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El plan de Argentina para desarrollar un misil capaz de cambiar el equilibrio militar en América Latina

Aunque el Cóndor II nunca llegó a materializarse como un misil operativo, dejó una huella profunda en la historia científica y estratégica del país.

Editado por Valentina Araya
araya.valentina@diariouno.com.ar

A fines de la década de 1970 y a lo largo de los años 80, la Argentina se embarcó en una ambiciosa iniciativa científica y militar que pocos países de la región habían siquiera imaginado. Se trataba de desarrollar cohetes y misiles de largo alcance.

El producto más ambicioso de ese esfuerzo fue el Proyecto Cóndor II, un plan orientado a crear un misil balístico de alcance medio con capacidades tecnológicas avanzadas, fruto del trabajo conjunto de la Fuerza Aérea Argentina, instituciones científicas locales y colaboración internacional.

El proyecto Cóndor II

El plan de Argentina para desarrollar un misil capaz de cambiar el equilibrio militar en América Latina

La historia de este programa de Argentina se remonta a los desarrollos previos del misil Cóndor I y otros vectores coheteriles en los años 70, que habían permitido a técnicos argentinos adquirir experiencia en propulsión sólida, aerodinámica y control de vuelo. El Cóndor II nació formalmente en 1985, con la firma de un decreto secreto que lo establecía como un proyecto estratégico militar de largo alcance.

Su propósito declarado era servir como parte de un programa espacial, teóricamente destinado a poner satélites en órbita, pero tras la Guerra de Malvinas de 1982 su orientación se desvió hacia un diseño de misil balístico de uso dual, capaz de transportar cargas útiles a distancias que en algunos cálculos superaban varios cientos de kilómetros.

El proyecto Cóndor II (1)

Argentina, alianzas internacionales y la presión global que llevaron al fin del Cóndor II

Para desarrollar esta tecnología, Argentina estableció alianzas con países como Egipto e Iraq, en algunos casos bajo denominaciones alternativas como Badr2000 en los esquemas de cooperación externa. Estas conexiones generaron tensión internacional, ya que tanto Estados Unidos como otros gobiernos occidentales veían con recelo que un país de América Latina adquiera capacidades susceptibles de uso militar, especialmente en un momento de proliferación de vectores balísticos en Medio Oriente y Asia.

El proyecto incluía la construcción de instalaciones específicas, como una fábrica de cohetes en Falda del Carmen (Córdoba), y la participación de empresas europeas en la provisión de componentes y tecnologías avanzadas. Sin embargo, la falta de financiamiento sostenido, la presión diplomática de Estados Unidos y las preocupaciones sobre la proliferación de misiles llevaron a su desactivación a fines de la década de 1980 y comienzos de los 90.

Entre 1990 y 1991, bajo el gobierno de Carlos Menem, el plan fue oficialmente cancelado. Se ordenó el desmantelamiento de instalaciones, la reconversión de materiales y la adhesión de Argentina al Régimen de Control de Tecnología Misilística (MTCR), un acuerdo multilateral para limitar la difusión de sistemas balísticos de largo alcance.

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