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Agricultura

El girasol vuelve con todo: promete mejores números en el campo y estabilidad agronómica

El girasol vuelve a pintar de amarillo los campos y a ofrecer una combinación de rentabilidad, resiliencia y estabilidad

Detrás de esta oleaginosa hay números que interesan a productores, ingenieros agrónomos y al comercio agrícola. Después de algunos años de menor siembra frente a la soja y el maíz, el girasol promete rentabilidad y estabilidad agronómica, combinando técnicas modernas con variedades adaptadas a distintas regiones.

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El girasol vuelve con todo: promete mejores números en el campo y estabilidad agronómica

El cultivo de girasol se distingue por su resistencia a sequías y su tolerancia a suelos menos fértiles, lo que lo convierte en una alternativa estratégica para rotaciones agrícolas que buscan proteger la productividad del suelo.

Según informes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el girasol contribuye a mejorar la estructura del suelo, disminuye la presión de plagas que afectan otros cultivos y permite un manejo más equilibrado de nutrientes. Además, el girasol de alta oleaginosa presenta un rendimiento económico competitivo, con precios internacionales relativamente estables frente a los altibajos de la soja.

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El regreso del girasol

En cuanto a los números, los ensayos a campo muestran que el girasol moderno puede alcanzar rendimientos de 2.500 a 3.000 kg por hectárea en regiones como La Pampa, Buenos Aires y Córdoba, con costos de producción moderados. Su ciclo de cultivo, entre 100 y 120 días, permite que los productores lo inserten en rotaciones estratégicas después de la cosecha de trigo, por ejemplo, optimizando el uso de la tierra y los recursos hídricos.

El comercio de girasol también está en alza. Argentina es uno de los principales exportadores de aceite de girasol y semillas para consumo humano y animal, especialmente hacia mercados de Europa y Asia. La estabilidad de precios en estos destinos hace que los productores locales puedan planificar con mayor certeza sus márgenes de ganancia y su estrategia de siembra.

El regreso del girasol no es casualidad. Variedades híbridas más resistentes, mejores prácticas de fertilización y riego, y un enfoque integral de rotación de cultivos permiten que este clásico del campo argentino vuelva a ocupar un lugar central. Para el productor, significa no solo rentabilidad inmediata, sino también seguridad agronómica y sostenibilidad del suelo a mediano plazo.

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