Este lunes es distinto, raro. Es 8 de julio y se declaró día no laboral puente ya que este martes 9 de julio es el día de nuestra independencia y feriado inamovible. Muchos tuvieron que ir a trabajar, y la verdad que no con el mejor humor. Pero hay gente que con pequeños gestos y amor por lo que hacen cambian la forma de pensar de muchos; mejoran nuestro micro universo.
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Este cronista escuchó venir el micro una cuadra antes, y a 50 metros vio que subía un único pasajero y no llegaba, con lo que supe que si lo perdía iba a llegar muy tarde, por la frecuencia de micros disminuida por el feriado. Sin embargo, advertido por ese pasajero que subió, el chofer increíblemente me esperó. Agradecimiento total.
Pero mi caso no fue la excepción, y el conductor del interno 54 de la línea 315, un joven treintañero, no sólo esperó a un pasajero retrasado, sino que excepcionalmente a cada uno que en las paradas le preguntaba sobre recorridos o como llegar a determinado lugar, le contestaba con conocimiento y además, hasta le aconsejaba cual línea tomar y dónde.
La cereza del postre fue en calle Perú, en la parada anterior al cruce de calle Suipacha, de Ciudad, casi en la puerta de un geriátrico, donde un anciano con evidentes impedimentos en su movilidad -usaba un andador- le hizo señas para detenerlo, y el chofer no sólo se detuvo, sino que personalmente se bajó de la unidad, ayudó a subir al anciano y esperó a que se sentara con seguridad, para retomar la marcha.
Todos los que viajábamos en ese micro dejamos de pensar en el frío o el almuerzo de feriado perdido, con juntadas de amigos o parientes, para ver que el día estaba hermoso, con sol brillante, y sobre todo, rodeados de buena gente.
