En la novela "Fight Club", de Chuck Palahniuk -base de la película protagonizada por Brad Pitt-, el autor sitúa al Club de la Pelea en el contexto de una crisis de la masculinidad en la era posmoderna: los varones urbanos no encuentran lugar donde expresarse, donde afirmar su identidad, donde desfogar sus pasiones, donde liberar su bronca por un sistema que les prometió una cosa y les dio, en muchos casos, miseria, cansancio y trabajos basura.
(Por cierto, tampoco la ponen mucho, de ahí el fanatismo de muchos incels por el film de David Fincher).
El propio Palahniuk contó que empezó a pergeñar el texto luego de agarrarse a trompadas un fin de semana y llegar a su trabajo el lunes siguiente solo para percatarse de que, mientras siguiera haciendo sus tareas, a nadie le importaba si tenía la cara o el corazón hechos pedazos.
En general, tampoco importa que seas un psicópata o una porquería de persona, siempre que llegues a horario y todo eso no interfiera con tu productividad ni colisione con el Estado y sus -no tan claras- leyes. La gente se lastima o se mata: nos hemos acostumbrado.
Chuck Palahniuk
La leyenda dice que el escritor Chuck Palahniuk escribió "El club de la pelea" después de agarrarse a piñas un fin de semana y luego ir a su trabajo el lunes: nadie le preguntó por qué tenía la cara destrozada.
En esas coordenadas sitúa Palahniuk a su "Fight Club". Y por eso, en la novela, los cónclaves se llenan de camareros, oficinistas, docentes; tipos que podrían compartir con uno el ascensor y que, sin embargo, durante un rato, a lo mejor los sábados por la noche, eligen intercambiar golpes con un desconocido en una especie de hermandad igualadora que se construye a partir de la violencia. Son hombres que poseen objetos, trabajos y quizá comodidades, pero sienten que han perdido algo esencial.
Por eso, por más que se elimine el Club de la Pelea clandestino que conocimos en Mendoza, el ritual volverá a repetirse. Los factores que lo produjeron siguen vigentes.
club de la pelea godoy cruz
Convocatoria a las peleas en Godoy Cruz y mensajes posteriores, tras el operativo policial.
Cierro: a lo mejor sea oportuno volver a la literatura, a las páginas salvajes de Palahniuk -en algunas incluso enseña cómo hacer un explosivo casero-, para reflexionar sobre todo el odio y la decepción que encerraba aquel libro ante las vías grises, monótonas, repetitivas y sufrientes que nos ofrece el capitalismo en este tramo del siglo XXI.
Una inteligencia artificial no se agarrará a piñas por placer. Un algoritmo no necesita sentir que está vivo. Pero el humano es el humano y, cuando no encuentra espacios de afirmación, los busca en los lugares más extraños.