Argentina guarda pueblos donde las frutas silvestres crecen en terrazas y el valle se abre como un anfiteatro natural entre cerros. El plan es cosechar y perderse en un laberinto de cipreses vivo. Es un destino dulce en Río Negro que ofrece a los turistas miradores silenciosos y mermeladas caseras lo coronan como sabor de la Patagonia frutal.
El pueblo que tiene un laberinto de ensueño para perderse
El plan es cosechar y perderse en un laberinto de cipreses vivo que llama a los turistas en este pueblo

El laberinto paisajístico ubicado en este pueblo.
El Hoyo, en la provincia de Río Negro, con poco menos de 2.000 habitantes, es el epicentro para el agro-turismo con cosecha propia y el laberinto Patagonia, el más grande de Sudamérica. Este pueblo frutícola en la Comarca Andina es un imán para familias que buscan la Patagonia dulce y juguetona.
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Tiene una gran fiesta de pueblo. Es la cosecha de Frutos Finos, de diciembre a marzo, donde 50 fincas abren al público para cosechar frambuesas, moras y cerezas, con talleres de mermelada. También tiene el laberinto Patagonia que consta de 8.400 metros cuadrados de cipreses de 2 metros de alto, con 2.200 metros de senderos y 9 puertas a descubrir. Fue inaugurado en 2013 tras 25 años de forestación.
El laberinto, la principal atracción turística de este pueblo.
Para días turísticos más activos hay alternativas como mountain bike, trekking o cabalgatas de 3 horas. En enero, la Fiesta de la Fruta Fina suma concursos de mermelada y asados; todo regulado por la comuna del pueblo con cupos para preservar suelos.
Los sabores cordilleranos del pueblo tienen trucha ahumada con salsa de frambuesa, cordero al disco con chimichurri de menta y guiso de lentejas con chorizo de ciervo. Porque no todo el turismo es mirar, sino también saborear.