Se llama Armando Beningazza, tiene "90 años “ y casi 80 dándole alegría a los niños. Vive en San Martín y su pasión son los niños, para quienes fabricó juguetes de madera desde la adolescencia "hace 80 años", dice, y en forma exclusiva hace casi 30, cuando desde la ventana del Hospital Italiano, convaleciente de cuatro bypass, vio a los niños que celebraban su día en el espacio verde lindero al Acceso Este y eso lo llenó de ganas de vivir. Sin embargo un problema mecánico no le va a permitir estar este domingo en su lugar habitual, frente al museo Cornelio Moyano, en el parque General San Martín, ofreciendo sus coloridas creaciones a los pequeños.
Día del Niño: a los 90 años sigue vendiendo sus juguetes

El querido Armando Beningazza, con algunas de sus creaciones.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOArmando dedicó casi toda su vida a vender juguetes, es un artesano juguetero, que ha sido propuesto por el senador provincial Fernando Alín, de su tierra, para ser reconocida su labor como de interés parlamentario, proponiendo el 18 de diciembre como el "Día del Juguete Artesanal". Ya obtuvo esta semana la media sanción en la cámara alta.
Pero no sólo juguetes ofrece este creativo esteño, famoso y muy querido en San Martín, sino que tiene muchas cosas para transmitirle a esos que tanto ama, los niños. No le faltan consejos ni cariños, pero además, fuera de su puesto de venta o de su taller de carpintería, supo también acercarlos al deporte, y hasta crear instituciones ahí donde no las había, para enseñar el deporte que ama: el hockey sobre patines, tanto en el Atlético Club San Martín, como en Casa de Italia, enseñándoles el ABC del deporte, donde luego se lucirían dos de sus tres hijos, y con uno de ellos, Gabriel, que hizo una exitosa carrera, llegando a jugar en Europa. Como DT, Armando fue uno de los maestros de nada menos que del encumbrado Pablo Cairo.
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"Me encanta tratar con los niños. Verles la cara de felicidad cuando tocan los juguetes, no tiene precio", dijo este maestro artesano de la madera, que agregó: "Mis juguetes andan por el mundo, por así decirlo. En el Parque vienen muchos turistas extranjeros a mi puestito a comprarme juguetes, y los que más llaman la atención son los avioncitos. También gustan mucho las réplicas de autos, donde tengo autos modernos y los viejos coches del TC, como el de los Gálvez o el de Fangio", dijo Armando.
"Es una alegría muy grande que Fernando (Alín) me haya propuesto para el reconocimiento en la Legislatura, yo soy un humilde trabajador, en mi vida la idea fue siempre ganarme la vida trabajando, como me enseñaron mis padres, algo que las nuevas generaciones deben aprender y respetar, porque se ha perdido la cultura del trabajo", dijo orgulloso el artesano y pionero del hockey.
Una vida de rendirle culto al trabajo
La historia de su vida es muy particular: "Yo fui a la escuela hasta los ocho años. Un día fui y le dije a mi papá que no quería estudiar más, que no me gustaba, y él me dijo que entonces tenía que ir a trabajar, de vago no me iba a quedar, así que me llevó a la carpintería de él, y ahí comencé barriendo al principio, y luego aprendiendo el oficio", recordó el nonagenario sanmartiniano.
"A los 12 quise cambiar de rubro y aprender otra cosa, y me fui a trabajar al taller de mi tío. Un día mi tío me preguntó qué me gustaría aprender y yo elegí tornería. Así que a los 16 años ya era oficial tornero", recuerda Armando, papá de tres hijos: el mayor, bancario; el del medio médico y jugador de hockey; y el menor, carpintero, heredando el taller de su abuelo.
"Cuando volví del servicio militar, empecé a trabajar de nuevo en la carpintería de mi papá, y ahí me empezó a gustar el tema de los juguetes, lo que me acompaña hasta ahora, a los que fabrico en mi casa", confesó Beningazza, toda una leyenda en San Martín y en el Este.
Para concluir, Armando dijo con tristeza: "Es una pena que después de tanto años no pueda ir al Parque a vender los juguetes para el domingo, que es el Día del Niño, ya que el domingo pasado (8), volviendo de Mendoza a mi casa se me rompió el auto, se fundió, y no tengo en qué ir a hacer lo que más me gusta: estar en contacto con los niños", concluyó Beningazza.