Japón construyó el tren más rápido del mundo llegando a velocidades cercanas a los 270 km por hora. Pero aunque los ingenieros celebraban esta creación, tenía un defecto que estuvo a punto de arruinar el proyecto. Increíblemente, la solución vino de la persona más inesperada.
En los años 90, los trenes bala tenían un problema. Cada vez que estos salían de un túnel hacían un ruido muy molesto y ensordecedor. Pero todo cambió gracias a un ingeniero que también era amante de las aves. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Mucho y acá te lo contamos.
El ave que inspiró a uno de los trenes más rápidos del mundo y solucionó un gran problema
El tren bala Shinkansen, uno de los más rápidos del mundo, viaja a lo largo de los ferrocarriles de alta velocidad en todo Japón a un récord de 240 a 320 km/h (150 a 200 mph) y transporta a millones de pasajeros cada año.
Pero el problema en su diseño dio mucho de qué hablar, pues al salir de túneles generaba explosiones sónicas o desplazaba el aire hacia delante generando una acumulación de presión que, al liberarse en la salida, producía un estruendo molesto y hasta hacía temblar edificios siendo muy molesto para quienes vivían cerca.
Sin embargo, un ingeniero llamado Eiji Nakatsu tenía un gran interés en la observación de aves y se dio cuenta de que los martines pescadores pueden meterse al agua sin hacer casi ruido o salpicaduras gracias a su pico afilado. Así que, inspirados en ellos, rediseñaron el tren con un pico aerodinámico y el problema desapareció.
Así es como finalmente los ingenieros miraron a la naturaleza para rediseñar el tren bala basándose en cómo los pájaros martín pescador pueden cortar el aire y sumergirse en el agua para atrapar a sus presas.
Este rediseño no solo ayudó a reducir el ruido y eliminar las barreras del túnel, sino que también permitió que el tren viajara un 10 % más rápido usando un 15 % menos de electricidad.






