Análisis y opinión

El nuevo Club de la Pelea mendocino, o por qué volvemos a la misma historia

El caso del Club de la Pelea clandestino en Godoy Cruz trae ecos de "Fight Club", la novela de Chuck Palahniuk que se convirtió en un clásico de la época

  • La primera regla del Club de la Pelea es: no se habla del Club de la Pelea.
  • La segunda regla del Club de la Pelea es: no se habla del Club de la Pelea.
  • Si alguien grita “basta”, queda inconsciente o se rinde, la pelea termina.
  • Solo dos hombres por pelea.
  • Una pelea por vez.
  • Sin camisa y sin zapatos.
  • Las peleas duran lo que tengan que durar.
  • Si esta es tu primera noche en el Club de la Pelea, tenés que pelear.

Un ejemplo de la belleza que pueden tener las reglas claras. Esa lista de normas -que se volvió célebre con la novela "Fight Club" y, sobre todo, con su versión cinematográfica- viene a colación porque en los últimos días se conoció que en Mendoza estaba funcionando, hace por lo menos cuatro fechas, una organización que promovía los combates clandestinos en el oeste de Godoy Cruz.

Monotributistas, empleados, desempleados y buscavidas se daban murra entre sí -según se investiga, probablemente a cambio de dinero- en un caso que registra su antecedente inmediato en otro episodio que se produjo en 2025, cuando se detectó que había piñaderas que se grababan en el Parque Central y más tarde se subían a las redes.

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El nuevo Club de la pelea mendocino convocaba a agarrarse a piñas en Godoy Cruz.

El nuevo Club de la pelea mendocino convocaba a agarrarse a piñas en Godoy Cruz.

La era de la pelea

Se dice que este tipo de situaciones existieron siempre: desde las riñas de gallos hasta las peleas de perros o el pugilato ilegal. Pero eso no implica que ahora no quepa un espacio de reflexión, porque aunque los hechos de la historia se parezcan entre sí, su sentido profundo depende del contexto. Y no estamos ante un contexto cualquiera.

En la novela "Fight Club", de Chuck Palahniuk -base de la película protagonizada por Brad Pitt-, el autor sitúa al Club de la Pelea en el contexto de una crisis de la masculinidad en la era posmoderna: los varones urbanos no encuentran lugar donde expresarse, donde afirmar su identidad, donde desfogar sus pasiones, donde liberar su bronca por un sistema que les prometió una cosa y les dio, en muchos casos, miseria, cansancio y trabajos basura.

(Por cierto, tampoco la ponen mucho, de ahí el fanatismo de muchos incels por el film de David Fincher).

El propio Palahniuk contó que empezó a pergeñar el texto luego de agarrarse a trompadas un fin de semana y llegar a su trabajo el lunes siguiente solo para percatarse de que, mientras siguiera haciendo sus tareas, a nadie le importaba si tenía la cara o el corazón hechos pedazos.

En general, tampoco importa que seas un psicópata o una porquería de persona, siempre que llegues a horario y todo eso no interfiera con tu productividad ni colisione con el Estado y sus -no tan claras- leyes. La gente se lastima o se mata: nos hemos acostumbrado.

Chuck Palahniuk
La leyenda dice que el escritor Chuck Palahniuk escribió

La leyenda dice que el escritor Chuck Palahniuk escribió "El club de la pelea" después de agarrarse a piñas un fin de semana y luego ir a su trabajo el lunes: nadie le preguntó por qué tenía la cara destrozada.

En esas coordenadas sitúa Palahniuk a su "Fight Club". Y por eso, en la novela, los cónclaves se llenan de camareros, oficinistas, docentes; tipos que podrían compartir con uno el ascensor y que, sin embargo, durante un rato, a lo mejor los sábados por la noche, eligen intercambiar golpes con un desconocido en una especie de hermandad igualadora que se construye a partir de la violencia. Son hombres que poseen objetos, trabajos y quizá comodidades, pero sienten que han perdido algo esencial.

Por eso, por más que se elimine el Club de la Pelea clandestino que conocimos en Mendoza, el ritual volverá a repetirse. Los factores que lo produjeron siguen vigentes.

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Convocatoria a las peleas en Godoy Cruz y mensajes posteriores, tras el operativo policial.

Convocatoria a las peleas en Godoy Cruz y mensajes posteriores, tras el operativo policial.

Cierro: a lo mejor sea oportuno volver a la literatura, a las páginas salvajes de Palahniuk -en algunas incluso enseña cómo hacer un explosivo casero-, para reflexionar sobre todo el odio y la decepción que encerraba aquel libro ante las vías grises, monótonas, repetitivas y sufrientes que nos ofrece el capitalismo en este tramo del siglo XXI.

Una inteligencia artificial no se agarrará a piñas por placer. Un algoritmo no necesita sentir que está vivo. Pero el humano es el humano y, cuando no encuentra espacios de afirmación, los busca en los lugares más extraños.

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