El reconocido psicoanalista y escritor Gabriel Rolón comparte a diario reflexiones que invitan a mirar la vida con más calma y sentido. Su mensaje para hoy resume una enseñanza poderosa: “Aunque te falten 5 centavos para el peso, el secreto de la vida es ser feliz con 95 centavos”.
Tanto en sus libros como en sus entrevistas, Rolón desanda lugares comunes y preconceptos respecto a este estado de la vida que busca poner en evidencia lo que se esconde detrás de esa ilusión, que la modernidad vende como panacea y no es más que una trampa.
Huyendo de fórmulas de prontos frutos y consejos conductistas, Gabriel Rolón pone en entredicho los distintos discursos contemporáneos que abordan la felicidad. Así, propone no idealizarle, saber que es siempre incompleta, que puede surgir en mitad del dolor más lacerante y que hay que trabajarla. Es decir, la felicidad nunca, pero jamás, es gratis.
¿Qué significa este mensaje de Gabriel Rolón?
Este mensaje alude a una idea simple, pero esencial: nunca vamos a tenerlo todo. Siempre habrá algo que falte, un deseo pendiente o una meta no alcanzada. Sin embargo, lo importante es aprender a valorar lo que ya se tiene, en lugar de sufrir por aquello que falta.
La felicidad es una elección. Gabriel Rolón señala que la plenitud no se encuentra en alcanzar la perfección, sino en reconocer que la vida está hecha de imperfecciones. Saber disfrutar del “95%” de lo que tenemos, sin obsesionarnos con ese pequeño resto que falta, es lo que marca la diferencia entre vivir frustrados o vivir en paz.
Una enseñanza aplicable a lo cotidiano
Este mensaje se puede aplicar en muchos aspectos de la vida sin pensar en el faltante que no nos permite estar completos:
- En lo económico: aceptar que no necesitamos lujos para sentirnos plenos.
- En lo emocional: valorar los vínculos que sí tenemos, en lugar de sufrir por los que no están.
- En lo personal: entender que la perfección es inalcanzable y que lo auténtico es suficiente.
El mensaje de Gabriel Rolón invita a cambiar el foco: la felicidad no depende de tenerlo todo, sino de aprender a agradecer lo que ya tenemos en nuestras manos. Al final, la vida se mide en momentos disfrutados, no en centavos que faltan.




