Argentina es un gran lugar para vacaciones tranquilas y auténticas en el campo. Aunque los destinos más famosos están llenos de turistas, los pueblos muy pequeños brindan paz y contacto directo con la vida rural. Buta Ranquil, en la provincia de Neuquén, con solo 90 habitantes, es un rincón ideal para quienes buscan cabalgatas, asados y el vasto paisaje de la estepa. Este lugar es perfecto para explorar el noroeste neuquino de forma simple y sin aglomeraciones.
Ubicado en el departamento de Pehuenches, a unos 150 kilómetros al noroeste de Neuquén capital, Buta Ranquil está a 1.150 metros de altura en una planicie abierta rodeada de cerros bajos. Su principal atractivo es la estepa patagónica con sus campos para ganado y el volcán Tromen al fondo. No es un sitio turístico grande; sus casas de ladrillo y las calles anchas muestran la vida de estancieros desde hace más de 100 años. El clima seco y ventoso lo hace ideal para visitar en primavera o otoño, con días soleados y noches frescas.
El pequeño pueblo con un volcán
El mayor atractivo de Buta Ranquil es su ambiente ganadero y natural. Los visitantes pueden hacer cabalgatas cortas de 1 hora por los campos, guiados por gauchos locales que muestran cómo se cría el ganado y se ven cactus gigantes en la estepa. Hay un pequeño circuito a 2 km hacia la Yesera del Tromen, con lagunas y cráteres volcánicos accesibles caminando. También se puede visitar el mirador del volcán para fotos del paisaje lunar. Todo es fácil, sin necesidad de reservas, y se cuida el campo para que siga productivo.
Para actividades ligeras, el pueblo ofrece paseos en bicicleta por caminos de tierra que dan vistas de 360 grados de la estepa, o caminatas planas de 30 minutos hasta un cerro con petroglifos mapuches. En fines de semana, algunos hacen fogones nocturnos con guitarreadas tradicionales. Las opciones son sencillas, con caballos y bicis que se alquilan en las estancias, siempre respetando las alambradas y el pastoreo de las ovejas.
La comida en Buta Ranquil es típica patagónica y abundante, con asado de cordero a la parrilla, empanadas criollas y guisos de carne con zapallo. En el comedor del pueblo, sirven chorizo y morcilla con ensalada de cebolla y mate amargo. Las estancias que hospedan preparan desayunos con bizcochos calientes, queso fresco y dulce de calafate. Es comida casera que usa carne local, y los anfitriones charlan sobre rodeos o el volcán mientras se come en mesas largas.
Buta Ranquil es un pueblo rural y sereno en Neuquén. Sus campos abiertos, gauchos amables y comidas generosas lo hacen ideal para una escapada corta, donde la simplicidad de la estepa deja una sensación de descanso profundo y conexión con la tradición argentina.





