Mendoza, mayo de 2013. Los investigadores se presentaron en el departamentito de calle Las Heras de Ciudad con la certeza de que ahí vivía el autor del doble crimen de Hugo Montesinos y la madre, Teresa.
El taxi boy que mató dos veces y guardó en su casa un dedo de una de las víctimas
En 2013, un empleado municipal y la madre fueron apuñalados en la Quinta. La Justicia condenó a un taxi boy a perpetua por el doble crimen. Las pruebas, escalofriantes

Joel González fue condenado a perpetua en 2014.
Lo habían descripto como un muchacho flaco y alto que orillaba los 20 años y andaba por la vida con gesto adusto y triste al mismo tiempo. Un taxi boy de apellido González, habían determinado luego del análisis de las redes sociales de Montesinos.
La teoría del caso ya estaba clara: un encuentro sexual rentado y a domicilio en la Quinta Sección que terminó con dos muertos.
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La escena, descubierta por los vecinos, era repugnante. Dos cadáveres apuñalados, sangre por doquier y una rareza: a Montesinos, empleado municipal de casi 50 años, le habían cortado un dedo, el del anillo, y se lo habían llevado con anillo y todo.
También el celular le habían llevado a Montesinos. El aparato estuvo apagado varios días hasta que una tarde, súbita e imprevistamente, alguien lo encendió y la pesquisa se reactivó.
"Me lo vendió un amigo", dijo quien lo tenía en su poder. "Joel se llama; Joel González", completó.
El allanamiento pedido por la Fiscalía y luego autorizado por un juez de Garantías fue exitoso. González, aquel muchacho flaco y alto que orillaba los 20 años y solía vestir ropas oscuras todo el tiempo, se entregó sin oponer resistencia.
Sin embargo, lejos de culminar, el procedimiento recién comenzaba y tenía reservadas un par de sorpresas para el personal de la Policía Científica, que se encargó de levantar pruebas en el departamentito de la calle Las Heras de Ciudad.
Entonces, uno de los profesionales encontró, entre otras cosas, ropas de González manchadas de sangre (de las víctimas, se sabría después), un juego de varios cuchillos y el anillo que había pertenecido a Montesinos.
Pero eso no era todo.
El taxi boy y el dedo de la víctima
Un termo que olía a formol guardaba en su interior una prueba tan determinante como espeluznante: el dedo anular de Montesinos. Había sido disecado y estaba envuelto en nailon.
En el expediente judicial de la época quedó asentado que el acusado había buscado -en internet- instrucciones para cometer un crimen sin dejar rastros ni huellas.
Quienes conocían a González declararon que estaba a punto de iniciar la carrera de Criminalística, especialización de gran utilidad para investigar y resolver delitos, aplicando técnicas y herramientas de diversa índole: psicológicas, materiales y balísticas, entre otras.
Durante el juicio oral y público, los peritos en salud mental explicaron a los jueces que González comprendía la criminalidad de los hechos que había cometido y que por lo tanto podía ser juzgado.
El taxi boy fue sentenciado a la pena de prisión perpetua el 2 de septiembre de 2014 en un fallo unánime de la Sexta Cámara del Crimen.
Para la Justicia, González era un asesino serial en potencia. Justificaba semejante clasificación el hallazgo en su habitación, junto con las pruebas del doble crimen, de una lista escrita a mano.
Veinte nombres y apellidos.
Dos ya estaban tachados: Montesinos y la madre.