Parecía una mañana más en la Escuela Normal N°40 de San Cristóbal, en Santa Fe. Entre charlas y risas, los alumnos volvían a las aulas después del izamiento de la bandera. Salvo uno. En soledad, entró al baño, sacó una escopeta de una funda de guitarra, la armó y se preparó.
El primer disparo fue ensordecedor. Ocurrió ahí mismo, en el baño. En segundos, el atacante, de apenas 15 años, salió al pasillo y siguió tirando. Todo fue gritos, corridas, mochilas tiradas y puertas que se cerraban de golpe. La secuencia, breve y devastadora, se frenó cuando un celador se abalanzó sobre el adolescente y logró reducirlo. Para entonces, un chico de 13 años ya estaba muerto y varios más, heridos.
¿Está Mendoza preparada para una situación así? La pregunta dejó de ser lejana. Ya el año pasado, en una escuela de La Paz, una alumna sorprendió a compañeros y docentes con disparos, aunque sin provocar heridos. Y la Dirección General de Escuelas (DGE) trabaja en la actualización del protocolo para abordar, entre otras situaciones, casos de violencia extrema con armas de fuego, como el que sacudió a Santa Fe.
El nuevo esquema está a cargo de la Dirección de Acompañamiento Escolar, junto con las áreas de los distintos niveles y modalidades. Mientras tanto, sigue vigente el decreto 1.187, de 2018.
Esa normativa establece pautas de actuación para escenarios diversos -desde abuso, ciberacoso o maltrato hasta consumo de sustancias o presencia de armas-, pero no contempla de manera específica un tiroteo en curso. Tampoco prevé simulacros de actuación, como sí ocurre en otros países con serios antecedentes en este tipo de ataques como Estados Unidos.
Desde la DGE señalaron a Diario UNO que la publicada es la información que se encuentra a disposición, por el momento.
El paso a paso de la DGE ante una situación crítica
La guía de procedimiento actual ante la presencia de armas en la escuela hace foco en un abordaje que siempre debe realizarse desde la perspectiva de cuidado y protección, no solo de las posibles víctimas sino también del propio estudiante que porta el arma y que, de por sí, se encuentra en una situación de vulnerabilidad y riesgo.
Cuando la normativa hace referencia a un “arma”, lo hace en general, refiriéndose a cualquier tipo de objeto que pueda dañar a otro, sea de fuego, mediante disparos, sea un arma blanca, como un cuchillo, o un elemento contundente.
La DGE establece, en esta norma, “aspectos a tener en cuenta” tanto para cuando se identifica al portador del arma como para cuando no. Pero el procedimiento no refiere puntualmente a la situación concreta de un tirador activo y resalta como primera acción la de intentar persuadir al alumno para que entregue el arma. Si lo hace, entonces se debe llamar a la policía para que se la lleven. Si no lo hace, la tarea de la policía será, ante todo, retirársela.
En todos los casos, la escuela tiene la obligación de transmitir “calma” y una vez que esté controlada la situación, realizar un abordaje institucional, con profesionales.
¿Y si el portador de un arma apunta, dispara y mata?
El protocolo ante situaciones emergentes establece pasos a seguir a ejecutarse de manera inmediata y simultánea ante casos concretos como el acoso escolar, violencia de género, autolesiones o diferentes episodios de violencia entre alumnos; aunque particularmente no marca una guía “paso a paso” para actuar en caso de un tirador activo.
Sin embargo, teniendo en cuenta los aspectos generales que marca la DGE en el documento para otros casos, los docentes deben tender, como primera medida, a contener a los alumnos para evitar que la situación de violencia continúe.
En este caso, además de pedir al agresor que entregue el arma, el resto de los estudiantes deben ser alejados del foco del problema y resguardados en un lugar seguro.
Como segunda medida, la institución debe llamar al 911 y al servicio de emergencias; y, en caso de que hubiese heridos, brindar primeros auxilios a las víctimas.
El documento sí establece textualmente que la Policía no puede trasladar al alumno agresor. En todo caso, debe permanecer en la escuela acompañado de una autoridad escolar hasta que sean convocados sus padres.
Una vez salvada la crisis, comienza la etapa de abordaje, seguimiento de la trayectoria escolar del agresor y los agredidos –si los hubiere- y el apoyo emocional a la comunidad educativa.
La guía general también hace referencia al manejo de la situación con los medios de comunicación. La DGE recomienda a la escuela nombrar un vocero y elaborar un comunicado; siempre evitando detalles innecesarios que puedan revictimizar a los alumnos o vulnerar su identidad.
El protocolo de la “DGE de CABA”
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene en vigencia un protocolo de actuación ante la presencia de armas en la escuela apenas un poco más específico que el de Mendoza, pero sí remarca que el equipo directivo debe evitar situaciones de alerta y pánico y que no se debe intervenir físicamente ni requisar a la persona involucrada, ni intentar quitarle el arma.
“Separar preventivamente a la persona presuntamente portadora del arma, si la situación lo permite, sin ejercer violencia ni exponerla públicamente y en un marco de cuidado”; y llamar inmediatamente al 911.
“Solo las fuerzas de seguridad están autorizadas a manipular y retirar armas de fuego”, resalta el documento.
Entre las pautas básicas, recomienda:
- Considerar toda arma de fuego como si estuviera cargada.
- Intentar, de manera tranquila y sin confrontación, que la persona involucrada dirija el arma hacia una superficie segura (por ejemplo, un mueble preferentemente de madera, el piso o una mochila con libros), de modo de evitar su caída y que apunte hacia otras personas.
- Sugerir que retire el dedo del gatillo.
Las escuelas de Estados Unidos, preparadas para sobrevivir durante un tiroteo escolar
La masacre de Columbine fue un antes y un después para Estados Unidos que, desde entonces, desarrolló protocolos específicos para tiroteos escolares.
El 20 de abril de 1999 en la Columbine High School, en Littleton, Colorado, dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Klebold, asesinaron a 12 compañeros y a un profesor, e hirieron a 24 personas antes de suicidarse.
El suceso marcó un punto de inflexión en la historia de la violencia escolar en un país que solo en 2024 llegó a tener 83 tiroteos entre escuelas y universidades.
Además de contar con instituciones que parecen búnkers, todos los años se realizan simulacros obligatorios en las escuelas y sus protocolos se basan en tres ejes:
- El lockdown o encierro: cerrar aulas, trabar puertas, apagar luces.
- La evacuación solo si es segura
- Y el ocultamiento o la defensa extrema en último caso.
Incluso la Policía tiene planos de los colegios para saber por dónde ingresar ante una situación de violencia extrema como un tiroteo escolar.






