuenca hidrográfica.
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Una ciudad decidió invertir el curso de un río para alejar la contaminación
El problema se había agravado con el crecimiento urbano. Chicago pasó de tener unos 30.000 habitantes en 1850 a superar el millón en 1890. Las aguas residuales domésticas, los desechos industriales y los restos de mataderos terminaban directamente en el río Chicago. Cuando las lluvias aumentaban su caudal, parte de esa contaminación llegaba hasta las tomas de agua potable del lago Michigan.
La propuesta consistía en conectar el río Chicago con el río Des Plaines mediante un canal artificial excavado hacia el oeste. De esa manera, el agua del lago Michigan ingresaría por el río, circularía en sentido contrario al natural y arrastraría los residuos hacia el sistema del río Illinois, que finalmente desemboca en el Mississippi.
La obra de ingeniería que transformó la geografía de Chicago.
La obra recibió el nombre de Chicago Sanitary and Ship Canal. Su construcción comenzó en 1892 y exigió excavar aproximadamente 45 kilómetros de terreno, atravesando capas de suelo, roca y formaciones geológicas. Para hacerlo se utilizaron enormes excavadoras a vapor, sistemas de transporte ferroviario y maquinaria especialmente adaptada para retirar millones de metros cúbicos de material.
El canal tenía aproximadamente 61 metros de ancho y 7,3 metros de profundidad, dimensiones que también permitían utilizarlo para la navegación comercial. No era solamente una infraestructura sanitaria: buscaba conectar los Grandes Lagos con la extensa red fluvial que desemboca en el golfo de México.
El momento decisivo llegó el 2 de enero de 1900, cuando se abrió la conexión que permitió que el agua comenzara a circular hacia el nuevo canal. El río Chicago quedó conectado permanentemente con la cuenca del Mississippi. La inauguración oficial se realizó unas semanas después, el 17 de enero.
La transformación fue de escala continental, el agua que antes terminaba en el lago Michigan comenzó a desplazarse hacia el suroeste, atravesando los ríos Des Plaines e Illinois hasta alcanzar el Mississippi. En términos hidrográficos, la ciudad había modificado artificialmente la divisoria de aguas que separaba dos grandes cuencas.
Pero la solución también generó conflictos. Las comunidades situadas río abajo, especialmente en Misuri, temían recibir los residuos de Chicago. San Luis manifestó su oposición porque dependía del Mississippi para obtener agua potable. Además, la extracción de agua del lago Michigan generó disputas entre estados y cuestionamientos sobre sus efectos en los niveles de los Grandes Lagos.
La infraestructura continúa funcionando más de 120 años después. Actualmente forma parte del sistema de vías navegables del área de Chicago, administrado por el Metropolitan Water Reclamation District, y combina funciones de drenaje, control hidráulico y navegación.
En pocas palabras
- Invirtieron un río: Se construyó un canal para cambiar el curso del río Chicago y alejar residuos del lago Michigan.
- Obra de ingeniería: La construcción del canal comenzó en 1892 y modificó la geografía de la ciudad.
- Consecuencias: La obra generó conflictos con comunidades río abajo y disputas por el uso del agua.