El viaje de Valentín Andrés, que tiene 24 años y es oriundo de San Rafael, empezó mucho antes de la fecha estipulada. La aventura comenzó hace años, en los relatos de su padre, en la memoria de su abuelo y en esa fascinación casi inexplicable por los fierros con historia.
El mendocino que correrá un rally extremo en un buggy: "Con techo lo hace cualquiera"
Valentín Andrés, de San Rafael, ama la aventura. El 16 de mayo largará el rally “Locos de la Patagonia” en un vehículo de 1975, sin calefacción, en pleno invierno y con una historia

Valentín correrá el rally "Locos de la Patagonia" en un buggy Cavaro Brinco Súper Sport de 1975, sin techo ni calefacción.
Fotos: gentileza“Valen” estudia, trabaja como comerciante y también es periodista automotor. Pero, sobre todo, es de esos que necesitan ir un poco más allá. No le alcanza con mirar: quiere estar ahí, en el medio de la ruta, con el viento en la cara y la incertidumbre como compañera.
Recomendadas
El próximo 16 de mayo va a dar un paso más en esa búsqueda personal. Será parte de Locos de la Patagonia, una travesía que une Bariloche con El Calafate en diez días y más de 3.000 kilómetros. Un rally atípico, sin asistencia, con caminos apenas sugeridos y una única regla clara: los vehículos deben ser anteriores a 1991.
Pero lo que vuelve singular la historia de Valentín no es solo el evento, sino cómo decidió enfrentarlo.
Va a correr en un buggy. Sin techo. Sin calefacción. En la Patagonia. En invierno.
“Con techo y calefacción va cualquiera”, dice, con una sonrisa que mezcla convicción y desafío.
Un buggy modelo 1975 que tiene una rica historia
El vehículo en cuestión no es uno más. Es un Cavaro Brinco Súper Sport de 1975, una de las pocas unidades fabricadas en el país, con mecánica casi íntegra de Renault. Pero lo más importante no está en sus características técnicas, sino en su historia.
Ese buggy fue comprado cero kilómetro por su abuelo. Años después, pasó a manos de un amigo de su padre. Y durante mucho tiempo, quedó como un recuerdo más, una pieza de otra época. Hasta que Valentín decidió buscarlo.
No fue fácil. Pero lo encontró. Y cuando lo hizo, estaba destruido mecánicamente.
Ahí empezó otra aventura. Durante meses, junto a su padre, lo fueron reconstruyendo. Tornillo por tornillo. Pieza por pieza. No solo estaban arreglando un vehículo: estaban recuperando una parte de su historia familiar.
Hoy, ese mismo buggy vuelve a la ruta. No solo como una reliquia, sino como protagonista de una travesía extrema.
Valentín no va solo. Lo acompaña su padre, quien además carga con sus propias anécdotas arriba de ese mismo vehículo. El viaje, entonces, es también un puente entre generaciones. Una forma de revivir lo vivido y, al mismo tiempo, construir nuevos recuerdos.
El equipo tiene nombre: “Punto Muerto TV”, en referencia al canal de YouTube que comparten, dedicado al mundo automotor. Porque, además de vivir la experiencia, también quieren contarla.
Las historias "locas" que unen a los participantes del rally
Y si algo define este rally es justamente eso: historias.
Más de 120 autos y unos 250 participantes serán parte de esta edición. Durante diez días, compartirán rutas inhóspitas, noches frías, caminos inciertos y desafíos diarios que van desde empujar el vehículo hasta cantar en público o sacar la mejor foto de la jornada.
No hay asistencia. No hay garantías. Cada equipo debe ser autosuficiente. Y el clima puede convertir cualquier tramo en una trampa.
En ese contexto, un buggy sin techo parece una locura. Y probablemente lo sea. Pero también es, en palabras de Valentín, lo que hace que todo valga la pena.
No es la primera vez que se embarca en algo así. Ya había recorrido la Patagonia en una Siambretta de 1963, otra de esas decisiones que combinan pasión, coraje y un poco de inconsciencia. “Me encantan estas aventuras”, resume, como si no hiciera falta decir más.
Hay algo en este tipo de experiencias que no se explica del todo. No es solo el destino, ni el recorrido. Es lo que pasa en el medio: el frío que cala, el viento que golpea, el cansancio acumulado, las risas compartidas, los imprevistos.
Es, también, esa cuota de “locura sana” que, según él mismo reconoce, tienen todos los que participan.
Porque nadie se anota en un rally como este esperando comodidad. Se anotan para otra cosa. Para probarse. Para salir de lo conocido. Para sentir.
Una aventura en buggy que compartirá con su papá
Valentín lo tiene claro. Sabe que habrá momentos difíciles. Que el clima no perdona. Que el buggy no ofrece refugio. Pero lejos de asustarlo, eso lo motiva.
Hay una frase que parece resumir todo: el viento y el frío no son un problema, son parte de la aventura.
El 16 de mayo, cuando levante la bandera en Dina Huapi, no solo estará largando una carrera. Estará poniendo en marcha una historia que empezó mucho antes. Una historia que mezcla familia, pasión, esfuerzo y ese impulso difícil de explicar que lleva a algunos a ir siempre un poco más lejos.
En la Patagonia, donde el paisaje es tan imponente como implacable, Valentín Andrés va a salir a buscar lo que se encuentra cuando no hay techo ni atajos.
Solo ruta, viento y ganas de avanzar.